viernes, 27 de septiembre de 2013

LUIS GOYTISOLO





El lago en las pupilas (frag.)

I

Gloria


Paseantes

–¿Qué le voy a contar a Vd. que no sepa? Pasear a lo
largo de la orilla contemplando el entorno reflejado en el
lago, un entorno ajardinado que no hace sino dar real­
ce al suntuoso empaque de los edificios; dejar atrás las
embarcaciones del pequeño puerto deportivo fijando ya
la atención en las montañas circundantes, poco más –en
apariencia– que un perfil decorativo que, sin embargo, se­
gún nos aproximamos, se revela no menos rico en detalles
que la orilla del lago, con sus senderos, sus excursionistas,
los prados y las vacas, los bosques, los peñascos, los turis­
tas que contemplan cómo se amplía el panorama según
asciende el funicular, el pintor que desde un punto desta­
cado traslada a la tela una imagen del conjunto, el pasean­
te que desde más arriba contempla a ese pintor, ya entre
retazos de niebla que aíslan las alturas y ensombrecen el
lago allá al fondo, de súbito todo como en un paisaje de
Caspar David Friedrich que con sus desoladas soledades
viene a desbaratar ese Locarno de risueña tarjeta postal.
Sólo que para entonces el visitante ya habrá emprendido
el regreso, a la que su fino instinto vea peligrar la estampa
de Locarno que le ha traído hasta aquí.



























































Luis Goytisolo





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