jueves, 5 de diciembre de 2013

CLARA VASCO





COSAS SE DICEN

Un lunar es un punto de apoyo para el pincel de la belleza./
La vida que vivimos cuando soñamos, ¿es otra, o es Otra?/
Uso bombachas de papel de arroz, par a ver si se me purifica el sexo./
Arrastro una cabellera impávida color de volcán./
Que la garganta, la piel, que la textura de una piedra, que me abrazo a todo lo que duele./
Vivir con la suavidad y la fuerza que le nacen a una mujer en una motocicleta./
Los desbocados estallan de felicidad sobre las faldas de la noche./
Una piedra es una promesa de amor eterno./
La muerte es irreversible. La vida es irreversible. Y son el reverso la una de la otra./
El viento me empuja y yo doblo silenciosamente la esquina./
Algo está rojo, algo es./
La verdad es que nadie me amó como ella. Nadie aguantó tanto dolor./



El naufragio de una mujer anfibio

Estoy juntando
los restos de un naufragio.
Llevo
la estola de dolor del hombre príncipe
el mar
y las cigarras.

La piel atada con cebo
se ahoga en mis pulmones
queman los restos del palacio de oro
y las anclas oxidadas
abren tajos en las manos

anzuelos azules que no cesan
cajones de remedios
cajones de palabras
cajones de muertos flotando en la laguna

yo, sirena de penumbras,
me perfumo con las gotas de los cuerpos
que hacen un gesto desde la orilla.

Allí están todos mis queridos:
yo me sumerjo
entre las piedras umbrías del amor
y la salvaje tormenta del silencio

A mi me dieron de mamar
palabras de sangre
una leche inconclusa de flor en el desierto

Allí vienen todos los cajones
y nos sentamos a tomar el té.

Yo tuve humildes
que pisaron la tierra con zapatos de hierro.
Los frascos de dulce casero
se apilan en los estantes con los libros
y las flores que pintó mi abuela
la tapada
que calmaba el bullir de su savia
bailando alrededor de la mesa
(cuando se quedaba sola
y prendía la radio
y podía latir
sus manos delicadas
con anillos y zafiros ya extraviados)

¿Qué lluvia
qué esperma
qué vientre lleno de semillas
quedó atrapado entre las algas?

Echo un puñado de lágrimas al mar
hago un surco en la tierra
adiós! - digo -
sigo mi camino

Entre el agua y el fuego
nada queda del naufragio.
El ave de la vigilia me cubre el cabello
que se vuelve polvo.