lunes, 24 de septiembre de 2012

E.E.CUMMINGS




si yo Te amo
(se adensan
mundos habitados por errantes
severas lucientes hadas

si tú me amas) distancia es mente delicadamente
encendida de gnomos incontables
del total sueño

si nos amamos uno (con timidez)
al otro, lo que nubes hacen o Silenciosas
Flores raya en belleza
menor a nuestro aliento


***


la luna se oculta en
sus cabellos.
El
lirio
del cielo
colmado de sueños,
se desploma.

cubre su brevedad en el canto
encierra en redes pájaros desmayados
por margaritas y crepúsculos
La ahonda.

Declama
sobre su
cuerpo
de la lluvia

esparcido murmullo.


***


desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo

cercado en el enredo de tus brazos hasta
una oscuridad donde nuevas lucen nacen y
crecen,

hace tiempo tu ánimo ha entrado en
mi beso como un extranjero

en las calles y colores de una ciudad-

que tal vez he olvidado
cómo, siempre (con
qué apresurada crudeza
de sangre y carne) Amor
acuña Su más gradual gesto,

y aguza vida a eternidad

     después nuestras mitades separadas llegarán a ser museos
repletos de memorias bien colmadas


***


de la mentira del no
surge una verdad del sí
(ella misma sólo y quien
es ilimitadamente)

hace entender a los tontos
(cómo me aburro) que no
todo el furor del pensar
es igual a una violeta

                                                Trad. de Alfonso Canales




BLAS MATAMORO





Onetti entre dos fuegos

                                            Por Blas Matamoro


Cuando Onetti sale a la palestra, en la década de 1930, la narrativa rioplatense enciende un par de fuegos contrapuestos. Uno arde por la tradición realista, que data del siglo xix y se concentra en el estudio de prototipos sociales y modismos del habla. Otra se vuelca hacia las historias fantasmales con tiempos congelados o circulares, muertos y aparecidos que insisten en la vida de los vivos. En esquema: una sigue atendiendo a la historia, la otra la niega. Manuel Gálvez y Enrique Amorim, de un lado. Del otro, Borges y Bioy Casares.

A esta dicotomía poco podría aportar la herencia de las vanguardias. En general, habían afectado más a la lírica que a la épica y, por otra parte, sus principales valedores se encargaron de criticarla cuando no de denostarla. En pie sólo quedaba un vanguardista en activo, Oliverio Girondo, autor de versos.

Haciéndose cargo de estas tensiones, Onetti propone conciliarlas, a la vez que compartirlas, con una apelación al existencialismo. Provenía, cómo no, de Francia, pero rescataba para el Occidente lector de francés, a Kafka. Más cerca, la obra de Unamuno llevaba a Kierkegaard y este a Pascal y este, a Agustín de Hipona.

En efecto, el gesto narrativo de Onetti parece realista. Tipos medios, ambientes reconocibles, conversaciones prudentes, gusto por lo gris, lo sórdido, lo rutinario, lo olvidable. Pero, cuando los personajes de La vida breve se «escapan» hacia la recién fundada —narrativamente— Santa María, que será el escenario de una descoyuntada saga social, entonces la obediencia realista se quiebra.

Santa María es una ciudad de tiempos coagulados, de existencias fantasmales, de empresas a medio hacer y abandonadas, de prestigios falsamente cimentados en el delito y la mentira. Su historia está deshecha antes de hacerse y el paso de los días y los años no significa nada como elaboración de sentidos. Su cifra es ese astillero con su puerto de aguas estancadas, donde nada se repara ni se construye, un rótulo que no refiere ningún contenido. Los dirigentes repiten discursos ya pronunciados, que todos oyen y nadie escucha.

El existencialismo sirve a Onetti para unir el gesto con la narración, la retórica con el mensaje. Su mundo es un mundo de seres abandonados, cuya existencia es ese estar arrojados en un paisaje histórico donde la historia ha perdido todo su valor. La religión, la política, la industria son discursos estructurados pero anómicos, tienen validez formal pero no vigencia material.

