viernes, 12 de julio de 2013

JOHN STEINBECK





John Steinbeck, el tabaquismo, París, 1961 © Gisèle Freund






LA SUERTE


En la palma de mi mano izquierda, justamente debajo del meñique, tengo una mancha negra. Y en el pie izquierdo, en un lugar similar, tengo otra muy parecida. Una vez, un chino, al ver la mancha de mi mano, se puso muy entusiasmado y cuando le hablé de la de mi pie se interesó vivamente. Me explicó que en la quiromancia china se consideraba la mancha de la mano signo de mucha suerte y que la de mi pie la duplicaba. Estas manchas son sólo pigmentaciones oscuras con las que nací; de hecho, son lo que se llaman marcas de nacimiento. Pero la razón por la que las menciono es ésta: en el transcurso de un año y medio se han vuelto más oscuras; y si debo creer en la suerte de mis manchas, esto debe significar que mi suerte mejora. y claro, tengo a Eliane [su esposa], así que me pre­gunto qué mejor suerte podía haber tenido. Pero estas manchas continúan ennegreciéndose y quizá esto quiera decir qué escribiré un, libro; también eso sería sumamente afortunado.





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LA INSPIRACIÓN

He oído, a través de un par de atractivas parras, que tienes problemas al escribir. ¡Dios mío! Conozco este sentimiento muy bien. Creo que jamás volverá, pero lo hace una mañana y aquí está de nuevo.

Hace cosa de un año Bob Anderson [el dramaturgo] me pidió ayuda para resolver el mismo problema. Le recomendé que escribiese poesía no para venderla ni mostrarla, sino poesía para tirar. La poesía es la matemática de la literatura y muy afín a la música. Y además es la mejor terapia porque a veces los problemas salen tambaleándose.

Lo hizo durante seis meses y he recibido tres cartas muy alegres en las que me dice que funcionó. Solamente poesía; cualquier cosa y sin estar dirigida al lector. Es una privacidad de gran valor.



Solamente te propongo esto en caso de que tus problemas continúen y te hagan sentirte demasiado miserable. Puedes sa­lir de ese estado cualquier día. Las palabras luchan entre sí para salir. [De una carta a Robert Wal1sten, 19 de febrero de 1960.]











Por el mar de Cortés


                         Traducción de María Teresa Gispert. 2005.

Aquel viaje con su pequeño perro y en furgoneta por las carreteras americanas fue obra de madurez, pero el brillo de la inteligencia y de la prosa del Nobel de Literatura 1962 ya era indiscutible en 1940, cuando Steinbeck y un amigo biólogo fletan un sardinero, el Western Flyer, durante seis semanas para recoger muestras de fauna marina.

Sin sentir atracción por la aventura, sino conscientes de que te- nían que evitarla, con la cafetera hirviendo café sin pausa y un bote auxiliar maldito, el autor y la pequeña tripulación surcan el Golfo de California ignorando que Hitler ha invadido Dinamarca y Noruega, y la línea Maginot está perdida. En forma de diario pero volviendo la vista atrás, Steinbeck nos relata el viaje y el trabajo de recolección, afortunadamente enriqueciendo la narración con reflexiones de calado sobre la condi- ción humana y numerosas observaciones agudas. Por ejemplo: “un aventurero no siente ningún placer en cruzar el tráfico de la calle Market de San Francisco, y en cambio se toma grandes molestias para morir en los Mares del Sur”. Pensaría en Stevenson. Entre el rigor científico y una intuición poética a prueba de trampas, Steinbeck convierte su viaje en una excusa para filosofar. Sobre el vínculo, para empezar, entre el hombre y el barco, o, para seguir, entre el hombre y los demás animales: “la característica criminal de nuestra especie es tan regular y observable como nuestras costumbres sexuales”. O entre el hombre y los monstruos: “tenemos la esperanza de que (a Neptuno) no se le fotografíe nunca, pues si Neptuno resulta ser una gran foca deforme, mucha gente sentirá una aguda pérdida personal”. Vínculos entre el océano y los rincones oscuros de nuestra mente o las cristalinas estancias de lo cotidiano, donde comprobamos fácilmente que “una marsopa llora como un niño”.



