lunes, 1 de abril de 2013

ARTURO ÁLVAREZ SOSA





En los días abiertos al sol

Rompía sus ojos el cielo
en la alta delicia del pájaro,
y su mirada de azulado trigo
fundía el corazón de la mañana.

El jardín reinaba como un dios
de pan y uvas;
en su lenta materia
había el dolor denso de los astros.

Alguien, en el viento,
en la lluvia,
movía dulcemente el misterio
y allí se tendían los monstruos
en los días abiertos al sol
y a la desdicha.

Simples, sin pausa, crecían las cosas
y yo tenía un nombre,
porque también gozaba
la abundancia de la gracia.
  
                                Del libro "Los frutos del tiempo"