domingo, 9 de septiembre de 2012

CZESLAW MILOSZ





Huida

Cuando huíamos de la ciudad en llamas,
En el primer camino volví los ojos atrás
Y dije: «Que la hierba cubra nuestras huellas,
Que en el fuego callen vociferantes profetas,
Que los muertos digan a los muertos qué pasó,
Estamos destinados a crear un pueblo nuevo y fuerte,
Libre del mal y de la dicha que allí dormitaba.
Adelante». Y una espada de fuego nos abrió la tierra.


Encuentro

Íbamos por campos helados antes del amanecer,
El ala roja se levantaba, aún era de noche.

Y de repente pasó corriendo una liebre,
Y uno de nosotros la señaló con la mano.

Eso fue hace tiempo. Hoy ya no viven
Ni la liebre ni quien la señaló.

Amor mío, dónde están, adónde van
El destello de la mano, la línea del movimiento,
El crujido de la tierra helada.
No hay tristeza en mi pregunta, sino reflexión.

                                    De Salvación (1945)

Czesław Miłosz, Tierra inalcanzable. Antología 
poética (trad., sel. y pról.., Xavier Farré)
Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2011

YVES BONNEFOY


BONNEFOY1


La imperfección es la cima

Sucedía que era preciso destruir y destruir y destruir,
Sucedía que sólo a ese precio existe salvación.

Romper la faz desnuda que aparece en el mármol,
Golpear toda forma, toda belleza.

Amar la perfección porque ése es el umbral,
Y negarla tan pronto se conoce, olvidarla a su muerte,
La imperfección es la cima.


El libro, para envejecer

Estrellas trashumantes; y el pastor que se inclina
Sobre la dicha de la tierra; y tanta paz
Como ese grito irregular de insecto
Que un dios pobre modela. De tu libro
Subió el silencio hasta tu corazón.
Corre un viento sin ruido en los ruidos del mundo.        
Lejos sonríe el tiempo, por dejar de existir.
Sencillos en el huerto son los frutos maduros.

Envejecerás
Y, al perder tu color en los árboles,
Al formar una sombra más lenta sobre el muro,
Al ser amenazada la tierra, al fin, de alma,
Retomarás el libro donde lo abandonaste,
Y dirás: Eran ésas las últimas palabras oscuras.

THOMAS BERNHARD




Ave Virgilio

I. Los invitados a la boda

Novia:

Nada más que rostros muertos
y detrás
nada más que profesiones muertas
tiempo muerto y morir muerto
prados muertos, campos muertos
granjas muertas, vacas muertas
cerdos muertos, arroyos muertos
y en los arroyos
peces muertos
oraciones muertas, mujeres muertas
ciudades muertas, inviernos muertos
y detrás
saberes muertos y lamentos muertos
otoño muerto y primavera muerta
la locura muerta de mi alma muerta...

Novio:

Qué muertos son ésos sin mar,
qué preguntas, qué respuestas,
qué gentes...

Qué niños son ésos sin primavera,
qué discursos son ésos sin contenido,
qué situaciones sin salida son ésas, dime
qué perros desesperados son ésos...

Qué copos de nieve son ésos sin ojos,
qué tradiciones son .ésas,
qué palabras son ésas que no consuelan,
qué frío es ése...

Qué mañanas son ésas sin cielo,
qué hombres son ésos sin mujeres,
qué mujeres son ésas sin hombres,
qué vacas son ésas sin leche,
qué iglesias son ésas sin sacerdotes...

Qué sueños son ésos sin muertos,
qué inviernos son ésos sin blanco,
qué tumbas son ésas, qué son...
qué gritos son ésos sin llantos...

A las tres de la mañana te despiertas...
                               enganchar de caballos,
           rodar de toneles,
barren los restos del
                                           piano destrozado...

           Gruñidos de cerdo...
sueño, sueño, sueño,
reírse, toser, vomitar, reírse,
           una frase que ya has oído
o leído en un libro...  Cierran la puerta del
                                                                                     sótano,
           dos caballos, siete u ocho personas,
las voces de la otra orilla...
           Zell... Calibán, el posadero... Carcajadas...
Poco sitio, gritos, galopes ...
           pronto estará el trineo sobre el lago
                                                                                    helado,
           pronto será sólo un trazo sobre el lago,
           pronto será sólo un trazo negro en la
                                                    noche blanca...



* * * * *


II. Mañana de invierno

No es que sea incapaz
       de pronunciar tu nombre...

y aunque me lincharan en la plaza del pueblo,
       me arrojaran a una fosa oscura
y escupieran en mi calavera
       disputándose luego mi cola,

venerable padre,
       acepta mis balbuceos,
di una palabra por mí,

pues ninguno de mis taberneros paternales
       me regala un tonel,
ningún cerdo sus gruñidos...

