jueves, 17 de octubre de 2013

ALFREDO FRESSIA





ABEL


Juegan los dos niños. Hermano mío
tan exacto será el crimen, a ti
cabrán estas ciudades y los hijos,
y nos reiremos casi mareados
del carrousel. Dimos vuelta a los ríos
del Edén y vimos girar el globo
terrestre en el pupitre, un ecuador
obeso crujía sobre la esfera,
el calambre en la costilla de Adán.
Era como un vértigo, como un viaje
de regreso obediente rumbo al vientre.
Yo rumiaré con gratitud el pasto
de los nacidos para morir. Tú
trazarás con el compás ese círculo
donde otra vez me hundo. Hermano mío,
guardé el borrón de sangre prometida
en los lentos cuadernos de la infancia,
o eran pergaminos, piel mortal, versos.
Sólo quedó la bóveda del cráneo
y una estrella. Los misiles le apuntan.



"Yo les pido que se lea este poema que mando y que escribí estos días. Lo 
hice sin una intención explícita de compromiso con el pueblo palestino, y 
sólo al final me di cuenta que había hablado todo el tiempo de ese pueblo 
y de la agresión que sufre. Va con un abrazo a todas y todos,
Alfredo."