domingo, 30 de septiembre de 2012

ROGELIO RAMOS SIGNES




La mirada cómplice


Párate frente al espejo
sin miedo, sin ropa, sin complejos.
Acomoda el orden vanidoso de tu pelo
con algún ademán copiado de tu padre.
Como si fueses tu hermano,
ensaya un gesto de vigor.
Aspira profundo. Mira de soslayo.
Perfúmate las axilas y no sufras.
Es tu madre quien te mira desde el espejo.
Todo está en orden.

                                     (Del libro “El décimo verso”)



Pin up siglo XXI


Le pregunté qué vamos a hacer esta noche. Ella dijo: “Cahuenga
Langa-Langa-Shoe Box Sopa”. Pienso que será mejor seguir intentando
hasta que lo hagamos bien. Tala mala Sheela Jaipur dhoop.”
(Traveling Wilburys, en “Margarita”)

Ella era una de esas chicas que tararean canciones
mientras uno les habla, que a veces mastican chicles
o escriben mensajitos en el teléfono móvil
o escuchan música en el MP3 mientras uno les habla.
Ella era una de esas chicas que tienen 40 pares de zapatos
en una caja bajo la biblioteca,
que se acuestan con un hipopótamo de peluche
cuando hay tormenta eléctrica y llueve a lo pavote,
que todavía están comiendo su tarta de verduras
cuando los mozos del bar ya han comenzado a apilar las sillas
y bostezan con el repasador colgado en el hombro.
Ella era una de esas chicas que reproducen diálogos
de vaya uno a saber quién demonios
le dije y me dijo y me dijo y le dije
hasta que cualquier balcón te viene bien para saltar al vacío.
Ella era una de esas chicas que necesitan hablarlo todo
casi 90.000 palabras del diccionario
para hablarlo todo, mientras tropiezan, caen,
compran terrenos al decir de las viejas
en cualquier camino que se les ponga por delante.
Ella pensaba en la muerte pero hablaba de la vida,
para disimular.
Ella era una de esas chicas que suelen cambiarle el compás al corazón
y sueñan con un estetoscopio.
Ella, exactamente ella, era una de esas chicas.

                                                                                    (Inédito)


Gente que va por lana


Pido por tus mayores lo que nunca pedí por los míos
y el desierto se vuelve más desierto en la mesa familiar de los domingos.

Desciendo a la tumba de quienes nunca resucitan
sólo para ver qué pueden necesitar para un nuevo evangelio
y las damas del templo levantan un iglú alrededor de mi equipaje.

Expulsado del pueblo, revendo estampitas en las afueras;
esas que dicen “Escóndeme bajo la sombra de tus alas”.

Pasadas las fiestas, cuando el viento de la ciudad se transforme
en un fantasma sin resuello corriendo por las azoteas,
volveré a ocupar la tierra abandonada por simple cobardía,
volveré a orinar el territorio donde pastaban los corderos,
regresaré a la fuente de la perdición, donde se laven los platos
de cualquier cena de trece comensales que no intente ser la última.

Todo será desolación en las vidrieras que reflejan el parque
cuando el sol decolore los carteles que anuncian la cerveza de moda.

Creo que veranear en la cornisa ya no tendrá encanto para mí.

                                                                                       (Inédito)


Rogelio Ramos Signes (1950, San Juan, Provincia de San Juan,
Argentina). Reside en Tucumán.


ROGELIO RAMOS SIGNES





Cuando aúlla el viento zonda


Recostada a oscuras sobre la cama de siempre
      sin blusa
      sin revólver
      sin proyecto
teme que el techo se derrumbe en su ombligo
y la tía dormida se largue a los gritos.

Contra las paredes calientes que miran al campo
      y a la altura donde los murciélagos
      prueban la eficacia de sus radares
imagina en detalle la taza de café
derramándose sobre el libro de Pavese.
“Viento maldito” dice entre dientes.
“Viento de fuego”
pero ni siquiera intenta cerrar las ventanas.