Steinbeck reflexiona sobre la vida moderna, confesando su envidia por el periplo de Darwin en su Beagle: él tenía años para capturar sus animales y observarlos, y no semanas como la cuadrilla del Western Flyer. Reflexiona sobre moral también, y reniega con elegancia de los lectores “decentes”, que encontrarán vulgar el asunto de este libro. Al contrario, sabedor de que es el inepto el que “se protege con togas y plumajes”, Steinbeck buscó en este viaje comprender, descifrar la vida.










HENRY MILLER


Henry Miller, el dedo en la proa de cabeza, París, 1961 © Gisèle Freund


ENTREVISTA A HENRY MILLER

Esta entrevista tuvo lugar en Londres, septiembre de 1961 
y fue realizada por George Wickes.

                                          Traducción: Raúl Racedo


- Antes de todo: ¿Podrías explicar como te va con tu negocio de escritor? ¿Afilás el lápiz como Hemingway o cualquier cosa  comienza a hacer andar el motor?

H M – No, nada de eso. Generalmente comienzo a trabajar luego del desayuno. Me siento frente a la máquina. Si me encuentro incapacitado para  escribir, renuncio. Pero no hay nada pautado.

- ¿Hay cierto momento en el día,  ciertos días que trabajás mejor que otros?

H M – Ahora prefiero la mañana, pero solo por dos o tres horas. En el principio acostumbraba a trabajar  desde la medianoche hasta antes del amanecer, pero esto fue en el comienzo.
Aun antes de marchar a París, me di cuenta  que era mucho mejor trabajar en la mañana.  Pero entonces acostumbraba a trabajar muchas horas. Ahora trabajo en la mañana. Tomo una corta siesta después del almuerzo, me levanto y vuelvo a escribir.
Creo que no es necesario trabajar tanto. De hecho, es malo. Vaciás el reservorio.

- ¿Podrías decir que escribís rápidamente? Perlés dice   en “ My Friend Henry Miller”que  eras el tipeador más rápido que conoció.

H M – Mucha gente dice eso .Hago un gran ruido cuando escribo. Supongo que escribo rápidamente por un rato, pero cuando me confundo puedo gastar una hora en solo una página. Pero esto es raro porque cuando me doy cuenta que estoy  atascado, atravieso de un salto la dificultad y continúo. Regreso otro día, cuando estoy refrescado.

- ¿Cuánto tiempo dirías que tomaste para escribir uno de tus recientes libros una vez que lo comenzaste?

H M – No puedo responder. No puedo predecir cuanto tiempo me llevará escribir un libro: sobre todo ahora, cuando debo salir para hacer algo. Por eso no puedo decirlo. Hay algo falso en eso de  tomar los datos tirados por el autor cuando él dice que comenzó y termino en tal periodo de tiempo un libro.
Eso no significa que él estuvo escribiendo el libro durante éste tiempo.  Tomado Sexus y tomada  la totalidad de Rosy Crucifixion. Pienso que comencé en 1940. Y todavía estoy en ello.  Bueno, me parece absurdo decir que estuve trabajando en eso todo el tiempo. Por  años, pensé demasiadas veces en esto. Así que ¿cómo puedo hablarte acerca de eso?

- Sé que rescribiste Tropic of Cancer varias veces, y éste trabajo probablemente te dio más problemas que cualquier otro pero, por supuesto, era el principio. Entonces, también estaba preguntándome, escribir ¿ahora se volvió bastante  fácil para vos?

