domingo, 23 de septiembre de 2012

KIM SU-YOUNG




El cielo azul


Celoso,
el poeta llamó libre a la alondra
al verla remontar el cielo azul;
pero eso tiene que ser modificado.

Aquellos que se elevan por los aires
por ser libres
saben bien
qué es
lo que la alondra ve
que la lleva a cantar;
entienden por qué el olor a sangre
debe mezclarse con la libertad,
entienden por qué la revolución
es un asunto solitario.

entienden cómo la revolución
es por fuerza un asunto solitario.


Kim Su-Young(Seúl, Corea, 1921-1968), estudió en 
Japón, en lo que hoy es la Universidad de Yonsei.
Luego trabajó como periodista y conferenciante 
ocasional. Durante su vida, Kim publicó sólo un vo
lumen de poesía, Tallara Ui Changnan en 1959. 


ENRIQUE SOLINAS




Enrique Solinas: Éxtasis y éntasis en el libro "Misales" de Marosa di Giorgio

Marosa di Giorgio (1932-2004) es una de las voces literarias ineludibles en el panorama de la literatura latinoamericana. Su obra presenta un corpus indiferenciado de textos híbridos, donde poesía y narrativa se iluminan entre sí, conversan, y ofrecen un mundo totalmente original. Influida por el modernismo de Darío y de Herrera y Reissig, por el surrealismo, la fábula como modelo a desarrollar y el cuento fantástico, ha dejado una obra  deslumbrante que está en inicios de investigación.
Misales es el primer libro de narraciones que publicó  Marosa di Giorgio en 1993. Está compuesto por 35 narraciones de variada extensión, cuyo eje central  y común denominador es un planteo sexual. Ante el éxtasis que atraviesa el libro, le sucede el éntasis hindú, y ambos se suceden en una continuidad que propicia una dimensión mística, que en apariencia se opone, pero que en un nivel reflexivo está en concordancia con el espacio espiritual creado.


1.  El misal

La palabra misal se aplicó por primera vez al Missale Romanum, libro que contiene  ceremonias, lecturas y oraciones para la celebración de la Santa Misa, según el rito romano. Se trata del libro litúrgico oficial de la Iglesia Católica, compuesto por tres partes: el ordinario de misa, el santoral y las misas de difuntos. Pese a que los misales existen desde la Alta Edad Media, la codificación definitiva de la liturgia romana llegó en 1570, por iniciativa del Concilio de Trento.
Si nos atenemos, en forma rigurosa, al concepto de Misal, comprobaremos que el libro de Marosa di Giorgio no coincide con el tipo textual expuesto, por lo que su título sería llamativo y transgresor, en relación a su temática. Por esta razón consideramos que las narraciones de Misales están construidas en relación al concepto de liturgia, del latín liturgīa, a su vez derivada del griego λειτουργία, que significa “servicio público”. Se trata del orden y la forma con que se realizan las ceremonias de culto en una religión, término extendido a otras ceremonias y/o actos solemnes que no son religiosos. Tanto un bautismo, un acto escolar, un casamiento o un cumpleaños, forman parte de una liturgia que obedece a ciertas reglas explícitas o tácitas.
            En el libro Misales la autora juega con estos dos conceptos de manera alternada, donde el espacio simbólico elegido y nominado existe en relación al culto católico (Misa de Pascua, El Alhelí de la misa, Hortensias en la misa, Misal de la novia, Misal del cura, Misal del novio, Insectos en la misa, Misal de la Virgen, Carnes en la misa, Misal final en traje de novia), pero que responde a la idea extendida de liturgia.

“Salió un perro-zorro y vino al ruedo. Tenía el hocico largo, trotó un poco y robó un huevo de los que estaban en las ventanas, de regalo. Lo llevaba entre los dientes sin apretar.
Volvió por otro y otro. Lo llevaba y volvía en la hora oscura del alba. Trabajando cautelosamente, con el hocico largo y húmedo y humectante…” (Misa de Pascua, p.13)

Este fragmento pertenece a la apertura del libro. El texto en sí no hace referencia a un lugar de culto, sino que el escenario planteado es un espacio abierto, cotidiano, un pueblo rural. Esto se debe a que, para Marosa di Giorgio, el mundo creado y expresado es el gran espacio sagrado, de naturaleza exuberante y ambigua, donde la vida sucede en constante y terrible resplandor.


