sábado, 27 de octubre de 2012

MÁXIMO BALLESTER




Pulsera

Un hombre fuma su cigarro
sentado en un bar. Pone la boca en O
y exhala círculos de humo
que flotan en el aire.

La mujer que vende flores
por las mesas, se acerca al hombre
y se coloca una pulsera de humo gris
en la muñeca izquierda.



Estrella

La noche se abre paso
entre las últimas nubes.

La lluvia dejó un charco oval
en la vereda. En él se ve
una estrella. Perfecta.

El poeta la recoge
y se la cuelga de la solapa.

El sheriff.



Afirmaciones

Temprano fui a la playa
y vi que alguien había escrito
con enormes letras en la arena:

DIJO JESÚS
YO SOY EL CAMINO
LA VERDAD Y LA VIDA

Detrás el mar parecía decir:
yo soy el mar.


MB(San Fernando, Pcia. de Bs As, 1964). Escribe poesía y 
aforismos. En 1998 apareció “Disfraz al agua”(Ediciones 
Ocruxaves), su primer libro de poemas y, luego de participar 
en varias antologías, publicó en 2008 “Musas Extraviadas”
(Editorial Dunken), que reúne buena parte de su producción 
de los últimos años. Su último libro “En la orilla”, publicado
por Ediciones del Mono Armado, es de 2009.



NINA BERBEROVA






Nabokov y su Lolita


(FRAG.)


Hay libros que caben por entero entre sus dos tapas; allí se
quedan, y de allí no salen. Hay otros que no caben entre sus
tapas, que parecen desbordarlas;
pasan  años  a  nuestro  lado,  nos  transforman,  transforman 
nuestra conciencia. 
Hay,  finalmente,  una  tercera  clase  de  libros,  aquellos  que
marcan la conciencia (y el modo de vida) de una generación
literaria y dejan su marca en todo un siglo.
Su “cuerpo” reposa sobre un estante, pero su “alma” ocupa el
aire que nos rodea. A esos libros los respiramos, viven
en nuestro interior. Nadie los ignora; escritos en los siglos XIX,
XVIII, XVII o hace mil años, están junto a nosotros.
También nuestra época posee esa clase de libros y las personas
que nacieron con el siglo (o que con él han  envejecido)  madura
ron  gracias  a  ellos;  se  nutrieron  con  ellos,  se fundieron con
ellos, y los aman.
La literatura que nos dio el siglo XX se distingue de todo lo que se escribió con anterioridad por cuatro elementos que ya tienen su
propio lugar en el “sistema periódico de los elementos literarios”.
No siempre las grandes obras contemporáneas se basan en la
reunión de esos cuatro elementos; a veces sucede que el estilo,
el método o el fundamento de la obra recurren sólo a tres de
ellos, mientras que el cuarto apenas se sugiere al pasar. Pero
sin alguno de estos cuatro elementos, el libro, independiente
mente de sus cualidades o de sus defectos, oscila en el tiempo,
cae hacia el pasado en vez de impulsarse hacia el futuro; podría decirse que no existe gran obra del siglo XX fuera de esos
cuatro elementos, condición  sine qua non de una literatura
nueva.


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Roquenval (frag.)


" Sí, allí estaban esas viejas piedras y también esos viejos árboles, y una vieja dada, pero quizás no era solamente ella quien estaba aquí un poco fuera de lugar. Quizás todos nosotros lo estuviéramos. También me preguntaba si un día llegaríamos a ser así, como ella, como su tocador, como estos tilos, y si también nosotros reflejaríamos para alguien —o no reflejaríamos— los años veinte de nuestro siglo: Jean-Paul, yo, Kira con sus quince años y su cálida voz que hacía latir mi corazón.
(...)
Até mis libros, cerré mi maleta y fui a despedirme de Monsieur Moris. Todo lo que abandonaba en ese momento se cubría de un silencio triste, desesperanzado: nuestras habitaciones, los salones con los muebles cubiertos con fundas, la escalera. En medio del monótono murmullo del otoño, también el parque se cubría de silencio. Por última vez sonó la puerta y rechinó la llave. Y también tras de mí guardó silencio mi avenida de tilos, semejante aquella mañana a un monumento erigido para perpetuar algo desaparecido hace mucho tiempo, algo que ya no existe ni aquí, ni en mi país, ni en ninguna parte del mundo. "


Nina Berbérova (San Petersburgo, 1901-Filadelfia, EEUU, 1993), 
escritora rusa famosa, entre otras cosas, por narrar la vida de 
los exiliados rusos en París. Esposa del también escritor Vladislav 
Jodasévich.