Fingiendo no saber que ya es la medianoche
      hora en que la soledad se define por sí misma
descubre que no tiene los dedos suficientes
como para una contabilidad exacta
de sus arrepentimientos.
“Mamá, mamá
      -susurra mirando el techo donde crujen las vigas-
aquel muchacho no era lo que parecía.
El amor toma formas caprichosas
cuando el calor es tanto”
pero tampoco le alcanzan los dedos
para contar los años que su madre
ya no está en este mundo.

Recostada a oscuras sobre la cama de siempre
      sin blusa
      sin revólver
      sin proyecto
(si se quiere, a resguardo de una ciudad mortecina
sitiada de crímenes)
mide en kilómetros
la distancia que la separa del cajón de los remedios
      simple cajón desbordado de trágicas propuestas
junto a la puerta donde sólo llama
el viento zonda que aúlla enardecido.


           (Del libro “Soledad del mono en compañía”)



Ojos claros


Buscando el fresco en las partes más umbrías del viejo edificio
(como a una cápsula de vida en medio del infierno de la siesta)
la carnosa novicia se masturba por segunda vez en el día.
Lo ha conversado con Dios, y al parecer le ha dicho que bueno,
por lo que ya no es un secreto.
“Los hombres son bestias que suceden en el mundo”
se dice mientras trabajan sus dedos laboriosos
“energúmenos que se ufanan hasta de su ignorancia,
seres horizontales que se cotizan por centímetros,
¡Escoria y carne!” grita, y cuando grita “¡Carne!”
sus nalgas tiemblan sobre la fría textura de las mayólicas.
Es un poema que ella improvisa para ayudarse:
sin poema no habría orgasmo y sin orgasmo no habría ella,
así de simple.
Frente al espejo donde sus superioras ya ni se miran
la carnosa novicia ensaya gestos que pertenecen al mundo,
minuciosa exploración de sus senos
(este ganglio, aquel poro dilatado),
axilas depiladas hasta el límite
en que el terciopelo se transforma en seda.
En lo lento de sus parpadeos, en cada beso suyo sobre su propio brazo
los hombres de la tierra (esas bestias carnívoras que viven en los sueños)
inclinan sus cabezas, uno a uno, frente a la misma guillotina,
frente al mismo almanaque de Los Alpes nevados
donde ella seca su transpiración mientras resuella.

Ya se sabe que las mujeres de ojos claros también se quedan solas.


Reescritura del poema perdido “Reflejos de una monja orinando
en un balde” (Del libro “La casa de té”)


Rogelio Ramos Signes (1950, San Juan, Provincia de San Juan,
Argentina). Reside en Tucumán.

PEDRO DONANGELO






Enésimo abordaje a los árboles esfumados

desde mi punto de observación,
el agua declinará en un techo hasta el marco negro de la ventana.
Un recuadro de este momento indicado provisoriamente como frágil.
Difusa la vida, el tema, techo mediante, ruido y silencio presentes,
se escabulle como aparece
“los árboles esfumados del Bajo Belgrano”
Y en algún lugar (de la página) la luz pulverizada en la curva.



Envíos a domicilio

un día pediste amor
y toqué el timbre.

Pegatinas como piezas de museo condecoran la puerta
de la heladera, pero a quién llamar
que no demore
una motocicleta de emergencias del alma.

Nosotros, los breves invitados,
apagamos las luces en la noche clara.
Sólo la luz emigrante desde un vidrio esmerilado,
enfoca los restos de una pizza,

alabados restos
por la luz de al lado
y los vestigios de las constelaciones.




PD(Buenos Aires, 1949). Fue coordinador del Taller Literario
Mario J De Lellis. Participó en talleres de investigación creativa
(Taller de escritura de Alberto Mediza y Grafein).
Publicó entrevistas literarias. Dossier de la revista Periscopio “La
nueva poesía rioplatense”. Poesía argentina 1983 (Ed. de Belgrano).
Participó en la revista Mascaró. Seleccionado por la editorial Abaco
de España para integrar una antología.