2.  Extasis y éntasis

Entendemos por éxtasis un estado de arrobamiento del sujeto unido a su objeto, que produce la suspensión de los sentidos. La palabra griega significa concretamente “salir fuera de sí”, y es un estado de plenitud que dura un instante, asociado a la lucidez intensa y a la satisfacción. Por otra parte, éntasis es su consecuencia. Es común que se utilice ambos conceptos como sinónimos, pero no lo son en la óptica adoptada para este trabajo. Considerado el éntasis como una de las fases del proceso del yoga, es la retirada del alma en sí misma para orar. En el budismo representa una etapa hacia el nirvana. Es la unión por la concentración destinada a lograr la base de la paz interior. Si tomamos ambos conceptos, uniendo oriente y occidente, llegaremos a la idea de lo que conocemos como éxtasis místico. El salirse fuera de sí para entrar en sí.
Roberto Echavarren (2005) afirma que “Di Giorgio abre un aura sagrada y a la vez libertina, un amor casto y profano, una convivencia de lo místico y de lo carnal".  Ana Inés Larre Borges (1993) observa que “La perturbadora sensualidad que define toda su creación se transforma, en estos relatos, en franco erotismo”. Consideramos que el proceso que describe Echavarren en el libro Misales sucede de manera inversa: lo carnal es un camino hacia lo místico. Además, la sensualidad destacada por Larre Borges no queda traducida en un erotismo explícito, sino que lo trasciende. Ya como ejemplo podemos tomar el Cantar de los cantares, donde contemplamos la pérdida de lo impersonal con el placer del cuerpo. Pero esto no significa que el texto desea expresar ese placer y allí se queda, sino que lo expresa como deseo de unión con Dios. Para que esto suceda, es necesario despojarse de sí, olvidarse, desintegrar el yo.  El erotismo, nada más, es la representación de la unión mística.
En Misales, un narrador omnisciente se encarga de relatarnos las distintas historias que siempre tendrán una alusión sexual.


“Hay un vuelo y como si buscaran flores entran de golpe, insectos sexuales, gloriosos y temibles.” (Insectos en la misa, p.60)

El uso de un narrador protagonista hubiera confirmado el anclaje en el deseo erótico, pero este narrador realiza el primer movimiento hacia la búsqueda de aquello que está más allá de los hechos.


“Descendió el marido. Ella descendió.
- Sálveme. 
     Contestó el Ángel: - Aniquilaré al marido.
     Ella tembló.
     -Y lo reemplazaré yo.
     Ella tembló más.
     -Ya lo aniquilé, y ya.
     Todo quedó oscuro y diferente. Y todo se alumbró.
     Ella miró.
     Vio la figura alta, vaporosa, que había venido en la rueda (y que parecía su propia cola de novia), el rostro, los ojos de miosotis del cielo, pero ardientes, y la rosada lengua que ya le hacía una pavorosa señal.” (Misa final en traje de novia, p. 116)


El sexo adquiere aquí un matiz bestial (Misa final con murciélago, p. 76). Todos los seres se vinculan sexualmente de manera violenta, pero estas descripciones sirven para expresar la vida que existe en constante movimiento, la ebullición de los seres que a cada instante se conocen, se relacionan, se unen y mueren, para dar lugar a otros seres de la creación.

“Se oía en el fondo de los bosques, gritos de mujeres que tenían pasiones con los bichos. Algunas eran mordidas y casi asesinadas y se salvaban de un solo manotazo…” (La canción de los puercoespines, p. 105)

Pero este movimiento no tiene sentido en sí mismo, sino que se trata de la energía vital que hace perdurar al mundo. Lo masculino y lo femenino se confunden, se fusionan, para borrar así las características que los diferencian.  
Por estas razones, tanto éxtasis como éntasis se retroalimentan, dos elementos que no pueden existir de manera independiente, sino en eterna concordancia.

          
3. La creación y el éxtasis

El punto de contacto entre el libro Misales y la literatura mística es que la vía contemplativa e iluminativa es utilizada para acceder a la unión mística. Las representaciones que crea y conforman su universo literario se vuelven uno con el sujeto y es un medio para acceder a la vía unitiva. Lo notable de esta creación es que Marosa di Giorgio logra la naturalización de las acciones que forman parte de estos relatos. La vida, el sexo, la muerte, son descriptos con serenidad inquietante. Si bien podemos apreciar este camino trazado en los relatos, el espacio espiritual no aparece de manera evidente, sino que se instala en aquello que es brutal. Lo importante no es el acceso a lo trascendental, sino que una vez que accedemos a lo espiritual, qué es lo que podemos hacer con eso.

