jueves, 8 de agosto de 2013

ITALO TESTA





El corazón pesado

Como la fábula del provinciano           
perdido en la gran ciudad:
en la explanada donde las calles convergen
se orienta mirando los tilos
el callejero cobrizo de las manchas
que aquí atormentan las hojas.
Todo es selva, las torres de acero
las paredes que reflejan, los vidrios
son estanques hechizados, ramas y troncos
recorridos por cuervos parlantes;
será como el cuento del muchacho
que se casa con la selva y transforma
las venas en cables de acero, los ojos
en canicas de vidrio incoloras:
si un transeúnte sin querer lo roza
disipa el sortilegio, lo deja
caer en pedazos, en miles de añicos
de las agujas de pino del bosque.
Así caminas, en trance, a lo largo de los bulevares
rumiando un solo pensamiento
después de días que nadie te habla
te enfermas de luz, de los pasos
destinados a la masacre, arrojados al azar
sobre el mapa de las poblaciones,
la corona de calles sin salida
donde la nada te ha invadido;
y atravesar el crucero que ningún dios
campesino mira y protege
es exponerse al viento helado que sopla
desde la sombra lunada del mal:
o será como el niño velado
del apólogo que a tientas
vuelve a subir la cresta de la almohada
e inconsciente se abandona
hasta el día en que su corazón será pesado
y los ojos ofrecidos ante un altar
de nubes, hasta el nido del mirlo
donde una aureola de plumas
sobre el fondo azul oscuro de la infancia
lo clavará a su dolor.


                             Trad. de Jeannette L. Clariond


Italo Testa(Castell’Arquato, Italia, 1972