Esta búsqueda existencial se vincula a la eclosión de las filosofías de la existencia en el Río de la Plata. Discípulos de Husserl, como Francisco Romero, o de Heidegger, como Carlos Astrada, introducen la imagen del hombre existencial: arrojado y abandonado a un mundo inhóspito, al cual la existencia le preocupa y la libertad le produce angustia. Otros escritores, como Ernesto Sábato, andarán por una huella similar a la onettiana. Se tratará de buscar sentidos para adjudicarlos a la vida, en la revolución política, en la iluminación mística o, simple y llanamente, en la historia misma como narración, o sea en la literatura.

Lo único que sirve para la construcción de sentidos es la propia narración. Es como si el escritor acudiera compasivamente en ayuda de sus personajes y los persuadiera de que son memorables, que merecen perpetuarse en un texto, aun al precio de mostrar en público su miseria y su inercia. Hasta el mismo estilo elaborado y puntilloso de Onetti, su exhibir con densa convicción el hecho de «estar escribiendo literatura literaria», parece indicar, subrayándola, esa maniobra de correr en auxilio del desamparo y la desolación de sus criaturas.

Tal vez en este cruce se pueda hallar el puesto que el narrador, un narrador aparentemente ajeno a lo que cuenta, en actitud doctrinalmente realista, ocupa en el texto. No es tanto el que narra sino el que escribe con fruición de lenguaje, con eso que algunos llaman estilo, acaso recordando que estilo es estilete, punzón que graba signos perdurables en una superficie dura y resistente.

Onetti se aquerencia en Santa María, paisaje alegórico del estancamiento que la historia alcanza en el Río de la Plata tras la Gran Depresión. En grandes textos de novela como Juntacadáveres o en relatos más breves como La muerte y la doncella, queda retratada una sociedad fantasmal, la que se transformó en espectro del pasado sin llegar a tener, del todo, cuerpo presente.


BM(Argentina). Director de la revista Cuadernos Hispanoamericanos,
escritor y crítico literarioEs autor de los libros de ensayo: La ciudad 
del tango, Oligarquía y literatura, Saber y literatura, Por el camino de 
Proust, Genio y figura de Victoria Ocampo, Rubén Darío y Puesto fron
terizoHa publicado los libros de narrativa: Hijos de ciego, Viaje prohi
bidoNieblas, Las tres carabelas y Ambos mundos.
Ha traducido a Stéphane Mallarmé, Paul Valéry. J.Ch. Hölderlin,
Vincenzo Caldarelli y Rainer María Rilke.

EVGUENI EVTUCHENKO


El poeta ruso, Evguéni Alexándrovich Evtuchenko, durante su
presentación en Casa de la Cultura de Quetzaltenango


















SONRISAS


Tenías un tiempo muchas sonrisas:
maliciosas, alegres, asombradas sonrisas,
un poco tristes a veces, pero sonrisas.

No te ha quedado una sola de aquellas sonrisas.
Buscaré un campo donde haya a millares sonrisas.
Te traeré una brazada de bellas sonrisas.

Pero tú me dirás que no necesitas sonrisas
porque estás muy cansada de todas las sonrisas.
Yo estoy cansado también de tantas sonrisas.

Yo estoy cansado también de mis propias sonrisas.
Yo me defiendo con muchas sonrisas
y me hacen más serio aún mis sonrisas.

Pero, en el fondo, no tengo sonrisas.
En mi vida tú eres la última sonrisa,
sonrisa en cuya cara no hay nunca sonrisas.