H M –Creo que esa pregunta no tiene sentido ¿cuál es la importancia de cuanto tiempo lleva escribir un libro?  Si le hubieras hecho esta pregunta a Simenon, te habría dicho  algo preciso. Creo que a él le lleva de cuatro a siete semanas. Él sabe contarlas.  Usualmente sus libros tienen cierta longitud .
- ¿Editas inmediatamente  o haces  muchos cambios?

H M – Esto también varía en gran manera. Mientras trabajo, nunca  reviso ni corrijo. Podría decirse que  escribo algo, lo dejo descansar por un tiempo – tal vez un mes o dos – y después vuelvo a mirarlo con otros ojos. Entonces es cuando le doy  un tiempo especial a  ése escrito. Una vez leído, vuelvo a trabajarlo pero esta vez con el hacha. Pero no siempre es así.

- ¿Cómo hacés para revisarlo?

H M – Cuando lo reviso uso una lapicera para hacer los cambios. Generalmente tacho pero también inserto cosas. El manuscrito se ve maravilloso después de todo eso, como uno de Balzac. Entonces rescribo y en el proceso de rescribirlo  hago más cambios. Prefiero rescribirlo a todo yo mismo, porque mientras pienso puedo ir haciendo todos los cambios que quiera. El solo acto mecánico de tocar la tecla de la máquina de escribir afila mis pensamientos y me encuentro a mí mismo revisando mientras doy por finalizada la cosa.

- ¿Querés decir que algo va ocurriendo entre vos y la máquina?

H M – Sí. De alguna manera la máquina actúa como estimulante; es una cosa cooperativa.




- En el libro “In My Life”, decís que la mayoría de pintores y escritores trabajan  en una posición escasamente confortable ¿Pensás  que esto ayuda?

H M – Sí. Creo que de algún modo  la ultima cosa en la que piensa un escritor  o cualquier artista cuando se encuentra trabajando es en la confortabilidad.
Quizá la incomodidad  sea una porción de ayuda, un estímulo. Los hombres que pueden permitirse trabajar bajo mejores condiciones a menudo escogen trabajar bajo condiciones miserables.

- ¿Esa incomodidad no puede ser algunas veces psicológicas? Tomemos el caso de Dostoievski.

H M – Bueno, no sé. Reconozco que Dostoievski siempre estaba en un estado miserable, pero no podés decir que elegía la incomodidad. No. Dudo seriamente de eso.
No pienso que  alguien elija esas cosas. A menos que sea inconsciente. Pienso que muchos escritores tienen lo que vos podés llamar una naturaleza demoníaca. Siempre están en problemas. Y no solo porque están escribiendo o escriben, pero esto es así en todos los aspectos de su vida: matrimonio, amor, negocios, dinero. Todo. Todas las cosas van atadas juntas. Todo forma parte del mismo paquete. La personalidad creativa es un aspecto. No toda la personalidad creativa se encuentra en tal situación, pero alguna parte sí lo está.

- En uno de tus libros hablás de ser casi poseído, de tener una especie de canal abierto en vos ¿ cómo es este proceso de trabajo?

H M – Bueno, esto pasa únicamente en raras ocasiones. Alguien se apodera de vos y vos copiás lo que ése ser  te dice.
Esto ocurrió con mayor intensidad con el trabajo sobre D H Lawrence – un trabajo que nunca finalicé  porque estaba pensando en muchas cosas.
Mirá, pienso que es malo pensar. Un escritor no debería pensar tanto. Pero éste es un trabajo que requiere pensar. No me siento muy bien cuando pienso. Trabajo en lugares muy profundos y cuando escribo, bueno exactamente no sé  qué va a pasar.
Sé qué quiero escribir, pero no le doy mucha importancia a cómo decirlo. Pero en éste libro peleaba con algunas ideas. Algunas tenían forma y significado; otras eran cualquier cosa. Estuve en esto alrededor de dos años. Estaba saturado. También obsesionado pero no podía soltarlo. NI siquiera podía dormir. Bueno – como te digo –la posesión fue mucho más fuerte en éste libro. Pero de igual modo ocurrió con  Capricorn. Y con partes de otros libros. Pienso que el pasaje se destaca. No sé si otros se dan cuenta.

