domingo, 5 de mayo de 2013

ARTHUR RIMBAUD





LOS POETAS DE SIETE AÑOS

Y la Madre, cerrando el libro del deber
se marcha, satisfecha y orgullosa; no ha visto
en los ojos azules y en la frente abombada,
el alma de su hijo esclava de sus ascos.

Durante todo el día sudaba de obediencia;
muy listo; sin embargo, algunos gestos negros
pintaban en sus rasgos agrias hipocresías.
En el pasillo oscuro con cortinas mohosas,
le sacaba la lengua, al pasar, con los puños
metidos en las ingles, frunciendo el entrecejo.
Una puerta se abría en la noche: la lámpara
lo alumbraba en lo alto, gruñendo en la lomera,
bajo un golfo de luz colgado del tejado.
Sobre todo en verano, estúpido y vencido,
pertinaz, se encerraba en las frescas letrinas;
y allí pensaba, quieto, liberando su olfato.

Cuando el jardín, lavado del aroma del día
tras la casa, en invierno se inundaba de luna,
tumbado al pie de un muro, enterrado en la marga,
y apretando los ojos para tener visiones,
escuchaba sarnosos rumores de espaldares
¡Compasión! sólo amaba a esos niños canijos,
que avanzan, sin sombrero, con mirar desteñido,
hundiendo macilentos dedos, negros de barro,
en mugrientos harapos que huelen a cagada
y que hablan con dulzura igual que los cretinos.
Y, si su madre al verlo, presa de compasiones
inmundas , se asustaba, la ternura del niño,
honda, se abalanzaba contra aquella extrañeza.
¡Está bien! Pues tenía el ojo azul ––¡que miente!

A los siete, ya hacía novelas sobre el mundo
del gran desierto, donde la Libertad robada
luce: ¡sol, bosque, orillas, sabanas! Se ayudaba
con textos ilustrados en los que, ebrio, veía
Españolas que rien y también Italianas,
y de pronto llegaba, loca y vestida de india,
––ocho años––, ojos negros, la hija de los obreros
de al lado ––una bruta, que un día le saltó,
desde un rincón, encima, agitando sus trenzas...
y al verla encima de él, le mordía las nalgas,
pues no llevaba nunca falda con pantalón
––Y como ella le hiriese con puños y talones,
se llevó hasta su cuarto el sabor de su piel.

Temía los tristísimos domingos de diciembre,
cuando, bien repeinado y en mesa de caoba,
leía en una Biblia de cantos color berza;
los sueños le oprimían cada noche en la alcoba.
No amaba a Dios; sólo a los hombres negros con blusa,
que veía, de noche, por el hosco suburbio,
donde los pregoneros, tras un triple redoble
de tambor, reunían entorno a las proclamas
el gruñido y los gritos de aquella muchedumbre.
Soñaba con praderas en amor, en las que olas
luminosas, perfumes y pubescencias de oro
se agitan lentamente hasta emprender el vuelo.

Y al gozar, ante todo, con las cosas umbrías,
cuando en la habitación, con la persiana echada,
alta, azul, aunque llena de ásperas humedades,
leía su novela mil veces meditada,
cargada de ocres cielos y bosques sumergidos,
y de flores de carne que hacia el cielo se abrían,
¡vértigos y derrubios, fracaso y compasión!
––Mientras iba creciendo el rumor del suburbio
en la calle––, acostado, solo, sobre cretonas
crudas, y presintiendo la vela con furor.


Traducción al castellano:


ALEJANDRA PIZARNIK




EN ESTA NOCHE, EN ESTE MUNDO

                                                          a Martha Isabel Moia

en esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerte
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la resurrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe

no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible

sombras
recintos viscosos donde se oculta
la piedra de la locura
corredores negros
los he recorrido todos
¡oh quédate un poco más entre nosotros!

mi persona está herida
mi primera persona del singular

escribo como quien con un cuchillo alzado en la
  oscuridad
escribo como estoy diciendo
la sinceridad absoluta continuara siendo lo imposible
¡oh quédate un poco más entre nosotros!

los deterioros de las palabras
deshabitando el palacio del lenguaje
el conocimiento entre las piernas
¿qué hiciste del don del sexo?
oh mis muertos
me los comí me atraganté
no puedo más de no poder más

palabras embozadas
todo se desliza
hacia la negra licuefacción
y el perro de maldoror
en esta noche en este mundo
donde todo es posible
salvo
el poema

hablo
sabiendo que no se trata de eso
siempre no se trata de eso
oh ayúdame a escribir el poema más prescindible
                   el que no sirva ni para
                   ser inservible
ayúdame a escribir palabras
en esta noche en este mundo


                      de Textos de sombra y últimos poemas (1982)


AP(Avellaneda, 1936-Bs. As., 1972). Poeta y
traductora. Estudió Letras en la UBA y pintura
con Batlle Planas.