                            De "Entre la ciudad sí y la ciudad no"

EVGUENI EVTUCHENKO




Conversación con un escritor americano


Me dicen:
–Eres valiente–
No.
Yo nunca fui valiente.
Juzgaba indigno, simplemente,
rebajarme con mis compañeros cobardes.
No demolía instituciones.
Tan sólo me reía de lo falso,
lo engolado.
Escribía artículos.
No denuncias.
E intentaba decir todo
lo que pensaba.
Sí,
defendía a la gente de talento,
señalaba a los que, sin tenerlo,
querían meterse a escritores.
Pero eso es un deber,
aunque hablen siempre de mi valentía.
Con amarga vergüenza recordarán
nuestros descendientes
–cuando hayan vencido la infamia–
aquellos tiempos
extraños
en los que
a la simple honradez
llamaban valentía...


                                    (De Ternura)

SAMUEL BECKETT




Malacoda


tres veces vino
el hombre de las pompas fúnebres
impasible bajo el bombín de piel
para medir
¿no está acaso pagado para medir?
a este incorruptible en el vestíbulo
a este malebranca¹ que los lirios cubren hasta las rodillas
Malacoda con lirios hasta las rodillas
Malacoda² no obstante el experto terror
que felpa su perineo extingue su señal
suspirando hacia arriba por el aire pesado
¿debe ser así? debe ser debe ser
encuentra los crespones cógelos del jardín
escuchar puede ver pero no es necesario

sepultar en el féretro
con unos ayudantes ungulata³
encuentra los yerbajos reclama su atención
escuchar debe ver pero no es necesario

cubrir
estar seguro de cubrir cubrirlo todo por encima
tu escudo déjame coge tu azufre
vidrio canicular divino hermoseado
espera Scarmilion² espera espera
coloca este Huysum en la caja
y observa bien la imago eso es él
escuchar debe ver ella debe
todos a bordo todos l0s espíritus
a media asta sí sí

no


                              Versión de Jenaro Talens


NOTAS DEL TRADUCTOR:

¹ malebranca: -alusión posible a dos fuentes distintas: 1˚ nombre de los
demonios de la 5ª bolgia del Inferno dantesco, y 2˚ nombre del filósofo
del s. XVII, Malebranche, sacerdote del Oratorio, formulador de una
filosofía racionalista, unión del pensamiento de S. Agustín y del cartesia
nismo. Aunque por ambos lados  -Dante y Descartes-  se puede estable
cer una relación con Beckett, nos inclinamos por la 1ª solución, por razo
nes fácilmente explicables con la nota siguiente.

² Malacoda y Scarmilion:  -diablos dantescos, citados en Inf. XXI, 76, y
105, respectivamente.

³ ungulata:  -ungulados. En latín en el original.
 imago:  -imagen. En latín en el original.

 Huysum:  -Juan Van Huysum. Pintor holandés (1682-1749).

SAMUEL BECKETT




Da tagte es¹

redime lo que reemplaza a los adioses
la sábana de agua que navega en tu mano
a quienes nada tienen ya para la tierra
y el espejo sin niebla encima de tus ojos.


NOTAS DEL TRADUCTOR:

Escrito también a raíz de la muerte de su padre.
¹da tagte es:   -entonces (o allí, en sentido temporal) amaneció.
En alemán en el original.



Gnomo

Pasa tus años de aprendiz derrochando
Valor por tantos años de ir vagando
A través de un mundo que con cortesía
De la torpeza de aprender se libra


NOTAS DEL TRADUCTOR:

Inspirado por el Xenien de Goethe, se publicó por primera vez
en el Dublin Magazin,vol.IX (julio-septiembre de 1934)



Los huesos de eco

asilo bajo mis huellas todo este día
sus sordas francachelas mientras la carne cae
hendiendo sin temor ni  viento favorable
guantílopes del sentido y el absurdo transcurren
tomados por los gusanos por lo que en verdad son


