viernes, 31 de mayo de 2013

SILVIO MATTONI




historia natural

I

Era el fin de semana, me acostaba
tarde y en la noche un chillido
sonaba encima, arriba. ¿Qué
podía ser? Seguimos escuchándolo
al otro día. ¿Un pájaro, un murciélago,
el viejo emblema de la ambición
desmedida? Después de todo, no era
más que una rata alada. En la segunda
noche debí admitir que era un gatito,
acaso tan pequeño que su tórax
de mamífero abandonado no llegaba
a hacer resonar el llanto. ¿Iba a morir
sin que yo hiciera nada? Con desgano,
había subido al techo, no veía
ningún hueco que explicara la innegable
presencia del animal sobre el cielorraso
de la habitación. Dormí solo, ella
no podía aguantar aquel quejido
intermitente y que me daba sobresaltos
con cada interrupción. ¿Estaría muerto
ya? Un maullido agudo, como de lucha
del ínfimo felino con la sombra
implacable, me despierta y respiro
aliviado cruelmente porque aún
eso allá arriba estaba vivo. Era difícil
sostenerse impasible, los filósofos
se aplican ellos mismos la tortura
de cuidarse. Entre dormido y soñando,
pero como si anotara la frase, oí
la voz de uno, rockero, que inducía:
“aprendé a ser duro niño-esposo”, y yo
me negaba a volverme lo que era:
un disciplinador de animales y niñas.
Finalmente, vino un tipo más real,
con herramientas, que levantó el techo
de cinc y encontró al gato:
un color leonado y una cara flaca
que desmentía su especie, los ojos
me miraban, celestes, ¿me decían
que era pura vanidad abandonarse
a la creencia de que entre uno y otro
no había más que indiferencia? ¿Cómo
había llegado ahí y había sobrevivido
dos noches solo, sin comer, un lactante
como el que todos fuimos? Desatendí
el llamado, postergué el rescate, pero
al fin te vi, te buscamos un exilio
más dichoso. Apenas el contacto de la piel
calmaba tu graznido de pájaro con pelo.
Antes, al escucharte dos noches en un sueño
entrecortado, sentí ya el chorro
de algo que se niega a darse por muerto
y entre la sombra indiferente brota
hacia el sueño aún caliente de otras vidas.
Desde tu pesadilla abandonada, gatito, viniste
y otra vez me di cuenta de que somos
un mismo hilito de espasmos en lo oscuro
donde cazamos, copulamos y buscamos
hasta el último día lo que no tenemos.


              De El descuido, Ediciones Recovecos, Córdoba, 2007.


SM(Còrdoba, 1969). Poeta, ensayista, crítico litarario, traductor
y docente en la UNCAlgunos libros de poemas: El bizantino/
Tres poemas dramáticos/Sagitario/El país de las larvas.