martes, 22 de octubre de 2013

ELVIRA ALEJANDRA QUINTERO




El goce


Ella habita el mundo que le dejó su padre.
Su padre recio y tierno,
cuando se levantaba en la niñez a jugar frente al espejo,
Haciendo muecas para que ella riera.

Parece que se hubiera detenido la vida.
Los días de la pasión en el bosque, con su amado, están tan lejos.
Tan lejana la gloria y la dicha, el deseo de correr en las calles desocupadas.

¿Hace cuánto sus labios no besan?
¿Hace cuánto no recorre la electricidad su cuerpo?
Y los pasos,
¿Hace cuánto la llevan nada más que a los sitios permitidos,
bajo toda la luz del día, en qué obediencia?


                                                                  De Los nombres de los días



Todos los días


Me levanto y no rezo.
Me repito que no volveré a lo mismo de ayer.
Reinicio el desordenado ritual de preparar 
cuerpo y ánimo para mostrar al mundo:
La prenda apropiada busco en el armario, 
la frase que taladra silenciosa mis oídos 
pronuncio en el silencio de mi boca.
No sale, se guarda, se recoge. Se unta 
maravillosamente
         de otros gritos que también quieren 
salir.
Todos los días me digo que no puede ser más 
esto.
Que no lo volveré, que no lo haré, que lo 
diré.
Y después de haber gozado en el sufrimiento 
de intentar aclarar
        mi pensamiento en la escritura, repito el 
desorden, la ambición,
        la locura, la codicia, y me digo que 
mañana será por fortuna otro día,
en que habrá tiempo para los buenos 
propósitos.

                                                         De Los nombres de los días