- ¿Es  ése el pasaje al que llamás cadencia?

H M – Sí, he usado esa expresión. El pasaje al cual me refiero es tumultuoso: las palabras caen una  sobre la otra. Puedo seguir en forma indefinida. Por supuesto, pienso que es una de las formas en la que uno puede escribir todo el tiempo. Aquí es donde podés ver toda la diferencia – la gran diferencia – entre el pensamiento del Este y del Oeste, así como  comportamiento y disciplina.
Si un artista Zen va haciendo algo, él ha tenido una larga preparación en  disciplina y meditación. Un pensamiento profundamente tranquilo que se transforma en no-pensamiento; silencio, vacío y algo más-él puede estar así  por meses o por años.
Entonces, cuando él comienza su trabajo, lo hace como un rayo, porque es lo que quiere, porque de ése modo es perfecto.
Bueno, pienso que éste es el camino que todo el arte debería recorrer. Pero ¿quién lo hace? Lidiamos con vidas que son contrarias a nuestra profesión.

- ¿El espadachín del Zen es  un condicionante  particular   que el escritor debe atravesar?

H M - Desde luego pero ¿quien lo hace? Aunque el escritor lo atraviese o no, todo artista se disciplina a sí mismo y se condiciona de una manera u otra. Cada hombre tiene su propio camino. Después de todo, muchos escritos son realizados lejos de la máquina de escribir,  así como del escritorio. Yo digo que esto ocurre en la tranquilidad, en momentos silenciosos, mientras estás caminando o afeitándote o jugando un juego o lo que sea.
También cuando estás hablando con alguien sobre cosas que no estas vitalmente interesado. Si estás trabajando, tu mente  está trabajando, con éste problema en la parte posterior de tu cabeza.
Entonces, cuando tomás tu maquina de escribir, es solo una mera  materia relacionada con la transferencia.

- Recién dijiste que algo dentro tuyo  quiere asumir el control.

H M – Por supuesto. Esucháme ¿quienes escriben  los grandes libros?  No somos nosotros quienes firmamos ¿Qué es un artista? Es un hombre que tiene una antena, quien conoce cómo enganchar las corrientes que  están  en la atmósfera, en el cosmos.
Él simplemente  tuvo la facilidad de engancharlos tal como eran. ¿Qué es lo original?
Todo lo que hacemos, todo lo que pensamos, existe inmediatamente, y solo somos intermediarios, esto es todo; hacemos uso de lo que está en el aire. ¿Porqué hay ideas?
Porqué hay  grandes científicos  descubriendo lo que ocurre en distintas partes del mundo al mismo tiempo?
Lo mismo es la verdad de los elementos que van a realizar un poema una gran novela o una gran obra de arte. Ellos están ya en el aire, no les han sido dadas voces, eso es todo. Necesitan al hombre, al intérprete que los traiga al frente. Bueno, esto también es verdad, por supuesto, que algunos hombres se encuentran  adelantados a su tiempo.
Pero al día de hoy yo no creo que los artistas sean quienes están mucho más adelantados en el tiempo que los hombres de ciencia. Los artistas se aíslan, su imaginación  no se mantiene ni  a un paso de  la de los hombres de ciencia.





- ¿Cómo anotás el hecho de que ciertos hombres son creativos? Angus Wilson dice que los artistas escriben debido a un cierto tipo de trauma y que usan su arte como terapia para superar la neurosis.
Aldous Uxley -por otro lado -tranquilamente toma el punto de vista opuesto y dice que los escritores son fundamentalmente  sanos y que si ellos sufren alguna clase de neurosis esto les añadiría una desventaja como escritor.
¿ Tenés alguna opinión al respecto?

