miércoles, 6 de febrero de 2013

ELENA ANNIBALI





en el fuego de la cocina calenté un ladrillo


lo llevé a la cama, del lado
donde yo no duermo

le dije: amor mío
cuánto te parecés al anterior
la misma mudez, la misma
carencia de ideas,
el mismo virgen corazón
de no haber sentido, nunca,
nada

                 ***

atrás de la puerta no hay
la cruz
el lobo
el chorreado damasco de la gloria

hay un patio donde corren
los caballos
la niebla baja del sur

es de noche y
se mueve, con el viento, el farolito

parpadea el angel de la muerte
una rosa se abre
se cierra
y yo respiro aquí mi pobre
pedazo de eternidad


               ***

muchas veces fuimos pobres
no había dinero para ropa o música, pero
el taladro magnífico de dios
caía contra la mañana

las palomas se desbandaban
como si vieran
la comadreja o el halcón

un pedazo de mí entraba en la amargura
como en el pozo del molino
donde la serpiente infectaba
el agua de beber

yo tenía pocos años y ya era
rigurosamente anciana

sabía que el altísimo podía aplastarme la cabeza
enfermar nuestras ovejas
quitarnos el verano, la poca dicha

pero igual miraba siempre para arriba
y bajito decía
que sí, señor, venga a mí la destrucción
lo que deba venir
soy tu surco, señor,
soy tu surco


                   ***


                     1

¿alguien fue por la mañana?
¿alguien abrió su cuerpo
a la venida de la paloma?

estamos en la noche
y en la noche pasta
la torpe bestia
ocurre
su sedoso trance

va y viene por la casa

su aliento
empaña los vidrios
los ojos

algo azul viene por nosotros
y no es el ángel


                   2

nos cruza el látigo de la sombra

aquí y allá los hombres encienden la radio
intentan el sueño, orillan
la casa prohibida, dicen
el nombre del monstruo


                3

en mi cuarto, de noche
respira un animal

abre su fosfórica boca
al hambre de mi corazón

a veces la sangre corre y yo no sé
dónde
porqué

ambos crecemos en el odio
crecemos en la flor del odio
en los rumores dulces
de esta primavera invertida


                   ***


metí la mano en la olla de la vida:

estaba la carne oscura del cordero
su sangre entre alambrados
y más grande el pueblo que prodiga
en el agua su veneno

estaba el padre enfermo, el hongo
que pudre y alucina al árbol joven

no estaba mi pureza, pero encontré el asco
la rabia
el tristísimo oro de la rabia
su luz entre tinieblas



                      ***


como lázaro, el de betania, estuve o estoy
dormida
muerta

en esta cueva umbría cultivo la orquídea salvaje
y, en la húmeda pared, la palabra que cuenta
los días que faltan
los que han pasado

él debe venir: quizá me lo anuncie
su tacto robusto tocando la piedra
o la voz, el estigma

hace mucho que espero

este pueblo es lejos: hay
médanos al norte
niebla al sur
caballos ciegos en la llanura
trigos amargos

puede que hayan perdido el camino
o que el camino haya sido una ilusión

quizá la palabra ya fue pronunciada
pero no la escuché, era distinta
a la esperada
o fue corrompida en el camino
de la vida hacia la muerte

no hubo milagro, o ya se produjo
y es esta suave penumbra
este tremendo paraíso


EA(Oncativo, Pcia. Córdoba). Poeta.