MARÍA DEL CARMEN COLOMBO





TENGO FACILIDAD PARA PERDER…

Tengo facilidad para perder
objetos queridos sobre todo
aquellos felices y los otros
recuerdos en mi mente
se deshacen. Acaso me prepare
para el futuro y ejercite
sin nostalgia
ni culpa la desaparición
final: una casa, una calle, nada
queda de mí. Cada día
me acerco más a lo que soy,
artesana del olvido.



LA MONTAÑA

Si fuera segura
como una montaña –las cosas
claras, la palabra
precisa–. Si fuera calma, una
piedra de quietud, mi derrotero
culminaría –seguramente–
en la cima de la cordura
y así colmada miraría
desde allí:
un ojo de vértigo, el otro
abismo.



MENSAJE

Las escrituras me sujetan
al orden de mi hermano
pero yo, Magdalena, la descalza,
en sueños soplo
y con mi llanto deshago
las hojas cinceladas
de la gran catedral

Ah mi querido Pedro
cuánto darían por llorar
sobre tu nombre seco de vigilias
los hacedores de este mundo
breve e inasible

Mejor mi pelo
emocionado en su caída
que tu acabado monumento
hacia el cielo

Precario el que padece tu perduración
Yo solo resucito


En “El Jabalí, revista ilustrada de poesía”, Nº 13, Año VIII, 2001. Director:
Daniel Chirom.


María del Carmen Colombo nació en Buenos Aires en 1950. Poeta. Coordina
talleres literarios desde 1980. Su blog blogdelamasijo.blogspot.com.ar/

                                     aromitorevista.blogspot.com.ar

WILLIAM CARLOS WILLIAMS





Paisaje con la caída de Ícaro


De acuerdo con Brueghel
era primavera
cuando Ícaro cayó

.

Un granjero araba
su terreno

.

Toda la pompa
de la estación
despertaba
estremecida

.

cerca
de la orilla del mar
pendiente
de sí

.

sudando al sol
que derretía
la cera de las alas

Insignificante
lejos de la costa
sonó

apenas un chapoteo
era
Ícaro ahogándose.

WILLIAM TURNER



TREN





MARK STRAND




Manual de poesía nueva
           
                                                  Para Greg Orr y Greg Simon



Si un hombre entiende un poema,
tendrá dificultades.

2
Si un hombre vive con un poema,
morirá solitario.


Si un hombre vive con dos poemas,
le será infiel a uno.


Si un hombre concibe un poema,
tendrá un hijo menos.


Si un hombre concibe dos poemas,
tendrá dos hijos menos.


Si un hombre lleva puesta una corona cuando escribe,
será descubierto.


Si un hombre no lleva puesta una corona cuando escribe,
no engañará a nadie salvo a sí mismo.


Si un hombre se enfurece en un poema,
será despreciado por los demás hombres.


Si un hombre sigue enfurecido en un poema,
será despreciado por las mujeres.

10 
Si un hombre acusa públicamente a la poesía,
sus zapatos se llenarán de orines.

11 
Si un hombre renuncia a la poesía por el poder,
tendrá mucho poder.

12 
Si un hombre alardea de sus poemas,
será amado por los tontos.

13 
Si un hombre alardea de sus poemas y ama a los tontos,
no escribirá más.

14 
Si un hombre reclama atención por sus poemas,
será como un asno en el claro de luna.

15 
Si un hombre escribe un poema y alaba el poema de un amigo,
tendrá una amante muy hermosa.

16 
Si un hombre escribe un poema y alaba en exceso el poema de un amigo,
ahuyentará a su amante.

17 
Si un hombre se arriesga por el poema de otro,
su corazón crecerá el doble de tamaño.

18 
Si un hombre deja a sus poemas ir desnudos,
tendrá miedo a la muerte.

19 
Si un hombre tiene miedo a la muerte,
será salvado por sus poemas.

20 
Si un hombre no tiene miedo a la muerte,
podrá ser salvado o no por sus poemas.

21 
Si un hombre termina un poema,
se bañará en la estela vacía de su pasión,
será besado por la página blanca.

                         (extraído de "El ojo visceral")



