domingo, 14 de abril de 2013

ARTURO CARRERA





TICKET (frag.)


De todas las cosas que se mueven a nuestro
alrededor
sólo se inquietará el deseo:

Perdí la palabra en él.

Quiero decir que no debo cantar.
Que la poesía no puede hundirse más
en su más allá de música vanidosa...

Que debería pertenecer a otra religión
para poder ser de su propia religión.
De su propio ritmo. De sus propias imágenes.
De su propio estiramiento
en el vacío del sentido

de su propia libertad

Cada generación ahogó su vanidad
y sofocó su forma,
denigró la potencia de su belleza
e inventó su manera de distraernos
de la masacre de la lengua ¿creó?

Y en ella somos de la energía
el hilo y los hilillos
quemados en "puntos de periplo" por un niño
aterrado en su desdén

Sólo la vaguedad luminosa de la ilusión
y el agrado de pertenecer
como invención marmórea
están,
a cada destrucción,
los terrones de azúcar de Duchamp;
a cada desesperación,
la nube inmóvil de Rothko...
La calma fúnebre de Mallarmé
a cada vestigio de belleza
en la esperanza

Un enjambre de remordimientos

Un ímpetu enmascarado
en el "paseando" de un sueño;
su leve inmovilidad de azules gratos
y excesivos

y los dones nupciales subrepticios
de la celestina información: ¿cuándo escribimos?
¿Por qué estrofas como cestillas
de bodas?

Cada una, con sus picaduras de secreto.
y cada poeta envuelto
en su exuvia de necedad y pureza,
odio y vértigo; ocio y
necesidad


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Último Reino, Bs. As., 1986
La Sofía cartonera, Cba, 2012