lunes, 23 de septiembre de 2013

JOHN ASHBERY






inútil
  

Querido escupitajo, la semana está rotando
con el mundo. Afuera, todo es un gritar rabioso.
Me siento como una de las vírgenes de Santa Úrsula
dando un último atisbo a las gradas de árbol y roca,
embistiendo contra lo que debe ser lo inefable,
si es que algo es en sí.

Mañana está aquí el duro juez
y habrá más y más prisioneros
abriendo la ensenada tan lejos como la vista alcance,
hasta los azules comienzos. Tienen su plaza
en las poblaciones, pero en apariencia
no más que nosotros, sembrados aquí para vigilarlos
y retroceder con los sorbos de la marea.

Sabíamos que el puente de la torre era provisional,
las chanzas del alcohol un esquivarse del ojo de Dios,
que contemplamos a una distancia inquisitiva
y precisa. En verano, sombreros de paja y regaliz
para, desvaídos, tomar el gusto a otras fruslerías
y novedades. Nunca es demasiado tarde para el sigilo,
el propio luto o los otros fantasmas irregulares.

                            Traducción de Juan Ramón Mansilla