                     Versiones de Jenaro Talens

EDGAR LEE MASTERS



Foto: De Anthology de Edgar Lee Masters 'Spoon River: "Reverendo Peet Abner" No tenía objeción alguna a la venta de mis efectos personales en una subasta en la plaza del pueblo.  Se dio a mi amada grey la oportunidad de conseguir algo que había pertenecido a mí por un memorial.  Pero ese tronco que fue golpeado apagado Para Burchard, el grog-keeper!  ¿Sabía usted que contenía los manuscritos de toda una vida de sermones?  Y los quemó como papel usado.  *** Edgar Lee Masters nació en esta fecha, 23 de agosto de 1869.  La imagen adjunta es un óleo sobre lienzo de 1946 por Francis J. Quirk (1907-1974).  Se trata de la colección de la National Portrait Gallery, un regalo del artista.


Reverendo Peet Abner

Yo no tenía objeción alguna
a la venta de mis efectos personales en una subasta
en la plaza del pueblo.
Dio a mi amada grey la oportunidad
Para conseguir algo que había pertenecido a mí
por memoria.
Pero ese tronco que se sacudió
Para Burchard, el grog-keeper!
¿Sabías que contenía los manuscritos
de toda una vida de sermones?
Y los quemó como papel usado.

                          De Antología de Spoon River


Edgar Lee Masters nació en el 23 de agosto de 1869.
La Imagen adjunta es un óleo sobre lienzo de 1946 por
Francis J. Quirk (1907-1974). Se trata de la colección

de la National Portrait Gallery, un regalo del artista.


EDGAR LEE MASTERS



Theodore el poeta

Cuando eras chico, Theodore, te sentabas
por muchas horas a la orilla del turbio río de Spoon
con la mirada penetrante y fija en la entrada
de la cueva del cangrejo,
esperando a que apareciera y avanzara,
primero sus antenas ondulantes, como pajas,
y luego su cuerpo grisáceo
adornado con ojos azabaches.
Y te preguntabas, ensimismado,
lo que él pudiera saber o desear, y por qué existía.
Pero más tarde su sueño se posó en los hombres
y en las mujeres que se escondían entre las madrigueras
del destino de las grandes ciudades,
esperando a que sus almas se descubrieran
de manera que pudieras ver cómo y para qué vivían,
y por qué se arrastraban tan afanosamente
a lo largo de la senda arenosa donde el agua se rezuma
de la misma forma que el verano languidece.



Theodore the Poet

As a boy, Theodore, you sat for long hours
On the shore of the turbid Spoon
With deep-set eye staring at the door of the crawfish's burrow,
Waiting for him to appear, pushing ahead,
First his waving antennae, like straws of hay,
And soon his body, colored like soap-stone,
Gemmed with eyes of jet.
And you wondered in a trance of thought
What he knew, what he desired, and why he lived at all.
But later your vision watched for men and women
Hiding in burrows of fate amid great cities,
Looking for the souls of them to come out,
So that you could see
How they lived, and for what,
And why they kept crawling so busily
Along the sandy way where water fails
As the summer wanes.

                        En Antología de Spoon River

Trad. Hernán Vargascarreño

EDGAR LEE MASTERS




Harold Arnett

Me apoyé contra la repisa de la chimenea, enfermo, enfermo,
pensando en mi fracaso, mirando el abismo,
debilitado por el calor del mediodía.
Una campana de iglesia repicaba a lo lejos, como un lamento,
oí el llanto de un bebé
y la tos de John Yarnell,
en cama, afiebrado, afiebrado, muriéndose,
y luego la voz violenta de mi esposa:
“¡Cuidado, las papas se están quemando!”
Las olí… y tuve una irresistible repugnancia,
apreté el gatillo… oscuridad… luz…
un indescriptible arrepentimiento… quise recuperar a tientas el mundo.
¡Demasiado tarde! Así fue cómo vine hasta acá
con pulmones para respirar… acá uno no puede respirar con pulmones,
pero uno debe respirar… ¿De qué le sirve a uno
librarse del mundo, cuando ningún alma
puede alguna vez escapar del eterno destino de la vida?