“El fuego venía rodeado de humo, de cosas, y casi la borroneaba, encendida como un ascua, todavía sentada al pie de la cama, sin acostarse. Y lo anulaba a él, del que quedaban allá arriba los ojos celestes.
Ella, antes de volverse nada, pelusa, oyó que él decía: - Mi nombre es Dios, no me reconociste.
Y quedó allá lejos, como lo que era, una estrella fija.” (Misa de Pascua, p. 21)

            Hay un sentido de vacío en la imagen, como señala Heinrich Suso, en tanto ésta no coincide con lo que debería ser o con la imagen del deseo. Por esta razón, el éxtasis expuesto en Misales, es una forma de placer que encuentra las formas del horror, Los personajes terminan aceptando el abuso, el crimen, la injusticia, la frustración, de la misma forma que aceptarían la felicidad. Terminan siendo una consecuencia de los avatares de la naturaleza. La creación, en tanto descriptiva, conduce al umbral del éxtasis místico.


4. Conclusiones

El éxtasis que subyace en Misales de Marosa di Giorgio presenta en apariencia un primer nivel de lectura que transgrede las convenciones, en tanto a la forma en relación con su contenido (lo religioso y lo profano). Pero en un segundo nivel podemos comprobar que ese éxtasis está en relación al éntasis que convive y se fusiona con éste, para transformarse en un éxtasis místico. Lo curioso es que – a pesar de no estar frente a una literatura mística en la acepción más clásica – estos textos podrían ubicarse en el pórtico del éxtasis místico, ya que éste no termina de suceder. El resultado es una consecuencia propia de la naturaleza que es propicia y al mismo tiempo, nefasta. Y las imágenes creadas, por insuficientes, por no coincidir con lo que espera el deseo, representan la nada, el vacío.
Lo erótico conduce a lo religioso, pero esta dimensión se presenta incompleta, injusta, feroz, frustrante. Y las escenas narradas terminan convirtiéndose en preguntas que cada cual deberá responder.

                                                                   Enrique Solinas

ES(Buenos Aires, 1969). Poeta, narrador, periodísta cultural y 
crítico literario. Es profesor en Letras y Ciencias de la Comuni
cación. Ha ganado numerosos premios, ha sido incluído en an
tologías tanto nacionales como internacionales y traducido par
cialmente. Sus poemarios son: Signos Oscuros (1995), El Gruñido 
(1997), El Lugar del Principio (1998), Jardín en Movimiento (03) 
y Noche de San Juan, Ediciones del dock, 2008. En narrativa publicó La muerte y su conversación (2007)

VIRGILIO PIÑERA




BUENO, DIGAMOS QUE HEMOS VIVIDO
                                                                             
                                                            a Lezama


Bueno, digamos que hemos vivido,
no ciertamente -aunque sería elegante-
como los griegos de la polis radiante,
sino parecidos a estatuas Kriselefantinas,
y con un asomo de esteatopia.
Hemos vivido en una isla,
pero no como quisimos,
mas como pudimos.
Aún así derribamos algunos templos,
y levantamos otros
que tal vez perduren
o sean a su tiempo derribados.
Hemos escrito infatigablemente,
soñado lo suficiente
para penetrar la realidad.
Alzamos diques
contra la idolatría y lo crepuscular.
Hemos rendido culto al sol
y algo aún más esplendoroso,
luchamos para ser esplendentes.
Ahora, callados por un rato,
para escuchar los crótalos de la violencia,
las ciudades deshechas en polvo,
arder en pavesas insignes manuscritos,
y el lento, cotidiano goteo del odio.
Mas, es sólo una pausa en nuestro devenir.
Pronto nos pondremos a conversar.
No encima de las ruinas, sino del recuerdo,
porque fíjate: son ingrávidos
y nosotros ahora empezamos.


VP(Cárdenas, 1912 - La Habana, 1979). Empezó a publicar con 
el grupo Orígenes. En teatro publicó: "Electra Garrigó, 1941"
"Falsa alarma, 1948". En novela se destaca "La carne de René, 
1952" y "Cuentos fríos, 1956". Vivió en Buenos Aires entre 1948 
y 1956. Borges le publicó algunos cuentos. Como compilación 
de su obra poética figura, "La vida entera, 1969". La visión de 
Piñera representa un aporte fundamental del teatro 
del absurdo en Cuba.


JORGE TEILLIER


foto de lorenzo peirano






















 Los trenes de la noche



1

El puente en medio de la noche
blanquea como la osamenta de un buey.
Entre la niebla desgarrada de los sauces
debían aparecer fantasmas,
pero sólo pudimos ver
el fugaz reflejo de los vagones en el río
y las luces harapientas
de las chozas de los areneros.