Vivió en París desde 1925 a 1950, año en que se estableció en EEUU, 
donde trabajó para las universidades de Princeton y Yale.

NELLY SACHS





Amo a mi amo

Amo a mi amo.
Recolecto broza cada día para encender su fuego.
Amo sus ojos azules.
Soy un cordero en sus manos.
Derramo miel en sus oídos.
Amo sus manos,
las pócimas de hierbas que me ofrece.
Mi amo me muerde y me subyuga.
Y mientras aviento su cuerpo
me narra leyendas secretas y olvidadas.

             
Quién vació la arena de vuestros zapatos?

Quién vació la arena de vuestros zapatos
cuando debíais levantaros de la muerte?
La arena que Israel se trajo a casa
¿su arena errante?
La arena ardiente del Monte Sinaí,
fundida en la garganta de los ruiseñores,
fundida en las alas de las mariposas,
fundida en el ansia de polvo de las serpientes,
fundida en todo lo que mana de la sabiduría de Salomón,
fundida en el sabor amargo del ajenjo escondido.

Oh vosotros, dedos
que vaciasteis la arena del zapato de los muertos,
¡seréis mañana el polvo
que llene los zapatos de los que han de venir!


                              Versiones de Carlos Morales



MARÍA DEL CARMEN MARENGO




Un padre
que te suelta
la mano
un segundo antes
de que mueras.

Si sólo supieras
que no quería dejarte.


*


Y caminamos solos
por el día y por la noche.
Desde aquel día
caminamos solos.

Y todavía hay quienes ven
las huellas
del que nos llevaría
de la mano.


*

Y nos convertimos
en niños
que van cantando
con una escudilla.
Nos convertiríamos
en estatuas,
de esas que se deshacen
con solo tocarlas.


*


De pronto
nos dimos cuenta
de que íbamos a ser huérfanos.

El cielo
se nos vendría encima
como castigo.


*


Si te abandonan
como a un niño,
como a una niña,
en el viento,
frente al mar.
¿Adónde crees
que irías a buscar
las palabras
que te faltan?



*


Que iban a estar ahí,
inmutables.

Un mundo para nosotros,
alrededor de nosotros,
cuidándonos,
viéndonos.


*


Todo el abandono
podría compararse
con esta pequeña tarde.



*

Levanto el barrilete
y las nubes negras
me avisan
“Está cerca”.

Pobrecito
el barrilete solo
y la niña sola.


*


Una red
que te envuelve y te acaricia,
te cuida
y te abraza.
Una red de dulces hilos,
como a pez de juguete,
para dejarte
en el mar.


*


Volvieron a ser niños
cuando abandonaron
el Paraíso




                     de El camino de los ángeles


MCM(Balnearia, 1968). Ha publicado en poesía El fuego invisible,
El camino de los ángeles y El libro de los jardines y los abismos.
En ensayo, Geografías de la poesía. Representación del espacio y
formación del campo de la poesía argentina en la década del cincuenta.
Y la nouvelle El legado. Recibió el premio Luis de Tejeda en ensayo en
2005. Es docente de la UNC.

VLADISLAV JODASEVICH






¡Amigos, amigos! Quizás pronto,
no en sueños, sino en realidad,
de súbito cortaré el hilo
de las conversaciones vacías.

Obedeceré solo el sonido
del alma, que sin cesar canta,
levantaré las manos al aire
con la flor que en ellas crepita.

Yo miro y descubro
un mundo, un camino de flores,
si ustedes están de acuerdo
juntos lo podemos cruzar.