PIERO DE VICARI




         Sacsayhuamán
(fortaleza ceremonial inca)

de no haber sido roca ensamblada
en babélica destreza
habrías sido un ínfimo capullo
de trébol sosegado

tan ínfimo que harías parpadear
los astros y los bulbos cebollares
y las ancianas menopáusicas
y el centeno
con su rubor de cerco megalítico

aún así
entrarías en las entrañas de extramuro
mínimo capullo
como dios de risueña ceja
destetando miedos de basalto y níquel

y volarías
(leve, muy leve… ¡ casi un suspiro!)
por montes, cordilleras, mares transparentes
para terminar siendo una aguja
una fina e imperceptible aguja
en los juanetes
del mismísimo Pizarro

            de “TEXTURAS POSIBLES” (Botella al mar, 2010)



BALADA DEL CONFORMISTA

                            "Yo tampoco he elegido
                             pero no me quejo..."
                                                       Wislawa Szymborska


Es verdad,
mi mano derecha
jamás empuñó una espada
y arrasó
-con la voz tronando en su filo-
las aldeas de Smolenko.
De hecho, no he sido Napoleón.

Tampoco encendí los pentagramas de la historia
ya sordo, ya hidrofágico y maloliente
en una novena novedad de sinfonías.
Está claro, tampoco he sido Beethoven.

Jamás
mi espalda sostuvo una capa de terciopelos
cuyo extremo inferior rozara los pisos de un palacio
que la lengua de un paje
(desde otros tiempo)
se empeñó en limpiar.
Es obvio, no he sido Luis XIV, ni Eduardo VIII,
ni Carlos V, ni el zar Nicolás II,
ni siquiera esa inmensa cantidad de pajes
cuyas lenguas -hoy secas-
decoran las oscuras tumbas del servilismo.

Menos aún, he combinado colores
para plasmar con un pincel
el espanto de los ojos, de la muerte y la miseria
en las frías, sangrientas, apagadas calles de Guernica.
Como verán, no he sido Picasso,
empero -y a la realidad me remito-
bien pude ser uno de esos ojos,
una de esas muertes,
una de esas miserias,
que sólo son números
en el inventario monstruoso de los hombres.

En la larga lista del no ser
bien puedo decir que no he descubierto nuevos mundos,
ni mi pie fue el primero en pisar un satélite,
ni he muerto de un tiro en un teatro,
ni mi cuello colgó de una soga
luego de que una habitación se llenara de oro,
ni siquiera escribí un poema en los manicomios de Rouen,
St. Anne, Ville-Evrard y Chezal Benoit
(poemas que -por otra parte- el fuego se empeñó en deshacer).
Nunca dejé de llamarme por mi nombre
para ser el representante de Dios sobre la tierra.
Ustedes lo saben:
no he sido Colón, ni Amstrong, ni Lincoln,
ni Atahualpa, ni Artaud, ni esa larga chorrera de papas
retozando tras los muros de Castelgandolfo.

Es verdad, no he sido.
Para atestiguarlo,
firmo con mi nombre y apellido este poema.

                (de "Palabra Lázaro"/ Yaguarón Ediciones, 2002)


PDV(San Nicolás de los Arroyos, 1963) donde reside. Es Profesor 
de Historia y Empleado Judicial. Gestor cultural.
Desde 1994 es co-director del Sello Editorial sin fines de lucro 
Yaguarón Ediciones, con màs de 100 libros editados. Ha editado los 
poemarios: “POEMAS DEL CABALLO AZUL” (1989) “GATO DE 
PIEL LUNAR” (1996)  “VICIO DE MANOS” (1999)  “PALABRA 
LÁZARO” (2002) TEXTURAS POSIBLES” (2010)