sábado, 21 de septiembre de 2013

FRANCISCO BRINES





Mis tres fauces

El perro aquél aulló varios veranos
 siempre solo en la casa abandonada.
Aún sigue su terror en mis oídos,
dentro de mi aúllan
(con el miedo de Cristo abandonado
en el viejo olivar)
las fauces de aquel perro, tan sediento
de alguna compañía,
en aquel cielo azul que se apagaba
por entre las palmeras y naranjos
donde mi juventud
se miraba en el mundo.
Yo soy ahora el perro, que aún no ha muerto,
y soy también el miedo de Cristo abandonado
en el viejo olivar,
bajo los astros fríos.
Mis tres fauces:
del animal que soy,
de Dios (que me abandona)
y estos restos de espíritu y de carne
que se muerden.



EL VASO QUEBRADO

     Hay veces en que el alma
se quiebra como un vaso,
y antes de que se rompa
y muera (porque las cosas mueren
también) llénalo de agua
y bebe,
          quiero decir que dejes
las palabras gastadas, bien lavadas,
en el fondo quebrado
de tu alma,
y que, si pueden, canten.

                               De Para quemar la noche, 2010


Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932)