                                 Versión de Tom Maver

EDGAR LEE MASTERS





La Colina


¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,
el abúlico, el de brazo fuerte, el payaso, el borrachín, el peleador?
Todos, todos, están durmiendo en la colina

Uno se fue en una fiebre,
uno ardió en la mina,
uno lo mataron en una riña,
uno murió en la cárcel,
uno cayó de un puente mientras trabajaba para su esposa e hijos.
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina.

¿Dónde están Ella, Kate, Mag, Edith y Lizzie?
la de corazón tierno, la ingenua, la ruidosa, la orgullosa, la feliz?
Todas, todas, están durmiendo en la colina.

Una murió en un parto vergonzoso,
una por un amor desgraciado,
una a manos de un bruto en un burdel,
una por el orgullo despedazado mientras buscaba un ideal,
una, persiguiendo la vida en las lejanas Londres y París,
fue traída a su pequeño espacio por Ella y Kate y Mag.
Todas, todas están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina.

¿Dónde están el tío Isaac y la tía Emily
y el viejo Towny Kinkaid y Sevigne Houghton
y el alcalde Walker, que llegó a hablar
con venerables hombres de la revolución?
Todos, todos, están durmiendo en la colina.

Les trajeron hijos muertos de la guerra,
hijas aplastadas por la vida
y a sus hijos huérfanos, llorando.
Todos, todos están durmiendo, durmiendo, durmiendo en la colina.

¿Dónde está el viejo violinista Jones
que cantó la vida todos sus noventa años
enfrentando la nieve a pecho desnudo,
bebiendo, peleando, sin pensar ni en la mujer ni en la familia
ni en el dinero ni en el amor ni en el cielo?
¡Oídlo! Recuerda, balbuceante, el pescado frito de antaño;
las carreras de caballos de otrora en el bosque de Clary;
lo que Abe Lincoln dijo
una vez en Springfield.


La colina, poema que inicia la Antología Spoon River


Versión de Guillermo Angulo.

PIER PAOLO PASOLINI






Reaparición poética de Roma


Dios, qué significa ese sudario silencioso
que ondula sobre el horizonte…
ese ventisquero de moho —rosa
de sangre aquí— desde las faldas de los montes
hasta las ciegas encrespaduras del mar…
aquella cabalgata de llamas sepultadas
en la niebla, que hace confundir el llano
que va de Vetralla a Circeo con un pantano
africano que exhala un anaranjado
mortal… Es velamen de bostezantes y sucias
brumas enroscadas en pálidas
venas, incendiadas líneas,
ganglios en llamas: allá donde los valles
del Apenino, entre diques de cielo,
desembocan en el Agro vaporoso
y en el mar: pero —casi arcas o espigas
en el mar, en el negro mar granuloso—
la Cerdeña o la Cataluña
ardiendo por siglos en un grandioso
incendio sobre el agua que las sueña
más que reflejarlas, resbalando,
parece que acabaron por lanzar toda
su madera aún ardiente, toda cándida
brasa de ciudad o cabaña devorada
por el fuego, hasta palidecer en estas landas
de nubes sobre el Lazio.
Pero ya todo es humo, y os asombraríais
si, dentro de los escombros del incendio,
oyéranse reclamos de frescos
niños desde los establos o magníficos
tañidos de campana retumbando de hacienda
en hacienda, por los abruptos atajos
desolados que se vislumbran desde la calle
Salaria —como suspendida en el cielo—
a lo largo de ese fuego melancólico
perdido en un gigantesco desmoronamiento.
Ahora su furia se desangra y palidece
infundiéndole mayores ansias al misterio
allá donde —bajo esas polvaredas
flameantes, casi un empíreo sudario—
empolla Roma sus barrios invisibles.