MARIO ARTECA




Una insurrección familiar


El barco trayendo gran tranquilidad –arribó-
a 14 del noveno mes del tercer año del emperador
Süan tung, hacia el embarcadero de la mansión
de los Chao. Gran intranquilidad de Wei, casi
inmediata. Estaba a punto de alborear cuando
partió. En los salones de té y en las tabernas,
nada decían: silbaban las asperezas del agua
de limón así de buena para recuperar la flora
tras el decurso del malestar. La nao, ¿no?,
trajo mayor sosiego, escisión en el reposo,
y sólo la mujer de Tsou el Séptimo
insinuaba una versión opuesta de los hechos.
El señor pensó que eso no iba a perjudicarle,
aunque vio con sus propios ojos a guisa de qué
los ejecutaban, previa puesta en la pared:
el rezo a segundos de la descarga, la inepcia
de la táctica y el proyectil haciendo omisa
la trastienda. Igual que Chung cheng,
último Ming, ciñéndose el cogote ante
la llegada de los manchúes. Esos facciosos
con sus corazas, cascos blancos, y empuñando
sables, mazas de hierro con bombas
y culebrinas. Con tridentes de doble filo
(el segundo invisible, para extirpar todo
atajo de defensa), lanzas arponadas también.
Entraron en sus casas tras el desalojo,
escurrieron sus baúles, lingotes y monedas
de plata, aquello un monograma de saqueo,
póliza. Al Templo Tutelar llevaron esa cama
estilo Ning-po, la sumatoria de mesas y sillas.
Todo muy rápido antes de zumbar dos sopapos.
Después, los rayos del sol y cierto mareo.
Y por momentos palidecía. Fulgor en los ojos
y ese brillo hinchado por la fatiga contra
la pared bien indistinta. Desplomado. Pagoda
de azúcar ante el embate de las olas. Luego
hizo sonar un gong junto al oído; lavó las tazas
y los palillos, poniendo manos a la obra. Dejó
hablar a las riquezas para que fuesen (Brodsky)
“el fracaso del tiempo frente al hierro fundido”.
El alcohol en el pescuezo y esos poros abriéndose
ante el aire repleto de proximidades, consigo.

                                               (de Cuello Mao, inédito 2000)



Kierkegaard en Chengdu (un azote)


Ser espía de Dios, correctivo
de la Iglesia, el punto. Capuana,
somanta, solfa. Luego buscará
aliados hasta madurar un género,
de inmediato socializa. Ello
se convierte en masa amorfa
y se corre peligro a cada instante.
Por suprimir aquello efímero
y lo que se previó, toma ahora
consistencia, cuaja (pepsina
más diastasa) condiciones
seguras donde el hombre fuera
responsable. En el fondo no llegó
al punto de destruir el cuerpo
místico: cierta forma de cristiandad
o régimen. Eso. Las Escrituras
no son nada, apenas cosa histórica.
Nadie dijo nada y sin embargo
alguien habló, una voz proviene
de allí. Alguien comenzó a hablar
pero nadie dijo nada. Tertium
non datur. Llegará a un mensaje
genuino: una palabra dicha no
resuena cuando la claridad juega
en lo abierto y lucha con la sombra.
Y eso allí, recuperado (modalidad
naufragio), e indivisible: el momento
cuando Dios retira de su criatura
la calma de una marea y desciende.


Mario Arteca (La Plata, Argentina, 1960). Publicó en poesía: 
“Guatambú” (2003), “La impresión de un folleto” (2004) y 
“Bestiario búlgaro” (2004). Integra la antología de poesía 
neobarroca Jardim de Camaleôes(2004)