miércoles, 19 de junio de 2013

EDUARDO MILÁN




Uno-Dos

                                       a Elías Uriarte


Uno

I

Qué violencia la luz
que precipita la palabra.
Y qué canto el canto
si sólo dice externo
del follaje
y no dice del dolido
su dolor.
                   Hoy estamos dolidos
-si se puede a principios del 2000
hablar por todos- y mañana,
¿estaremos dolidos?

Los maduros estamos dolidos
como caídos de las ramas a las manos
todavía invisibles,
ausentes -pon la palma,
diríamos, queremos decir,
a las palmas que no están.
(No es por lo que fui: es por lo que soy
viendo inmejorables
a mis ancestros.)


II

Es como si el poema
tuviera la misión
de cantar el dolor puro,
el sin-hombre, no-nombrado
por no saber aun cómo se llama
ese fuego que quisimos redentor.
El nombre más, el nombre-antes,
el profesión, el nombre activo,
conquistador de todos los parajes.
De repentese hizo silencio.
Como si el silencio
o la noche que lo hizo
trabajando anónima supiera
de la búsqueda del nombre.
Como si consintiera.
No puede venir al caso
ni al vacío
enumerar la posibilidad de nombres
porque se busca el nombre que no hay,
el dolor del nombre que no hay
pero que quiere llamarse.
La vida acostumbrados al dolor
y ahora resulta que no hay,
sucede que no hay
y no sabemos todavía darlo.


III

No es el deseo,
es la violencia de la luz
que precipita la palabra.
No es el deseo del nombre,
es la violencia.

¿Buscando un dolor puro
cuando el dolor, aquí, ahora,
está poblado de matices?
Desposeídos, humillados, postergados,
fueras de serie, sin tierra, sin-agua,
aborígenes, sin tierra, desplumados,
soltados a los dientes incisivos
del perro capital que vendrá
a incidir con sus dientes incisivos.
Esos: los que te miran con ojos sin comer.


IV

Yo no busco un dolor puro,
busco su nombre para delatarlo.
Nada de puro aquí,
nadie puro en mí
salvo la voluntad de delatar el dolor.
Eso es poeta, para los que vienen:
el que delata el dolor
que late en toda entraña oscura.
Eso es poeta, para los que vienen:
y luego canta la alegría
del derecho al aire de la tierra.


V

Los que no tienen nada,
aunque algo tengan, están seguros
de lo que en su falta espera.
Y nosotros, riquísimos en nada,
intentamos cantarles su canción.



Dos

Lo que por miedo no se dice
no es enigma ni futuro
que en él pueda convertirse:
es carga, es carga simple
y puro peso que el otro
pone en tus hombros para que masques,
para que mastiques ese pasto espeso
durante el tiempo que gustes:
0j0, no es enigma
ni pájaro futuro el miedo.


EM(Rivera, Uruguay, 1952). Algunas publicaciones: Poesía: Esta
ción Estaciones (1975), Esto es (1978), Nervadura (1985), Errar 
(1991), Nivel medio verdadero de las aguas que se besan (1994), 
Habrase visto (2004), Unas palabras sobre el tema (2005)Acción 
que en un momento creí gracia (2005), Índice al sistema del arrase 
(2007), Hechos polvo (2008). 

REYNALDO JIMÉNEZ



la incierta feli­ci­dad desprende un rumor de páti­nas para la llovizna
es la mañana siem­pre y la noche nunca se des­garró mien­tras crece
la luz vacía sin vac­ilar estira los bra­zos novia inconstante del hambre

se div­i­den las jor­nadas en un arremoli­narse las hojas se conciben
las pre­gun­tas del precipi­cio que suele apare­cer a eso de las doce
fatiga del viento con­tra los amplios entretelones con sus moscas

me quedo mosca con­tra el atra­pa­pe­les con­tra el rol agusanado
man­zana en la boca del divino cerdo corazón del banquete
pierdo con­fi­anza en el tiempo para enc­in­tar los labios de apagón