2

Nos alejamos de la ciudad
balanceándonos junto al viento
en la plataforma del último carro
del tren nocturno.
Pronto amanecerá.
los fríos gritos de los queltehues
despiertan a los pueblos
donde sólo brilla la luz
de un prostíbulo de cara trasnochada.
Pronto amanecerá.
En las ciudades
miles de manos se alargan
para acallar furiosos despertadores.

Pronto amanecerá.
Las estrellas desaparecen
como semillas de girasol
en el buche de los gorriones.
Los tejados palpitan en carne viva
bajo las manos de la mañana.

Y el viento que nos siguió toda la noche
con cantos aprendidos
de torrentes donde no llega el sol,
ahora es ese niño desconocido
que se despierta para saludarnos
desde un cerezo resucitado.


3

Recuerdo la Estación Central
en el atardecer de un día de diciembre.
Me veo apenas con dinero para tomar una cerveza,
despeinado, sediento, inmóvil,
mientras parte el tren en donde viaja una muchacha
que se ha ido diciendo que nunca me querrá,
que se acostaría con cualquiera, menos conmigo,
que ni siquiera me escribirá una carta.
Es en la Estación Central
un sofocante atardecer
de un día de diciembre.


7

El sol apenas tuvo tiempo para despedirse
escribiendo largas frases
con la negra y taciturna sombra
de los vagones de carga abandonados.
y en la profunda tarde sólo se oye
el lamentable susurro
de los cardos resecos.


8

Una estrella nueva
sobre los cercos rotos.
Sobre los cercos rotos de orillas de la línea
a los que vienen a robar tablas este invierno
los habitantes de las poblaciones callampas.


9

Yo hubiese querido ver de nuevo
el pañuelo de campesina pobre
con que amarraste tu cabellera desordenada por el puelche,
tus mejillas partidas por la escarcha
de las duras mañanas del sur,
tu gesto de despedida
en el andén de la pequeña estación,
para no soñar siempre contigo
cuando en la noche de los trenes
mi cara se vuelve hacia esa aldea
que ahogaron las poderosas aguas.


13

Sobre el techo recién pintado de azarcón
de la bodega triguera
enredada en la humareda que deja el tren nocturno
aparece una luna con cara de campesino borracho,
enrojecida por el resplandor de los roces a fuego.


14

Podremos saber
que nada vale más
que la brizna roída por un conejo
o la ortiga creciendo
entre las grietas de los muros.
Pero nunca dejaremos de correr
para acompañar a los niños
a saludar el paso de los trenes.

              De "Los trenes de la noche y otros poemas" 1964


JT(Chile, 1935-1996). Estudió pedagogía en la Universidad de Chile
Obra: Para ángeles y gorriones en 1956, El árbol de la memoria en 
1961, Poemas del país de nunca jamás en 1963, Crónica del forastero 
en 1968, Cartas para reinas de otras primaveras en 1985, El molino y 
la higuera en 1993, y En el mudo corazón del bosque en 1997, publica
ción póstuma.


JORGE TEILLIER





Pequeña confesión

                                       en memoria de Serguei Esenin


Si, es cierto, gasté mis codos en todos los mesones.
Me amaron las doncellas y preferí a las putas.
Tal vez nunca debiera haber dejado
El país de techos de zinc y cercos de madera.

En medio del camino de la vida
Vago por las afueras del pueblo
Y ni siquiera aquí se oyen las carretas
Cuya música he amado desde niño.

Desperté con ganas de hacer un testamento
-ese deseo que le viene a todo el mundo-
pero preferí mirar una pistola
la única amiga que no nos abandona.

Todo lo que se diga de mí es verdadero
Y la verdad es que no me importa mucho.
Me importa soñar con caminos de barro
Y gastar mis codos en todos los mesones.

“Es mejor morir de vino que de tedio”
Sin pensar que pueda haber nuevas cosechas.
Da lo mismo que las amadas vayan de mano en mano
Cuando se gastan los codos en los mesones.

Tal vez nunca debí salir del pueblo
Donde cualquiera puede ser mi amigo.
Donde crecen mis iniciales grabadas
En el árbol de la tumba de mi hermana.

El aire de la mañana es siempre nuevo
Y lo saludo como un viejo conocido,
Pero aunque sea un boxeador golpeado
Voy a dar mis últimas peleas.

Y con el orgullo de siempre
Digo que las amadas pueden ir de mano en mano
Pues siempre fue mío el primer vino que ofrecieron
Y yo gasto mis codos en todos los mesones.

