viernes, 6 de diciembre de 2013

MARGARET ATWOOD





Amanecer en la casa quemada (FRAG.)


En el casa quemada estoy desayunando.
Entiéndame: no hay casa, no hay desayuno,
pero aquí estoy.

La cuchara que se fundió raspa contra
el tazón que también se fundió.  

No hay nadie más por aquí.

¿Adónde se fueron, hermano y hermana,
madre y padre? Por la playa,
quizá. Su ropa cuelga de los ganchos,
sus platos apilados junto al fregadero,
que está junto a la estufa de leña
con su parrilla y una olla tiznada,
cada detalle claro,
el jarrito de peltre y el espejo con ondas.

El día está luminoso y sin cantos,
el lago está azul, el bosque vigilante.

Al este un banco de nubes
se levanta silencioso como pan oscuro.   


                                    Trad. Claudia Lucotti