miércoles, 11 de diciembre de 2013

HEINRICH MANN





EL ÁNGEL AZUL


PROLOGO


La novela El profesor Unrat de Heinrich Mann trasciende las fronteras de la cultura alemana y el momento específico en que transcurre la historia. La representación cinematográfica de la obra, bajo el títuloEl ángel azul con el que se conocería posteriormente, no hizo sino poner de relieve el drama de un hombre maduro que se ve de pronto perdidamente enamorado de una muchacha que, además de pertenecer a una condición social inferior a la suya, se dedica a actividades que son duramente censuradas por la sociedad de la época. Heinrich Mann consigue penetrar en lo más profundo de la sicología de los personajes. 

Así, cuando constatamos que el profesor Unrat — apodado "Basura" por sus alumnos a causa de su descuidada figura y de un ácido juego de palabras provocado por la semejanza fonética entre su apellido y el mote con el cual lo designan— vive obsesionado con la idea de sorprender en falta a sus alumnos, advertimos la sorda lucha interior del protagonista que se devana los sesos pensando en la destrucción de sus alumnos más contumaces. 

Se trata de un maestro rígido que se siente constantemente amenazado por las burlas de sus alumnos. Basta un gesto inusual de un estudiante durante la hora de recreo, un rumor inesperado en la sala de clases, un silencio sospechoso en el aula, para que de inmediato Unrat se ponga a la defensiva. No es extraño entonces que el protagonista interprete la natural desidia de los adolescentes ante los deberes escolares como verdaderos ataques en su contra y decida sancionarlos, planteándoles exigencias académicas que van más allá de sus posibilidades. Su paranoia no le da respiro. 

Pasa sus días y sus noches atenaceado por ese insistente
diálogo interior que le hace revivir cada mal rato de la jornada y que lo lleva a pensar en los castigos que va a infligir a los más insubordinados de su clase: a Von Ertzum, por su aire campechano tan distante de las letras griegas y por su exasperante lentitud para comprender; a Kieselack, por su arrogancia y espíritu de rebeldía; a Lohmann, por su displicencia. Unrat francamente detesta al curso entero por ese sentido filial y secreto con que el grupo se resiste a sus métodos pedagógicos, pero como todo tirano, al mismo tiempo les teme. Cierto día, tras encerrar en el calabozo —nombre que se le da a un pequeño cuarto que sirve de guardarropa— a los más díscolos de la clase y mientras pasea por la sala con el sabor de haber dominado la rebelión juvenil, su atención recae en el cuaderno de uno de los castigados. AJ hojearlo con disimulo se encuentra con unos encendidos versos de amor dirigidos a una tal Rosa Fröhlich. 

A partir de ese momento la condición obsesiva del protagonista queda en evidencia una vez más. No tendrá paz ni un solo instante. Ya en su hogar, recuerda persistentemente los versos y el nombre de la artista que incita a los muchachos a una conducta pecaminosa; sin poder dormir se echa sobre los hombros su viejo y raído gabán, y sale a la noche lluviosa en busca de la bailarina; recorre las callejuelas desiertas que lo llevarán hasta los límites de la ciudad con ojos ansiosos, mientras en su rostro se dibuja una sonrisa venenosa, preludio de su venganza contra los alumnos. El encuentro del viejo maestro con la bailarina de los pies desnudos — que canta en el cabaret El Ángel Azul con expresión maliciosa: "Como soy tan joven y tan inocente..." ante un público masculino enfervorizado por el alcohol— da inicio a una tormenta interior que ya no lo dejará en paz. 

A partir de ese momento visitará cada noche su camarín y se irá enredando con la muchacha en una relación ambigua que lo arrastrará hacia una vida bohemia y sin escrúpulos. La búsqueda del placer en sitios tan alejados del mundo académico nos recuerda otras obras de ta literatura alemana que dan cuenta de similar motivo literario. Desde luego la prodigiosa novela La muerte en Venecia, escrita por Thomas Mann, hermano de Heinrich. En ella el escritor e intelectual Gustavo von Aschenbach —quien "no había disfrutado nunca del ocio ni conoció la descuidada indolencia de ta juventud"— repentinamente siente el impulso de viajar a un lugar desconocido. Se imagina comarcas tropicales cenagosas, selvas, islas, pantanos, gigantescas palmeras que se alzan en medio de una vegetación lujuriosa. Comprende que está hastiado de su "robustez moral", de las duchas matutinas de agua fría, de esa férrea disciplina heredada de su padre que ahora no le sirve para nada; toma entonces la decisión de emprender un viaje a Venecia en busca de esa sensualidad que le permita recuperar el sentido más vital de la existencia. 

Un leitmotiv semejante encontramos en la creación filosófico— poética de Goethe,Fausto. El viejo sabio toma conciencia al final de sus días de que gran parte de su vida la ha dedicado a la lectura, el estudio y la investigación. Tras comprobar, con rabia y dolor, que no ha vivido los placeres de la vida, decide vender su alma al diablo a cambio de recuperar su juventud y así vivir plenamente una segunda existencia. Heinrich Mann, con una aguda percepción y un lenguaje preciso, desnuda el alma de quien, tras una insaciable sed de castigo, esconde a un ser feble y atemorizado, en una palabra, a un cobarde.