domingo, 17 de febrero de 2013

VICTOR REDONDO





POEMA DE INVIERNO EN TAFÍ


Viajamos tres horas para llegar al cielo.
Vadeamos ríos rápidos, montañas aparecidas,
nubes de agua verde. El valle se abrió, entre la jungla,
y en el hogar atizamos fuego con el Manual
de Derecho del Consumidor. Y lo consumimos.
El frío -no hoy- corta los labios.
Ella cocina una comida pequeña, carne, papa.
Cómo se puede saber tanto de algo etéreo
como la poesía, afirma y pregunta, frente al rojo ocre.
Todo por lo del Manual, por lo que le expliqué,
sin saberlo a ciencia cierta, sobre cómo usar
las palabras. Me desafía a que ponga posmoderno.
No, no puedo le digo. Claro. El fuego se deslizó por
mi brazo y mandrágora en el tronco musgado.

Entretanto arreglamos e hicimos funcionar la calefacción.
La carne -en realidad una milanesa allá voy- es dura y
la papa puré. Sencillo pero exquisito. Y shica,
que es como se dice rica en tucumano.
Lo único que pronuncian bien es al filósofo japonés
Osho. Hablando de filósofos,
el valle se iluminó y es como un enorme pesebre.
Luces eléctricas amarillas y las rojas de los coches que se van.
Miles y estrellas negras y lomos de burro como cerros.
Tres anteojos, de cerca, de larga y de media distancia
y yo con medias can can. Con el dolor de cuello parezco
un autorretrato de Egon Schiele, viejo.
Las can can me gustan porque no tienen pie.
Como no pueden meterlo en un psiquiátrico lo tienen
en una casa en las yungas escribiendo versos de humor y
se dieron cuenta ahora porque se escribió.
Encima algo como balcánico, precioso, música.
En los Valles Calchaquíes sólo se negocia en dólares.
Un chocolate cuatro dólares con veinte,
aunque leen los diarios y temen quedar con dracmas
en el bolsillo. Las chicas salen de noche y no les importa
en qué pagan, porque no van con nadie.
Drogado con chocolate, sólo cuatro dólares.
Reavivamos el fuego con el catálogo de Tiziano.
Las brasas despiden tanta energía que podrían
forjar espadas como las que narró Tucídides.
Las fotografía y dice que no se sabrá qué son.
Llamas, le digo, sólo llamas.


                                                                  julio 2012