jueves, 31 de octubre de 2013

ABILIO ESTÉVEZ




Un sueño feliz


Pieza en dos actos


Abilio Estévez






PEDRO GRANADOS


http://culpinak.blogspot.com


Madreselvas para Martín Adán


Ahora que somos
sombra y paso,
mirada y desvío,
sermón y pecado.
Ahora que el mudo muda
por enésima vez de expresión
y hecha humo la impasible chimenea.
Ahora que quizá rubricarías
como hace ya algunos años:
Con viva gratitud
por el envío de
sus bellos poemas.
Y yo no soltara el mango
de esa sartén
aunque harto quemara;
y fuera de pronto,
siendo apenas un muchacho,
un adulto ya, ya un anciano.
Un muchacho solamente, Martín,
no un poeta. Un muchacho
de la ancha base, Martín,
de sobrio segundo
y de mamá por cocinera.
Ahora que me espera la muerte
tal como a mí. Tal como a ti
no
porque eres la enredadera.
La enredadera sobre la vid
y hasta lo alto del muro.
La enredadera sobre la más imponente higuera.
Tal como a ti no
porque eres la madreselva.


PG(Lima, Perú, 1955). Poeta. Algunos de sus poemarios más 
conocidos son "Sin motivo aparente", "El fuego que no es el
sol" y "Desde el más allá", y sus creaciones figuran en la anto
logía "Caudal de piedra: veinte poetas peruanos". Por otro lado,
ha publicado las novelas "Un chin de amor" y "En tiempo real". 




JAIME SABINES





Canonicemos a las putas…


Canonicemos a las putas. Santoral del sábado: Bety, Lola, Margot, vírgenes perpetúas, reconstruidas, mártires provisorias llenas de gracias, manantiales de generosidad.
Das el placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.

No engañas a nadie, eres honesta, integra, perfecta; anticipas tu precio, te enseñas; no discriminas a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de otro color; soportas las agresiones del orgullo, las asechanzas de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados. Eres la confidente del borracho. El refugio del perseguido, el lecho del que no tiene reposo.

Has educado tu boca y tus manos, tus músculos y tu piel, tus vísceras y tu alma. Sabes vestir y desvestirte, acostarte, moverte. Eres precisa en el ritmo, exacta en el gemido, dócil en las maneras del amor.

Eres la libertad y el equilibrio; no sujetas ni detienes a nadie: no sometes a los recuerdos ni a la espera. Eres pura presencia, fluidez. Perpetuidad.

En el lugar en que oficias a la verdad y a la belleza de la vida, ya sea el burdel elegante, la casa discreta o el camastro de la pobreza, eres lo mismo que una lámpara y un vaso de agua y un pan.



Oh puta amiga, amante, amada, recodo de este día de siempre, te reconozco, te canonizo a un lado de los hipócritas y los perversos, te doy todo mi dinero, te corono con hojas de yerba y me dispongo a aprender de ti todo el tiempo.


Jaime Sabines(Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1926 - Ciudad de México, 1999)

HERNANDO URRUTIA VÁSQUEZ





Del libro Textos cáusticos publicamos algunas de sus 
minificciones liminares.


  
Un día pegué estos pedacitos en forma de rompecabezas y ellos se iban acomodando dócilmente, encajando sin repelerse. Al terminar pude ver que todo lo que se pusiera al frente se reflejaba. En ese momento supe que había fabricado un espejo.



* * *


Cuando el pistolero se paró enfrente y le disparó repetidas veces, el espejo no se rompió, porque sabía que ese hecho le traería mala suerte a los habitantes.



* * *



La leyenda cundió cuando el Conde Drácula parándose frente al espejo no vio su rostro.

Lo que nunca supo es que el espejo era ciego.



* * *



Prefirió el suicidio antes de permitir que Alicia saliera del país de las Maravillas a la realidad que todos los días reproducía. Por eso, el espejo, decidió quebrarse en mil pedazos.



* * *



Aquel matón tenía una diversión muy singular: al llegar a cualquier pueblo, reunía a sus habitantes en la plaza principal frente a un espejo y sólo se salvaban los que cabían en él.



* * *



El pueblo estaba desocupado y no pudieron sorprenderlo, porque el espejo denunció las sombras de los fantasmas.



* * *



Érase un pueblo que se enseñó a usar singularmente el calendario: no contaban los años de los vivos, sino cuánta edad tenían sus muertos.



* * *



El pueblo estaba tan fantasmal y desolado que los pobladores decidieron llenarlo de espejos, para reproducir a los habitantes y reponer los muertos.

Pero los espejos los traicionaron, pues sólo reflejaban a sus asesinos.



