lunes, 1 de abril de 2013

NORGE ESPINOSA




DIÁLOGO DE LOS MUERTOS


Contigo puedo hablar, sobrepasar la medianoche
unidos en el lazo flébil de la confianza.
En esa levedad para las madres erigida,
para el hogar o la pacífica costumbre de olvidarnos.
Por ti puedo tender mi oscura carpa de pobreza,
fingir que leo en tu mano mi propia buenaventura
mirando siempre al sur, señalando aquellos pájaros
que alzan un ala rubia, como todo lo perdido.
Salvando de la turba, tú me mostrarás los peces
que dispones en la mesa amargada del perdón.

Qué penuria de los muertos, que gran penuria es este diálogo
que a nadie importará, porque no quedarán cartas,
testimonios, pruebas de nuestro largo desafío
contra el que quisimos ser, aparentando una ganancia.
No digas tu confesión: tienes historias tan terribles
por contar que ahora ya sé lo imposible de rescatarte,
lo imposible de abrazarnos, aliviarnos con el cielo
que me ha concedido amantes, cuerpos, lechos, certidumbres
del perfil más animal, pero no fidelidades.

Jamás una defensa, un portón recio en las tardes
que escojo para llorar, derrochando éstas mis gemas.
No me pidas hablar: tengo heridas tan recientes
como rostros el Dolor.

En verdad, qué compartimos sino ausencias: una casa,
una aseveración, o la premura del desprecio.
Cierto es: nos coronamos, nos decimos meretrices,
trocaríamos un nombre por el de la Emperatriz
dispuesta a entregarse a los vengativos perros
que nos devorarán, sin piedad para el armiño
que es este melodrama que a duras penas nos levanta
sobre la perversidad; esta canción inconcebible
con que entramos al Teatro, temblorosos por si aplauden.
Cuando en las escaleras, en la prisa de las fugas,
oímos que nos llaman y nuestra espalda se hace etérea,
¿No podemos olvidar la Palabra que ahora somos,
la promesa que insiste en enfrentarnos al papel?
No debemos, quedaría
cerrada la última puerta,
la salida majestuosa de nuestra inseguridad.
Siempre a la página, es lo exacto, la ocasión más preterida
donde aprendemos que vivir es algo más que esta nostalgia.

Diálogo de los Muertos, medianoche de los cuerpos
que comparten un aroma cuando afuera muere el mar;
estas horas que ganamos en los años de la ruina.




Brevísima aparición de José Martí en la llovizna


Debieran pesar menos tus párpados, y el limo
de tanto verbo cívico ampararte en mejor modo.
Es larga la llovizna, y el paisaje que la mide
hierve ante tu nombre, que sabíamos Amado.
Estás
y no te vemos más que en el espasmo
que lo humedece todo, en su Constitución
que tantos generales firmaron muy de prisa,
urdiendo otra batalla, otro país,
Papel Moneda
Cárdenas. Bayamo. Ciudades que no viste
se empapan de tu nombre como de extremaunción
y ni los niños pueden, borrando la llovizna
marcar un tiempo apenas en que no estemos
habitándote.
Un parque, un mausoleo, repetidos como bustos
que doblan tu visión: eso devora la llovizna,
y los mapas siniestros que con ninguna brújula
desmentirán al mar, la soledad que nos rodea.
Llovizna, talismán, aparición, huida, encanto.
El mármol de un portal ya casi hundido te pregunta
por los antiguos fríos que te ofreció otra capital
que recorrías cegato, bizambo, desorejado
en pos de islas inciertas, casi humano temporal.
No se esfuma el olor tremendo de tu anécdota.
No cesa la llovizna
sino el mezquino tiempo que duró tu aparición.
Te vas antes de que abran sus mesas y sus manos
los húmedos civiles que supieron invocarte.
Te vas como se esfuma la silente Navidad,
y la fe cenizada con la cual sobrevivimos.
El día también canta, a su manera, los milagros.
Hoy, cuando quiero cerrarme en la llovizna
como un libro.

Norge Espinosa(Santa Clara, Cuba, 1971). Poeta, dramaturgo
y crítico. Graduado con título de oro en teatro por la Escuela Nacional
de Arte, 1992, sus obras teatrales han sido puestas en escena por los gru
pos teatrales Pálpito y Teatro El Público.