martes, 16 de abril de 2013

HUGO GOLA





HUGO GOLA, Vueltas y ritmos de un poeta santafesino de 
regreso a su ciudad natal, que corona con Resonancias re
nuentes, última prueba de una obra lírica concentrada y 
etérea


                                  Por Jorge Monteleone


Borges, que soñaba con que el infinito se concentrara en un solo punto - acaso inspirado por aquella frase del Hamlet , de Shakespeare, que cierta vez citó: "Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme el rey del espacio infinito"-, imaginó el Aleph, o la moneda Zahir, o el libro de arena, o la incesante memoria de Funes, pero también la poesía de los "urnos", que constaba de una única palabra que podía representar el Todo. ¿Podríamos imaginar los lectores, como un ansioso juego inútil, las palabras clave, los nombres que concentraran las obras de algunos poetas? Octavio Paz es poeta de la "otredad" y Neruda de la "materia" -terrestre, oceánica, pétrea, elemental-; Vallejo inventó "Trilce", Huidobro "Altazor" y Girondo la "masmédula"; el Individuo, el " myself " de Whitman se pluraliza en el "heterónimo" de Pessoa; el spleen es baudelaireano; la "Idea" de Mallarmé se torna "cosa" u "objeto" en Ponge. Nada cuesta imaginar que en la poesía de Hugo Gola (Santa Fe, 1927) reverbere la palabra "vuelta".