lunes, 15 de julio de 2013

ANTONIO SAURA





Guardan mis ojos luz de mar y la montaña,
de puertos, de cafés,
de rostros y de viajes.

Y mis manos memoria de otras manos
con que intenté el amor,
y tinta de los versos que quisieron dar nombre
a lo arcano y lo diáfano.

No escribo con dolor,
tan solo con cansancio,
y acaso
un poso de tristeza por lo que nunca fue,
mas sé que nada es nunca,
tan solo hay tentativa
y falta un sueño que soñar.

Falta tan solo un poema
breve como un suspiro
para lacrar mi voz;

una oración.







Crucifixión en negro y rojo





                                        Preciso, seguro azar.
                                              Pedro Salinas


Fue en vísperas del Carmen
cuando zarpaste
con tu adiós engarzado en acaso:
que un secreto designio de nuestras travesías
las citara
tras el último hito de pura lejanía
ahí donde las bitácoras
ebrias de vastedad
danzan sin norte el rito de las olas

Hoy tierra adentro,
julio
es calima asediando tu recuerdo
yo,
deseo
pugna por engendrar
la mar
donde el azar preciso despliegue su baraja
sus arcanos el norte

de mi proa hacia tu estela








LITOGRAFIA DE ANTONIO SAURA LA GOURMANDISE GULA 1994 (Arte - Litografías)
LA GOURMANDISE, GULA, 1994
Retrato de Felipe II 







Antonio Saura


Sean mis venas el cauce de los días
sangre lenta, enemiga,
lastrada con arena
hiendan los días en mis venas su senda

Sea tu ausencia aguijón de cada instante
sea mi dolor la cera que alimente
la llama de tu faz, mi póstrer
horizonte
abdique ante él mi ruta
mi palabra








Antonio  Saura










ELISEO DIEGO





TESTAMENTO


Habiendo llegado al tiempo en que
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;

habiendo llegado a este tiempo;

y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas;

habiendo llegado a este tiempo;

y perdida ya toda esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el manar sereno de la sombra;

y no poseyendo más que este tiempo;

no poseyendo más, en fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme;

no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo;

decido hacer mi testamento.

Es este:
les dejo

el tiempo, todo el tiempo.



COMIENZA UN LUNES


La eternidad por fin comienza un lunes
y el día siguiente apenas tiene nombre
y el otro es el oscuro, el abolido.

Y en él se apagan todos los murmullos
y aquel rostro que amábamos se esfuma
y en vano es ya la espera, nadie viene.
La eternidad ignora las costumbres,

le da lo mismo rojo que azul tierno,
se inclina al gris, al humo, a la ceniza.
Nombre y fecha tú grabas en un mármol,
los roza displicente con el hombro,
ni un montoncillo de amargura deja.
Y sin embargo, ves, me aferro al lunes
y al día siguiente doy el nombre tuyo
y con la punta del cigarro escribo
en plena oscuridad: aquí he vivido.



Eliseo Diego fue de oficio, poeta, como decía él: «un pobre diablo a
quien no le queda más remedio que escribir en renglones cortos que se
llaman versos. Y lo hago no por vanidad o por el deseo de brillar, o qué
sé yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir
estas cosas que se llaman poemas.»
Eliseo Diego también fue Premio Nacional de Literatura de Cuba y Pre
mio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

NATHANIEL TARN




La rosa del Ajusco


Traída en su infancia
Por una niña con buenas intenciones
Ante nuestra hambre der flores
Nos llegó como un retoño
Grande y perfecto
Más grande que el tamaño
Usual de las rosas
Llegó como un signo
Bajado de las montañas
Como si el cielo
Hubiera dividido su sangre con nosotros
Y nos dejara esta suma de vida
La vida entera por una mera semana.
Y mientras viajábamos
A las iglesias doradas
Y a los templos de plata
La rosa prosiguió con su vida
En un vaso junto a la cama
Y no es tanto que floreciera
Se marchitara e incluso se muriera
al final, sino que compartía el amor
con nosotros. Creció
rodeando las casa
tragándose los muebles
libros   cuadros   cartas
todos los recados y llamadas
recuerdos que recibimos
de amigos vivos y moribundos.

Era de un guinda oscurísimo
Convertido en morado
Y finalmente
En un negro abismal.
Nunca había visto a una rosa
No morir como ésta
Hasta que al final hubo que llevarla
Debajo del patio y enterrarla
En la intemperie.
A mitad de su vida
Resplandeció y dejó de hacerlo
En varios pétalos que variablemente
Abrían honduras
Que ninguna flor ordinaria
Había sondeado nunca.
Casi puso fin
al lenguaje
no podríamos hablar de ella
sino maravillarnos ante
sus sonidos dentro de nosotros.
La rosa de hecho
Fue regalo de una niña
Con buenos sentimientos
Difíciles de expresar
Entre tanto parloteo a nuestro alrededor,
Su silencio hablaba
Más fuerte y de modo más perdurable
De enormes volcanes
Que vimos sólo una vez
En nuestra última noche
Cuando se despejó la niebla una vez
Por encima del Ajusco
Y estábamos a punto de irnos
Y volar a casa la mañana siguiente

                                                         Trad. Tedi López Mills


Nathaniel Tarn(1928, París), poeta, ensayista, antropólogo y
Traductor Norteamericano. Vivió en Francia y Bélgica. Poesía:
Palenque: Selected Poems 1972-1984, 1986. Seeing America
First, 1989. The Mothers of Matagalpa. London, 1989. Drafts
For: The Army Flying the Body, 1993 The Architextures: 1988
-1994. 2000. Selected Poems: 1950-2000. 2002. Ins and Outs
of the Forest Rivers. 2008.