                                    1921


             Trad. Jorge Bustamante García

PEDRO MADUEÑO


el autor


















RETRATOS


'La mujer con la que estás tiene que interesarte mucho para descubrirla'

                                                            Richard Ford


josé

hierro








Ferran Adria

Paisajes humanos
fernando arrabal


Antoni Tàpies

andrew wylie



bau_velodromo_marzo_marse_

                          Juan Marsé

eduardo chillida

Paisajes humanos
Nazario. Autor de cómics y artista. Barcelona, 


josé hierro



                                             Joan de Sagarra




               Miquel Martí i Pol




        El autor con una de sus obras


Pedro Madueño (La Carlota, Córdoba, 1961) es redactor gráfico de La Vanguardia desde 1983, profesión que ha compaginado con la docencia en diversas universidades 
de Barcelona, y ha sido galardonado con el Premio de Fotografía Fundació Vila Casas 2011 y el Premio Godó 
de fotoperiodismo 1996, entre otros.



ROGELIO RAMOS SIGNES




LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN MUERTAS


Habla Marilyn Monroe:
“Esta noche no le tendré miedo a los osos.
“Esta noche cantaré como cantan las muchachas
en una cabaña rodeada por la nieve.
“Esta noche volveré a llamarme Norma,
rociaré con barniz los viejos aviones que ya no irán a la guerra,
guardaré mi ropa íntima en la nevera,
reclamaré afecto con extraños modales
como el Monstruo de la Laguna Negra.
“Esta noche (4 de agosto de 1962)
volveré a posar para el señor Morán,
secaré el sudor de mis piernas
con el aire del metro levantándome la pollera
o con la respiración de Tony despeinándome.
Ensayaré un canto banal
para el presidente de los dientes amarillos,
remendaré paracaídas,
besaré a mister Gable como si fuese mi padre.
“Esta noche diré tonteras a la prensa,
renunciaré a entender por qué muere el viajante
en esa obra de Arthur que no vi en el teatro,
lloraré de alegría y reiré para ahuyentar la tristeza
como esas heroínas rusas que nunca interpreté
(yo, justo yo, american pin-up, hello, hello, por favor conteste).
“Esta noche escribiré con pintalabios en el espejo
que los comunistas también quieren a sus hijos,
que nadie deja cosa alguna tras de sí a su paso por Hollywood
y que los hombres con anteojos son muy monos.
“Esta noche tendré la última charla con mis ovarios,
me soñaré desnuda en una iglesia,
lata vacía tirada en un baldío,
baby-sitter de plástico, granjera, secretaria, corista.
“Esta noche me sentiré un frágil conejito de chocolate
a punto de ser mordido.
“Mañana seré eterna”.


ROGELIO RAMOS SIGNES (Del libro “La casa de té”, Ediciones
en Danza, Buenos Aires, 2009)


JOSÉ HIERRO

Aniversario José Hierro


Con las piedras, con el viento...


Con las piedras, con el viento
hablo de mi reino.

Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.

Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
con las piedras, con el viento.

Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.

             De "Con las piedras, con el viento" 1950


JH, nacido y fallecido en Madrid(1922-2002).
Entre sus obras, destacamos Alegría (1947), Quinta
del 42 (1952), Libro de las alucinaciones (1964) y
Cuaderno de Nueva York (1998), la mayor venta de la
poesía española reciente.

JOSÉ HIERRO




PARA UN ESTETA


Tú que hueles la flor de la bella palabra
acaso no comprendas las mías sin aroma.
Tú que buscas el agua que corre transparente
no has de beber mis aguas rojas.

Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso
nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda
ni cómo vida y muerte -agua y fuego- hermanadas
van socavando nuestra roca.

Perfección de la vida que nos talla y dispone
para la perfección de la muerte remota.
Y lo demás, palabras, palabras y palabras,
¡ay, palabras maravillosas!

Tú que bebes el vino en la copa de plata
no sabes el camino de la fuente que brota
en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura
con tus dos manos como copa.

Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.
Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.
Y olvidas las raíces ("Mi Obra", dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.

Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.
Y hechos un solo río os vertéis en el mar,
"que es el morir", dicen las coplas.

No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer moler la muela con tu agua transitoria.
Tu fin no está en ti mismo ("Mi Obra", dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día
por la música de otras olas.


                                  De Quinta del 42, 1952