* * *


Su familia no se explicó por qué cuando trajo un paquete les dijo: ábranlo en la ocasión precisa.

Sólo con la noticia de su muerte, descifraron el mensaje y al destaparlo, en el fondo, el espejo reproducía unos solemnes trajes negros.


Al saber que pasarían por el lugar los llenaron de espejos, para vigilar la noche.

Transcurrido el tiempo, sintieron un olor a sangre, enredado en los pasos perseguidos por el dolor hecho fantasma.

Se alistaron a cazarlos, pero sólo el ruido delataba su presencia porque los espejos únicamente reflejaron la transparencia del aire.



* * *



Apenas me asomé a la colina, divisé una inmensa valla que decía: Bienvenidos a Espejo Colombia, el pueblo sin memoria.



Hernando Urrutia Vásquez(Bogotá, 1946). Dirige el programa
Vientos Estéreo que se emite gracias al proyecto de radio co
munitaria "Emisoras para la Capital".  Ha sido editor de perió
dicos locales en las alcaldías de San Cristóbal, Usme y Ciudad
Bolívar. Participó en el taller de poesía de la Casa Silva en 1989
y en el seminario de literatura rusa en la Universidad Externado
de Colombia.
Es autor de los libros Cosmotelurias y Textos cáusticos (Colec.
Los Conjurados).

NICOLÁS DE LA HOZ


NICOLÁS DE LA HOZ





MUJER CARACOL
























MÁSCARA



RECUERDO DEL PUERTO



SOMBRA


































LAS LUNAS DE LA VIGILIA





























«Venus Anadiómena: Homenaje a Tiziano», (2012)







           Jugando en el límite, 1998


confabulacion221-260.blogspot.com.ar/2011/07/entrevista-con-nicolas-de-la-hoz.html

ABILIO ESTÉVEZ





Libertad del año nuevo


"Cierto, Vigilio Piñera nunca escribió para eso. Casi se podría decir que escribió para lo contrario, para el no-éxito, y tenía el suficiente coraje para no condescender. No consideraba la literatura como un certamen ni un modo de medrar, sino un artefacto de desenmascaramiento.

El acto de arrancar las máscaras no ha sido nunca amable o encantador. No está bien visto. Entender la literatura como hecho moral no es el camino más fácil de alcanzar la celebridad. Desde bien pronto, quiso ser un celoso de su libertad. Rebelde, incómodo, impertinente, agresivo, contestatario, negador. Como intentó dejar claro en la pieza de teatro que escribía en el momento de morir, estaba condenado a ser libre y a elegir, aunque tuviera la limitación de solo poder elegir lo que elegía.

Sin embargo, aun cuando escribía sin esperar nada a cambio y optó por el camino arriesgado del malestar, del sarcasmo, de la aspereza y la frialdad, no es menos cierto que obtuvo mucho menos de lo que concedió. Vivió en la incómoda comodidad de los márgenes. Marginalidad buscada: marginalidad hallada, o como solía reiterar: idea fija, idea que se convertía en realidad. Fue libre, quiso enseñar a ser libres; a cambio solo encontró dureza. Como exclamó en alguna ocasión Fina García Marruz hablando de su marginación: "Tuvo lo que merecía".

A diferencia de muchos que conozco, su inclemencia no buscaba destruir, por el contrario, era el resultado de la clemencia. En su "maldad" radicaba su honradez; su nobleza, su bondad."



               Abilio Estévez, "Virgilio Piñera. Un retrato posible"















Estévez, Abilio















miércoles, 30 de octubre de 2013

LUIS GOYTISOLO






El úlltimo libro de Luis Goytisolo se titula "Cosas que pasan", 
editado por Siruela.   El libro fue presentado en el Hay Festival 
de Segovia, en conversación con el crítico y editor Ignacio Eche
varría, en septiembre de 2009, con la lectura, a cargo de Elvira 
Huelbes, de los tres fragmentos que se ofrecen a continuación:



CAPITULO I


El remolino


[...]  Sí: referirse en casa a la familia era sinónimo de estar hablando de la familia paterna. Cuando se hablaba de los tíos, por ejemplo, se daba por descontado que eran los cuatro hermanos y cinco hermanas de mi padre. Y mientras tía Montserrat era la menor de ellas, la prima hermana de mi madre, llamada también Montserrat, era para nosotros Montserrat Gay. Sólo en un segundo plano y entre dos luces, un sol y sombra –eso sí- paulatinamente ganado por el sol, la familia materna. Retratos desvaídos, figuras de rasgos más perfectos en su risueña sorpresa propia de los días felices, ajenos aún a las penas de amor, a la enfermedad, a los abismos de la tragedia. María Mendoza, Ramón Vives, Consuelo Gay, tal vez mi madre, una familia en la que, en cada generación, alguno de sus miembros se ha entregado a la creación literaria, a modo de testigo que se transmitiera siempre por línea materna, con lo que cada vez el apellido creador ha sido otro.

