domingo, 14 de abril de 2013

ALEJANDRA PIZARNIK





XXXV

Vida, mi vida, déjate caer, déjate
doler, mi vida. Déjate enlazar de
fuego, de silencio ingénuo,
de piedras verdes en la
casa de la noche, déjate caer y
doler, mi vida.

                          De Árbol de Diana


Tiempo
                     a Olga Orozco

Yo sé de la infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla.

Mi infancia y su perfume
A pájaro acariciado

                 
Azul

Mis manos crecían con música
detrás de las flores
pero ahora
por qué te busco, noche,
por qué duermo con tus muertos


AP(Avellaneda, 1936-Bs. As., 1972). Poeta y 
traductora. Estudió Letras en la UBA y pintura
con Batlle Planas.


ARTURO CARRERA





TICKET (frag.)


De todas las cosas que se mueven a nuestro
alrededor
sólo se inquietará el deseo:

Perdí la palabra en él.

Quiero decir que no debo cantar.
Que la poesía no puede hundirse más
en su más allá de música vanidosa...

Que debería pertenecer a otra religión
para poder ser de su propia religión.
De su propio ritmo. De sus propias imágenes.
De su propio estiramiento
en el vacío del sentido

de su propia libertad

Cada generación ahogó su vanidad
y sofocó su forma,
denigró la potencia de su belleza
e inventó su manera de distraernos
de la masacre de la lengua ¿creó?

Y en ella somos de la energía
el hilo y los hilillos
quemados en "puntos de periplo" por un niño
aterrado en su desdén

Sólo la vaguedad luminosa de la ilusión
y el agrado de pertenecer
como invención marmórea
están,
a cada destrucción,
los terrones de azúcar de Duchamp;
a cada desesperación,
la nube inmóvil de Rothko...
La calma fúnebre de Mallarmé
a cada vestigio de belleza
en la esperanza

Un enjambre de remordimientos

Un ímpetu enmascarado
en el "paseando" de un sueño;
su leve inmovilidad de azules gratos
y excesivos

y los dones nupciales subrepticios
de la celestina información: ¿cuándo escribimos?
¿Por qué estrofas como cestillas
de bodas?

Cada una, con sus picaduras de secreto.
y cada poeta envuelto
en su exuvia de necedad y pureza,
odio y vértigo; ocio y
necesidad


.........................................................................


Último Reino, Bs. As., 1986
La Sofía cartonera, Cba, 2012


CARINA SEDEVICH





Del verano de dios


1


El amor es redondo, tiene forma de aro:
por eso los novios se regalan anillos.
Y ponerse el anillo es penetrarse un poco.

Cuando a los 18 años me casé
la mañana de un viernes 25 de enero
embarazada de seis meses
yo llevaba un anillo y él también.

*

Eran anillos de oro.

Mi mamá fundió mi pulsera de bautismo
para hacerlos. Lloré toda la mañana
y fue eso.

Con la pulsera de oro fundió mi tiempo de nena.
Le puso una lápida a mi candidez,
me entregó. Para ella
ya no era su chiquita.

La pulsera de oro que me dio mi madrina
hecha agua de lava
lavó mi pecado.

*

Mi primer marido y padre de mi hijo
perdió su anillo de oro esa semana
en una pelea callejera.

Era un huérfano de apenas veinte años
muerto de miedo
que no sabía mentir.



2


El amor es redondo, tiene forma de útero.
Por eso los hombres nos regalan anillos.

El anillo se puede erigir en una prenda
del sexo por amor
y desamor.

La madrugada del martes 25 de enero
del verano de dios del año dos mil once
encontré un anillo igual al mío
en aquel puestito de artesanos.

Era enorme y le quedaba exacto
en el dedo anular de la siniestra
a mi segundo marido
y casi padre
de los dos hijos que perdimos.

En su mano de gringo
se veía bonito.

Le pregunté si lo usaría y asintió.

Lo mirábamos y estábamos seguros:
de ese año lo nuestro no pasaba.

Los sauces que caían sobre el río.
Los insectos. Los chicos que corrían.
¿Las estrellas? ¿El viento?
No lo sé. De todas formas
yo le tomé la mano
y lo besé.

Caminamos por la tierra
hasta la casa.


  
3


El amor es redondo, tiene forma de ojo.
Las mujeres nos ponemos anillos para vernos.
O para dejarnos ver por dentro.

Mi tercer marido suele apresurarse.
Me abrazó bajo los pinos de la casa vieja
en vísperas del pasado 25 de enero.

Dice creer en la inocencia de los signos
pero en verdad cree en los golpes secos.

Quiso tirar al río nuestro anillo.
Dice que no lo honro de verdad.
Que no creo en él ni en sus diamantes.

Pero el amor es redondo.

*

Ponerse un anillo es penetrarse un poco.
El anillo se puede erigir en una prenda
del sexo por amor
y desamor.
Las mujeres nos ponemos anillos para vernos.
O para dejarnos ver por dentro.

*

Crujían las agujas de los pinos.
El pasto crecía. Los gatos esperaban.
¿El sol caía? ¿El calor
insoportable?
No lo sé.

Es que el amor es un aro,
es un útero y un ojo.

                   De Incombustible, Alción Editora                                    


Carina Sedevich(Santa Fe). Poeta. Reside en Villa María.