                                   De La religión de mi tiempo


EMILE CIORAN




























EL ÚLTIMO DELICADO
(Carta a Fernando Savater)

París, l0 de diciembre de l976

Querido amigo:
En noviembre, durante su visita a París, me pidió usted que colaborase en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda... también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen? La desgracia de ser conocido se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor. Merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La consagración es el peor de los castigos para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de su género. A partir del momento en que todo el mundo le cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos, tenemos la impresión de aumentar la masa de sus «admiradores», de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída. Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa de ello.
Creo haberle dicho en otra ocasión que si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar, se puede pensar en un amigo de Rilke, Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo un excelente libro sobre la poesía inglesa (fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés...) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gogol, Kierkegaard y también del Magreb o de la India. Profundidad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal, al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dotar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, de un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos.
Nunca me han atraído los espíritus confinados en una sola forma de cultura. No arraigarse, no pertenecer a ninguna comunidad: ésa ha sido mi divisa y continúa siéndolo. Vuelto hacia otros horizontes, siempre he intentado saber qué sucedía en todas partes. A los veinte años, los Balcanes no podían ofrecerme ya nada más. Ese es el drama, pero también la ventaja de haber nacido en un medio «cultural» de segundo orden. Lo extranjero se había convertido en un dios para mí. De ahí esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías, de devorarlas con un ardor mórbido. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de Hispanoamérica, y he observado que sus representantes están infinitamente más informados y son mucho más cultivados que los occidentales, irremediablemente provincianos. Ni en Francia ni en Inglaterra veo a nadie con una curiosidad comparable a la de Borges, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, irreal.
Siendo estudiante, tuve que interesarme por los discípulos de Schopenhauer. Entre ellos, un tal Philipp Mainländer me había llamado particularmente la atención. Autor de una Filosofía de la liberación, poseía además para mí el aura que confiere el suicidio. Totalmente olvidado, yo me jactaba de ser el único que me interesaba por él, lo cual no tenía ningún mérito, dado que mis indagaciones debían conducirme inevitablemente a él. ¡Cuál no sería mi sorpresa cuando, muchos años más tarde, leí un texto de Borges que le sacaba precisamente del olvido! Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no sea más que para escapar a la asfixia argentina. Es la nada sudamericana la que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.
Puesto que le interesa saber qué es lo que más aprecio en Borges, le responderé sin vacilar que su facilidad para abordar las materias más diversas, la facultad que posee de hablar con igual sutileza del Eterno Retorno y del tango. Para él «todo vale», puesto que él mismo es centro de todo. La curiosidad universal es signo de vitalidad únicamente si lleva la huella absoluta de un yo, de un yo del que todo emana y en el que todo acaba: comienzo y fin que puede, soberanía de lo arbitrario, interpretarse según los criterios más caprichosos. ¿Dónde se halla la realidad en todo esto? El Yo, farsa suprema... El juego en Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo imitado. Friedrich Schlegel, hoy, se halla adosado a la Patagonia ...
Una vez más, no podemos sino deplorar que una sonrisa enciclopédica y una visión tan refinada como la suya susciten una aprobación general, con todo lo que ello implica... Pero, después de todo, Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas y, si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al «último delicado»...


[Publicado en el libro Ejercicios de admiración.]






E. M. Cioran (born 8 April, 1911; died 20 June, 1995, pictured above in a photograph, I believe from the late 1980s, by John Foley (© John Foley)
‘One of the Ancients said the doctrine of Epicurus has the “sweetness of the sirens.”  It would be a waste of effort to look for a modern system that would deserve such praise.’
‘“What is truth?” is a fundamental question.  But what is it compared to “How to endure life?”  And even this one pales beside the next: “How to endure oneself?” —That is the crucial question to which no one is in a position to give us an answer.”
—from Drawn and Quartered (1983; originally published in 1971; translated from the French by Richard Howard)  


via msodradek:


mhsteger:

Emil cioran, en su casa de París, en 1981