sábado, 10 de agosto de 2013

ARTURO ARANGO





La Habana Elegante(frag.)

                                                            para Reinaldo y Miriam

21 de octubre de 1893: muere en La Habana el poeta Julián del Casal, precursor del modernismo. (según las Efemérides del día)

El padre estaba abriendo la ventana y la dulce luz de octubre obligó a Julián del Casal a abrir los ojos.  En el cielo jaspeado de púrpura y oro lo primero que vio fue una bandada de cisnes, el aire estaba impregnado de aromas sutiles y en la calle un caramillo reiteraba una melodía desconocida yOtto Eckmann: Cinco cisnes (1897)  Copenhagen, Museo danés de arte decorativo maravillosa.  Papá, quiso decir.  La luz que Juana prefería para sus cuadros revelaba la habitación, el cielo tenía un limpio azul turquí y el padre, como tantas veces, no estaba.  O estaba sólo para mirarlo: él, tendido sobre el lecho de sándalo, como un clavel tronchado de raíz, y su padre de pie junto a la ventana, padeciendo por su Julián indefenso y enfermo.  Si se nublara un poco, si esa luz cayera al gris perla de mi melancolía y protegido en las tinieblas pudiera dormir horas y horas, entrar en una noche interminable y única en la que el alma errante de mi padre, solo en la vida y en la soledad de la muerte, encuentre al fin consuelo.  Estar con él a solas, en silencio, los dos envueltos en la penumbra de ese pequeño cuarto donde había temido la posibilidad de ser feliz, de tener un poco de paz, la certeza de un amparo, la amistad de una familia que no espera más que gratitud.
le decían la más fermosa, la Isla infinitaDe la azotea vecina venían los gruñidos de un puerco y en algún radio se repetía el hastío de un estribillo de moda.  Mal día es hoy.  Durante la noche, la máscara asiática que colgaba frente al camastro había perdido otro de sus dientes de carnicero y lo que antes fue una boca de espanto ahora convidaba a la lástima.  No puedo con la lástima, no soporto despertarme y que mi primer sentimiento sea la lástima.  El diente estaba sobre la alfombra, entre las hojas de la mandrágora y del eléboro, y Julián lo recogió para guardarlo en el Cofre de las Pérdidas.  Palpar el dragón de nácar de la pequeña caja de sándalo, abrirla, le ocasionaba tanto dolor como tocar el diente caído.  Ahí dentro, ya sin orden, estaban las cartas de su hermana, instalada en España desde el 61 o el 62, ya no sabía (cuando se mira siempre el mismo horizonte en una senda sin fin y árida, no se guarda memoria de las fechas), las fotos que se tomara con María y Raúl Cay cuando aún había ilusiones, disfrazados los tres, ella con el tocado violeta, Raúl detrás, gallardo como príncipe manchú, él envuelto en el manto verde esmeralda (y en los colores desvaídos, traicionados, también están el tiempo inapresable, la memoria que morirá en mí); la zapatilla de porcelana (de Sevres, había querido engañarlo ella, como si nunca sus manos hubieran conocido más delicadeza que la del barro burdo que ahora Juana cocía en Perú) que Dagmar le trajo de París en el último viaje antes de irse a danzar a Inglaterra; el mínimo lagarto de jade que su primo le regaló al regresar de su primera estancia en México (aquel no es país para mí, había dicho, y ahora estaba en Miami, escribiendo recetas de cocina y consejos de jardinería para una revista); la piedra viva que Bladimir recogió para él en Playitas de Cajobabo.  Vamos partidos en dos, con nuestras energías regadas por el mundo, viviendo sin persona en los pueblos ajenos.  Julián miró las paredes de su camarote: el paisaje japonés que Collazo le dedicó, abandonando por única vez palmas y helechos, el remate de la reja que fue de la mansión de los Codina: al final, todo debía estar en aquella pequeña caja y él mismo pronto tendría allí su lugar: un puñado de cenizas manchando lacas y sedas.  Los treinta años que cumpliré en unos días son siglos en mi corazón.

                                                        del Libro La Habana Elegante, 1995

 Leer el resto del cuento en www.habanaelegante.com/Summer2001/Hojas.html


Arturo Arango(Manzanillo, Cuba, 1955). Es narrador, ensayista y
guionista de cine. Su producción abarca cuentos, novelas, relatos y
guiones cinematográficos. Su pieza teatral El viaje termina en Elsinor
obtuvo en 2008 el Premio “Virgilio Piñera”. Es jefe de redacción de
La Gaceta de Cuba y Jefe Titular del Departamento de Guion en la
Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los
Baños, Cuba.