     Figuras desdibujadas por su propia aura, miradas de interpretación tanto más difícil cuanto más se pierden en el pasado, imágenes hieráticas a semejanza de esos muebles que configuraron su vida cotidiana y que hoy conviven con nosotros, descolocados, fuera de contexto, en funciones que poco o nada tienen que ver con las que les fueron propias, de traslado en traslado, de casa en casa, con largos periodos en el desván en más de una ocasión, entremezclados con muebles procedentes de otras ramas familiares. El armario de chicaranda, cuyos espejos tantas ilusiones han recogido. Los sillones de salón de Cienfuegos. El escritorio del abuelo Antonio. El secreter del abuelo Ricardo. La lámpara de cristal tallado, regalo de boda de alguien. La librería giratoria de  tía Consuelito, la mecedora de tía Catalina, el mueble en el que María Mendoza guardaba sus manuscritos, formas oscuras y como dormidas; cada una arrastrando su propio karma, trastos a la vez que reliquias, valiosos al tiempo que olvidados, con la resignación de esos héroes del Mundo Helenístico que deambulan por el Hades, imbatidos pero sombríos, hechos ya a su suerte con entereza. Reunidos en la vieja casa de campo soportan con desdén la admiración que demuestran los visitantes, altanería a la que no es ajena la propia casa que los acoge, como bien pone de manifiesto el irritado chirriar de sus postigos al ser abiertos en las mañanas de invierno.



CAPITULO V


Celos, danzas, sodomías


[...]      Despertar, poseído de un difuso desasosiego, más que con mal cuerpo, con la sensación de haber tenido una pesadilla, levantarse como deambulando, desayunar casi sin enterarse, y después llegarse hasta el escritorio de ella o de él, y en uno de los cajones encontrar cartas y más cartas que lo explican todo, llenas de efusiones y alusiones precisas a cual más hiriente: lo más clásico. Y quien dice cartas dice llaves de un apartamento, de otro apartamento. O mensajes en el móvil, un móvil cuyo manejo nos resulta poco familiar, de forma que ha sido manipulándolo para hacer una llamada como han hecho su aparición esas expresiones tan inequívocas. O los cabellos que ella descubre en la cama y que no son suyos, más largos y más negros. O la llamada que ella recibe y que corta a los pocos momentos diciendo secamente, se confunde Vd. de número, temiendo que él pudiera oír, como ha oído perfectamente, las ardientes procacidades amorosas que una voz masculina le dirige tras llamarla por su nombre. O, ya con sueño, ser uno de los últimos invitados en abandonar la fiesta que ella o él han organizado para celebrar algo y, solo ya en casa y en cama, súbitamente insomne, una intuición se lo impide y se viste de nuevo y vuelve a la casa de él o de ella, ahora en silencio, y abre la puerta de la habitación sin que ellos lo adviertan, aplicados como están a devorarse mutuamente, ella encima, la cabellera abatiéndose una y otra vez sobre el miembro que brota de entre sus manos, él debajo, asomando apenas entre los muslos abiertos, el último o la última de los invitados. A partir de ahí, montar una escena. O callarse y esperar. O hablar civilizadamente, escuchar las explicaciones, la intrascendencia de todo aquello frente a la solidez del amor que les une. Pero las palabras leídas o escuchadas o la imagen de los cuerpos abrazados volverán a él o a ella en el momento más inoportuno, al intentar dormir, o al despertar, o al hacer una pausa en el trabajo o al tomarse un café o conduciendo.


CAPITULO VII

Salto a las alturas

                                                            2


   A una edad determinada, el joven emprende la ritual y metafórica subida al monte para, desde allí, contemplar el mundo. El panorama que se extiende hasta donde le alcanza la vista puede impulsarle a emprender su conquista, a llegar todo lo lejos que sea necesario, a desentenderse de cuanto suponga una rémora para su proyecto. También puede amilanarse y volver a casa para permanecer al calor de los padres el máximo tiempo posible. O buscar protección física y metafísica en un convento de clausura. En todo caso, habrá empezado a intuir lo que es realmente el mundo, no ya fortaleza con defensas difíciles de salvar o intrincada kashba en la que lo más seguro es perderse; no ya una merienda de negros, sino algo peor, algo tan inmenso que parece inevitable hacerse imperceptible, desaparecer sin dejar huella. Como si en lugar de en lo alto de un monte se encontrara en la playa a la hora del crepúsculo, cuando a su espalda el sol se hunde como un planeta rojo en el horizonte brumoso y el cielo se tiñe de luz cálida; cuando el mar se empieza a teñir de cielo mientras éste palidece para luego oscurecerse ambos, el cielo hecho ya un tenue crepitar de estrellas y más estrellas que el mar refleja movedizas, estrellas que son planetas, estrellas que son estrellas, galaxias, constelaciones, un firmamento que gira y se expande hasta los límites mismos del universo, un universo que se expande como se expande una burbuja, una burbuja formada a partir de un repentino big-bang al igual que tantas otras, burbujas y más burbujas perdidas las unas entre las otras, una más cada una dentro de una serie infinita de burbujas, dentro de una serie infinita de universos ante la cual no tendría sentido hablar no ya de tiempo sino también de espacio. En términos de metáfora visual: un firmamento de universos. ¿Cómo demostrar que el mundo no es ilimitado además de eterno?




