jueves, 8 de agosto de 2013

JAIME VÁNDOR














Alternativas de fe

I.

No me llaméis descreído porque
no crea en las mayúsculas,
en los grandes conceptos
no en las proclamas
las consignas, los estandartes.
No en las doctrinas,
en los tomos de filosofía,
en los devocionarios.
No. Sí en la palabra.
Y en la mirada. Su debido soporte.
Tengo fe en la palabra
en la sinceridad de
la mirada clara
fe en la canción
en la buena intención.
No en las estadísticas
sí en el aval de la experiencia.
No en los grandes números
sí en el modesto uno.
No en la humanidad
sí en el hombre.
Si no creyera en la palabra
cerraría todos los libros
los archivos, el ordenador,
y me echaría a dormir
bolas protectoras
en los oídos, a oscuras,
un paño húmedo en los ojos.
Pero nada de eso pasa.
Yo no desespero, porque –
yo creo en la palabra.


II.

No me llaméis hombre sin fe
ni descreído no me llaméis
porque cada afirmación
la ponga en una balanza. Empezando
por los versículos de la Biblia.
Me embelesa su belleza literaria, pero
su veracidad la observo a trasluz,
porque bien dice el texto
que los fieles llamáis sagrado:
‘el simple todo lo cree,
mas el prudente discierne sus pasos’.
Y sigue Proverbios: ‘¡qué buena
es una palabra a su debido tiempo!’
¡La palabra! La debida palabra
Y la mirada. Su oportuno soporte.


                      De Más acá del Bien y del Mal