H M – Creo que varía con cada escritor. Pienso que no podés hacer este tipo de declaraciones tomando a los escritores como un todo. Después de todo es un hombre como lo otros hombres; puede que sea neurótico o puede que no.
Quiero decir que su neurosis, o lo que sea que ellos digan que lo produce, se encuentra “  rodeada por una conjunción planetaria: mapas topográficos de la región y monumentos y calles y cementerios. Por otro lado, existe una influencia fatal de algunos campos – de acuerdo con el tipo. Eventos Mayores. Ideas Dominantes. Modelos psicológicos. La escritura no es representativa de la personalidad del escritor.
Creo que hay cosas muchas más misteriosa que ésta y nunca traté de poner mi dedos en ellas. Me parece que el hombre es una antena. Si realmente sabe lo que ha sido, será muy humilde. Se reconocerá a sí mismo como un hombre que posee cierta facultad que le ha sido destinada para ponerla al servicio de otros.
No hay nada para estar orgulloso pues su nombre significa nada. Su ego tambien es nada. Él solo es un instrumento en una larga procesión.

¿ Cuándo te diste cuenta que tenías esta facultad?
¿ Al comenzar a escribir?

H M – Debe haber comenzado mientras me encontraba trabajando para la Western Union. Esto ocurrió exactamente cuando, a cualquier precio, escribí el primer libro.
Escribí otras cositas por ésa época. Pero la cosa real ocurrió después de renunciar a la Western Union en 1924. Cuando decidí que sería un escritor y  me dediqué a ello completamente.

- Esto significa que pasaron diez años antes de que apareciera publicado Tropic of Cancer.

H M – Sí, tanto como eso. Además de otras cosas escribí dos o tres novelas durante ése tiempo. Verdaderamente escribí dos antes de escribir “Tropic...”

- ¿Podrías decirme algo acerca de éste periodo?

H M – Dije bastante acerca de esto en The Rosy Crucifixión. También en Sexus, Plexus y Nexus; todas novelas de ése periodo. Pero debe haber mucho más de ello en la segunda mitad de Nexus. He dicho todo acerca de mis tribulaciones durante ése periodo – mi vida física, mis dificultades. Trabajé como un perro al mismo tiempo. ¿ Que más puedo decir? Estaba en una niebla. No sabía lo que hacía. No podía ver  lo que recibía.
Suponía que estaba trabajando en una novela, escribiendo la gran novela, pero de hecho no estaba yendo hacia ningún lado. A veces no escribía mas que tres o cuatro líneas al día. Mi esposa volvía tarde en la noche a casa y me preguntaba “ bueno ¿ cómo va eso?” (Nunca la dejé ver lo que había en la máquina. Yo le decía “ Oh, está yendo maravillosamente.” “Bueno¿ dónde estas ahora?”


De todas esas páginas que supuestamente había escrito, quizás escribiera tres o cuatro, pero yo hablaba como si hubieran sido cien o ciento cincuenta. Podía seguir hablando acerca de lo que hacía: de componer la novela como le decía a ella .Y ella podía escuchar y alentarme sabiendo malditamente bien que yo estaba mintiendo. Al día siguiente ella volvía y decía “Cuál es la parte que hablabas el otro día, ¿ cómo sigue eso? Y esto era una mentira, ya sabés, un invento entre los dos.

REINALDO ARENAS





SONETOS DESDE EL INFIERNO


Todo lo que pudo ser, aunque haya sido,
jamás ha sido como fue soñado.
El dios de la miseria se ha encargado
de darle a la realidad otro sentido.
Otro sentido, nunca presentido,
cubre hasta el deseo realizado;
de modo que el placer aun disfrutado
jamás podrá igualar al inventado.
Cuando tu sueño se haya realizado
(difícil, muy difícil cometido)
no habrá la sensación de haber triunfado,
más bien queda en el cerebro fatigado
la oscura intuición de haber vivido
bajo perenne estafa sometido.