MARCO MARTOS


 



Oficio


Mi oficio es el canto
el canto de las palabras,
el dulce embrujo
de las sílabas
y las asonancias.
Éste es mi oficio
y no lo cambio por nada,
pero qué difícil es
querer decir algo
y no tener sino gana.




El Perú


No es este tu país
porque conozcas sus linderos,
ni por el idioma común,
ni por los nombres de los muertos.
Es este tu país,
porque si tuvieras que hacerlo,
lo elegirías de nuevo
para construir aquí
todos tus sueños.




Varona y varón


Varona y varón,
desnudos frente a frente,
desnudos con esmero,
son presencia impalpable
de la gracia del quién sabe.
Nada pueden contra ellos
ni el miedo que bien sienten,
ni lo espaciado de los encuentros,
ni la envidia de los solitarios,
ni el viento de los que murieron.
El fuego es tan su salsa,
tan feliz como un niño,
tan se escapa por un tubo,
tan se oculta o parece nada,
que induce a la pareja
a desnudarse con esmero,
a juntar aire, y tierra,
aumentando la ternura
para empezar de nuevo el acto
más hermoso de la vida:
varona y varón.




Ley


Tenga la palabra cosa vacío significado:
lo real y lo ideal alejados habiten de su cáscara.
En virtud de la ley enunciada,
pueda el caminante,
infatigable buscador de verdades,
hacer justo las cosas de las que ayer renegó.
Y en la rúa nadie lance sombras
sobre el desconocido rostro,
pues la palabra cosa, como la sombra misma,
exige ojos y brazos humanos: voluntad de creación.
Así mismo con los ojos cerrados y en silencio tenaz,
pueda la muchacha de voz serenísima
decir la palabra cosa,
murmullo de ola o tic-tac de reloj
y pueda juntar en el aire
blanco y negro, ser y nada.
Y no haya contradicción.


Marco Martos (Piura, 1942)


IVÁN CAÑAS



           Iván Cañas / photo by Sergio 
           Cervantes circa 2010






                             Abuelo, Nicaragua



                            Manifestacion Anti-Alca, Miami



                                  Macheteros



                   La Clase Obrera





                             Torcedor, Honduras




                                         JLL



JORDI DOCE





Brighton


Entre dos raros destinos
Brighton fue nuestro refugio:
un palacio junto al mar,
el agua verde y fecunda,

el paseo abierto sobre
tablas y hierro forjado,
luz de cobre en los despojos,
piedra vieja que fatiga

y recubre los bancales.
Has visto esa arquitectura
fundada sobre el vacío,
un trozo de tierra firme

en la claridad del miedo;
paseas cada mañana
pendiente de un hilo, sola
en la escollera, y a veces

te asusta tanta amenaza,
las olas turbias, el mar
infatigable, acosándonos,
entrando en nuestra existencia

con mano fría y voluble.
Cuando regresas a casa
el fuego que he preparado
arde entre mis manos ávidas

y así pasamos las horas
librados a nuestros cuerpos,
nos buscamos en el otro.
Nuestro deseo revive
 en esa tierra de nadie.


                      Las ciudades rotas (1994)



cuatro cuervos


I

Sombrío invierno
sin tregua: sobre la nieve
-negro cuerpo ingobernable-
despunta un cuervo.


II

No existe el cuervo
sino la nieve,
el blanco abrazo de la nieve,
la boca oscura de la nieve
y su negro idioma impronunciado.


III

Nieve, nubes, humo:
blanco sobre blanco sobre blanco;
duro lienzo
sobre bocas cerradas.
Gotas de negro,
vieja sangre,
un cuervo es dos ojos
amarrados al rostro de nada.


IV

Pero no hay cansancio
en ese cuerpo
cercado por la nieve.
No hay vejez.
Al otro lado de la muerte
no hay vejez, no,
tras la oscura divisoria.


                               Otras lunas (2002)