Como de costumbre volveré a la ciudad
Escuchando un perdido rechinar de carretas
Y soñaré techos de zinc y cercos de madera
Mientras gasto mis codos en todos los mesones.



El lenguaje del cielo


El cielo habla un lenguaje gris,
y callan la grave voz del vino,
la leve voz del té.
Los espejos se fatigan
de repetir el nombre de las cosas.
No dicen nada. No dicen: “un visitante”,
“las moscas”, “el libro sobre la mesa”.
No dicen nada los espejos.

Canción cantada para que nadie la oiga
es la esperanza de que esto cambie.
Niños que se acercan al ataúd del amigo muerto,
paso de ratas frente a la estufa en silencio,
el halo de humo pobre que hace rey al tejado,
o todo lo que desaparece de pronto
como el plateado salto del salmón sobre el río.

Una ráfaga apaga los ciruelos,
dispersa las cenizas de sus follajes,
arruga la vacía faz de las glicinas.
Todo lo que está aquí
parece estar verdaderamente en otro lugar.
Los jóvenes no pueden volver a casa
porque ningún padre los espera
y el amor no tiene lecho donde yacer.
El reloj murmura que es preciso dormir,
olvidar la luz de este día
que no era sino la noche sonámbula,
las manos de los pobres
a quienes no dimos nada.
“Hay que dormir”, murmura el reloj.
Y el sueño es la paletada de tierra que lo acalla.


JT(Chile, 1935). Estudió pedagogía en la Univ. de Chile
Ejerció la docencia y el periodismo. Formó parte del 
grupo "Trilce" al lado de Enrique Lihn, Efraín Barquero 
y otros poetas. Su poesía fue traducida a varios idiomas
Obra: Para ángeles y gorriones(1956), El árbol de la 
memoria, 1961, Poemas del país de nunca Jamás, 1963
Cartas para reinas de otras primaveras, 1985, y En
el mudo corazón del bosque, 1997, publicación póstuma.
Falleció en Viña del Mar en 1996.  

FRIEDRICH HÖLDERLIN




EL AEDA CIEGO

¿Dónde estás, jovencísima, tú que siempre
me despiertas de mañana? ¿Dónde estás, luz?
Mi corazón se ha despertado, pero la noche
aún me tiene preso de su encanto sagrado.

Antes me gustaba acechar el amanecer,
esperarte en la colina. Pero nunca en vano.
Nunca, oh Propicia, me han engañado tus heraldos,
las brisas, pues tú siempre aparecías.

Venías esparciendo la dicha por tu habitual sendero,
aparecías en tu hermosura. ¿Dónde estás?
Mi corazón de nuevo vela, mas la noche infinita
me retiene todavía.

Antaño yo gozaba de tus verdes follajes,
las flores brillaban para mí, como mis ojos;
el rostro de los míos era algo cercano
que iluminaba mi camino. Cuando joven

miraba retozar en torno a los bosques
a todas las alas del cielo.
Hoy, en cambio, me quedo solo y silencioso,
hora tras hora, y me imagino

formas hechas de la dicha y las penas
de días que fueron más claros,
y espío a lo lejos la llegada
del salvador, del amigo que me ayudará.

Al mediodía oigo a veces la voz del tonante
cuando viene con su paso de hierro.
Sacúdese la casa entonces, y el suelo tiembla
bajo su pisada, y en la montaña repercute.

También en la noche oigo a mi salvador,
que mata, libera, da la vida,
lo admiro cuando sube del poniente
al oriente. Y sonáis, cuerdas mías,

para él son vuestros acordes. Y mi canto
se reanima al acercarse, y así
como la fuente sigue al río adonde quiera,
yo voy tras su segura marcha
y me uno a su órbita errabunda.

¿Dónde, dónde estás? Te oigo aquí y allá,
oh resplandeciente! Y la tierra
resuena en torno. ¿Dónde te detendrás?
Dime, qué hay allá en lo alto, detrás
de las nubes. ¿Pero qué me sucede?

Oh, día, día que apareces por encima
de las nubes que caen, bienvenido seas!
Mis ojos se dilatan cuando llegas, astro
de mi juventud. Oh dicha, luz de antaño,

que te difundes hoy más inmaterial
desde el cáliz sagrado! Y tú, casa paterna,
y vosotros, queridos míos, que antes
me acogiste, aproximaos!

Venid a compartir este júbilo!
Venid, el que recobró la vista os bendice!
Esta felicidad es demasiado! Quitadme la vida,
arrancad este divino rayo de mi corazón!