la soledad es un puente pulpo en todas direc­ciones gira el muy
soplón y atiende a cada una de las dudas que car­comen la pieza
de esta­lac­tita pura como el abismo mater­nal incluso tierno

con sus manse­dum­bres ove­jíadas me deja en la estocada
a un palmo de certeza a media dis­tan­cia de vida íntima supurada
dis­em­i­nación de bor­des de botel­las verdes azules transparentes

sobre todo los filos agu­dos de la trans­paren­cia antigua de embrujar
en la inacabable cola del cometa oroboro que rodea con espinas
el sagrado corazón de este zancudo



RJ(Lima, 1959). Vive en Bs As desde 1963. Publicó Tatuajes (1981),
Eléctrico y despojo (1984), Las miniaturas (1987), Por los pasillos
(ensayo, 1989), Ruido incidental/El té (1990), 600 puertas (1993),
La curva del eco (1998), Musgo (2002) y Sangrado (2007).
Fue incluido en Medusario. Muestra de poesía latinoamericana (1996).

Es editor de la revista y editorial Tsé-Tsé

SUSANA ARÉVALO

         
 


Háblame de Hyeronimus Bosch


Dijiste:
La perturbación choca con el misterio.
Los desiertos existen porque hubo seres desalmados.
La muerte te atraía como la luna a las mareas.
La esperabas con los labios apretados:
lo último es ser sentimental.
Me diste para andar a ciegas,
la imagen de la huida, el hambre.
Oh, tú no amas sino lo que es perpetuo.
El espejo en el que me convierto para mostrar
lo más recóndito de ti, lo que ignoro de ti, lo que subyace.
Me condenaste al Purgatorio.
Sólo estoy con ánimo para la locura.
Háblame de Hyeronimus Bosch.
Háblame de la extracción de la piedra de la locura.
Háblame de lo maravilloso que está uncido a lo siniestro.
Háblame, en el lavabo o en el ágora,
sobre la hierba o en el cieno.
Llámese brezo o zarza,
cierzo o tempestad, ardor o beatitud.
Pero háblame
siempre que pueda deleznarme
afiebrada como estoy
derrumbándome
Literatura.




Dédalo


todo ir es un retroceder, un ir
a parte alguna, un naufragar
un rodearse de cosas
que no son vos ni yo, que se deshacen.
Todo ir es un crisparse.
Toda experiencia es una fluctuación.
Un acudir a un conciliábulo de sombras.
Si vacilar es oscilar inevitable, inagotablemente.
De zarza en zarza
de madonna en madonna.
La iniciación es la carne
perfumes frotados sobre la piel.
Si tenebroso es tu perfil.
Si atribulado mi corazón.
De ópalo en ópalo
de vicio en vicio
de tatuaje en tatuaje
el exilio recorre cada palmo de vos.
Perlas de sudor ruedan por los labios
convertidos en lumbre, en espesor.
Los lobos aúllan
las campanas tocan a rebato.
Loor y beatitud




Bajorrelieves

                VIII

En la orgía
conoció al hombre vestido de
mujer.
Rehusaba creerlo.
Perfumó los lóbulos de sus orejas
las sienes
con esencia de rosas.
Parecía tan poco, tan poco
una pizca de somnolencia.
El espectro de una
punzada.
Una pizca de repulsión.
Con o sin brusquedad
hasta el miedo es
agonía. Un sabor
ligeramente ácido
en la boca.
Como afiebrada
sin saber adónde ir.


               X

Dormita en su bañera
de peltre
con patas de león.
Adora los retruécanos.
Digamos
que tiene algo de Hamlet.
Iba y va
de decepción en decepción.
Viene de lo informe
y va a lo informe.
Entre una alucinación
y otra.

Ese olor a hashish: es Aghone.
Ese olor a heliotropo: es Aghone.

Es un entrecruzarse de sueños
es una sensación física:
es Aghone.