domingo, 22 de septiembre de 2013

PHILIP LARKIN





DINERO

Cada tres meses, ¿no?, el dinero me reprocha:
“¿Por qué me dejas aquí donde no sirvo?
Yo soy el sexo y las cosas que no tuviste nunca.
Aún puedes conseguirlos firmando algunos cheques.”

Entonces miro qué hacen los otros con el suyo.
No lo guardan en la almohada, desde luego.
Ya tienen esposa, coche y casa de verano:
alguna relación guarde el dinero con la vida

-la verdad, tienen mucho en común, si uno investiga;
no puedes postergar la juventud hasta que te jubiles,
y por mucho que parte del salario vaya al banco
al cabo no podrás pagarte mucho más que una afeitada.

Escucho el canto del dinero. Es como si mirase
una ciudad de provincias desde largos ventanales:
barriadas, canal, iglesias adornadas y locas
bajo el sol de la tarde. Intensamente triste.



HIERBA SEGADA

Frágil yace la hierba segada:
breve es el aliento
que exhalan las gavillas.
Larga, larga la muerte

que mueren en en las hojas blancas
de un junio de hojas verdes
con flores de castaño,
setos nevados de capullos,

blancos lirios que se arquean,
daucos de senda perdida
y esa nube corpulenta
moviéndose al paso del verano.


                  VENTANAS ALTAS, Philip Larkin, Lumen Poesía, 61
                  Edición bilingüe de Marcelo Cohen