                                (La Habana, 1972)



ULTIMA LUNA


Por qué esta sensación de ir a buscarte
hacia donde por mucho que vuele
no he de hallarte.
Qué terror sin tiempo ahora me impele
a por sobre tanto terror siempre evocarte.
No ha de encontrar sosiego nuestra pena
(que hallarlo sería comenzar otra condena)
y por lo mismo jamás cesaré de contemplarte.
Luna, una vez más aquí estoy detenido
en la encrucijada de múltiples espantos.
El pasado es todo lo perdido
y si del presente me levanto
es para ver que estoy herido
(y de muerte)
porque ya el futuro lo he vivido.
Ésa, indiscutiblemente, ésa es la suerte
que por venir del infierno arrostro.
Extraña amante,
sólo me queda contemplar tu rostro
(que es el mío)
porque tú y yo somos un río
que recorre un páramo incesante,
circular e infinito:
un solo grito.




TU Y YO ESTAMOS CONDENADOS


Tú y yo estamos condenados
por la ira de un señor que no da el rostro
para danzar sobre un paraje calcinado
o a escondernos en el culo de algún monstruo.
Tú y yo siempre prisioneros
de aquella maldición desconocida.
Sin vivr, luchando por la vida.
Sin cabeza, poniéndonos sombrero.
Vagabundos sin tiempo y sin espacio,
una noche incesante nos envuelve,
nos enreda los pies, nos entorpece.
Caminamos soñando un gran palacio
y el sol su imagen rota nos devuelve
transformada en prisión que nos guarece.


Con el tiempo, el poeta cubano Reinaldo Arenas (1943 - 1990)
se ha ido convirtiendo en un mito, tanto por su desaforada vida
y su pensamiento político, que de unirse muy joven a la Revolu
ción Cubana terminó en Miami agitando ideas contra Fidel, como
por el contenido de su obra literaria. Poesía y narrativa de Arenas
están cubiertos por un velo de tragedia y dolor, oscuros pensamien
tos con los que intenta entender a hombre como íntimos deseos de
disfrutar el estar vivo desde el fondo de su solitario corazón.




JUAN GELMAN




FINAL


La poesía no es un pájaro.
Y es.
No es un plumón al aire, mi camisa,
no, nada de eso. Y todo eso.
Sí.
He roto un violín contra el crepúsculo
para ver qué pasaba,
me fui a la piedra y pregunté qué pasa.
Pero no. Pero no.
Aún no.
¿Me olvidé acaso del pañuelo aquel
donde gira en silencio un vals antiguo?
No lo olvidé, miradme la mejilla
y os daréis cuenta, no, no lo olvidé.
¿Me olvidé del caballo de madera?
Tocadme el niño y me diréis que no.
¿Y entonces, qué?
La poesía es una manera de vivir.
Mira a la gente que hay a tu costado.
¿Ama? ¿Sufre? ¿Canta? ¿Llora?
Ayúdala a luchar por sus manos, sus ojos, su boca, por
el beso para besar y el beso para regalar, por su mesa, su
cama, su pan, su letra a y su letra h, por su pasado -¿acaso
no fueron niños?-por su porvenir-¿acaso no serán
niños?-por su presente, por el trozo de paz, de historia y
de dicha que le toca, por el pedazo de amor, grande, chico,
triste, alegre, que le toca, por todo lo que le toca y se le arrebata
en nombre de qué, de qué?
Tu vida entonces será un río innumerable que se llamará pedro,
juan ana, maría, pájaro, plumón, el aire,
mi camisa, violín, crepúsculo, piedra, pañuelo aquel, vals
antiguo, caballo de madera.
La poesía es esto.
Y luego, escríbelo.


JG poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1930.
Salió de Argentina en 1976 durante la dictadura militar
y vivió en el exilio en México, donde decidió fijar la
residencia  en forma definitiva.