Leyendas, invierno, superpoblaciones...
en el sueño las hojas salvajes de un lluvioso
                                                                                         otoño,
       el temprano embrutecimiento de noches apuradas,
       relación de la nieve negra
con los jóvenes esposos...
       Viento, aventar y verdad...
sobre la sombra del mundo.
        la cama sin hacer,
los gritos de pájaros oscuros...


* * * 


En el trigal:

Acaso no he pagado el precio de mi vida
       antes de distinguir las tinieblas de las
                                                       tinieblas...
acaso no he evitado elogiar demasiado pronto la gloria
                                           sombría de la noche...

Barcos, mis hermanos del horizonte,
        habladme de mi madre...
...donde mi hermano estaba en la orilla,
        donde mi hermana durmió a gusto
                                                su engaño,

yo hablaba de verde manzana y de salvado de invierno,
        rebuscaba en los bolsillos de mi abrigo...
Difundía desde el púlpito salmos
                                                              absurdos,
        sofocaba gritos de pájaros en el
                                                                         sinsentrigo...

Dos mil años después de ti
        descubrí yo las ciudades,
morí yo en la colina,
        yo, cráneo calcinado del norte...

Recuerdo el relampaguear de todas las estrellas
        que me dio el lenguaje de pueblos extraños,
las letras de Virgilio, el hablar de mis
                                                                       campesinos...

Dos mil años después de ti
         estoy yo en el país, enfermizo,
ando en mis camas de diciembre...


* * * 


Hostal  Freumbichler

y luego:

¿Qué te pertenece a ti de ese perder la vida
y cuál es en ese perder la vida mi parte?
        No te soportaría sin saber,
tú o yo
o algún durmiente de mi nombre,
tú que me confundiste con otro,
que me despertaste en lugar de a otro,
tú que me excluiste de su vanidad,
tú que me inventaste, tú mi única
                                                          poesía...


* * *


Cuatro veces, cinco, cada vez con más insistencia:

En esas casas bebí
                                 mi cerveza...
en las conversaciones del aire,
      en la frialdad de los pensamientos...

Ni uno solo de mis enterradores
      me desenterró
      mis tempranas desesperaciones...

Con el olor a quesería, el
                                  sonido de los zuecos
     soy, sin motivo,
          el polvo de los huesos de mis
               endeudados vecinos...

Sigue, sigue en silencio,
     apártate de sus
                           entierros...
              los cansancios sin sentido,

las largas noches en el
              molino de las recriminaciones...
     sigue, sigue,
           no necesitas ningún juez...
               sigue...


* * * * *


III. Duelo


Canto primero:

Se trata de purificar todos nuestros sentimientos,
sacados de los periódicos y de las callejas,
sacados de los conciertos
y de las vísperas,

se trata de purificar nuestro despertar,
se trata de todos los buenos propósitos
y en contra de todas las desesperaciones,
se trata de la yuxtaposición de dos
                                                       sinsentidos...

no se trata de esta ciudad ni de otras
                                                        ciudades,
no se trata de esta Tierra ni de otra
                                                        Tierra,
no se trata de mañana ni de
                                               pasado mañana,
no se trata de todo lo que existe ni de lo que
                                                        no existe,
se trata sólo de nosotros dos...


* * *

Canto segundo:

Dónde diablos estás, si no estás
en estas espigas, en esta humillación,
si no estás cerca de mí, entonces en parte alguna
no oíste por qué dije que No,
no oíste mi oración fúnebre,
que nada tenía que ver con compasión,
sólo con nuestros difuntos padres...

Dónde diablos estás, para que pueda ir ahí
y adivinarte...
Pero mi muerte es más definitiva que tu muerte,
eso quiero decírtelo...


* * *

Canto tercero:

Invierno, me avergonzaba de mi lengua,
llamaba, llamaba,
sin eco era un árbol desecado
sin raíces...
                  preguntaba a los bosques,
me pudría con los guerreros descompuestos
hasta las sienes, ya no vivía
una vida al margen de la vida...
No mencionaba la palabra de Dios,
                       despertaba al batracio y a la
                                                                                              perdiz
al gordo faisán y a las hambrientas cornejas
con mi lamento...


* * * 

Canto cuarto:

Palabras buscan palabras, emigran
de boca en boca...
... y en tus ciudades
y en tus tinieblas
y en tu palabra silenciosa...
                                                    nada...

llevan duelo, sostienen
las conversaciones de otras palabras
en libros abiertos sin palabras...


* * *

Canto quinto:

Contemplaba el mar sin ningún destino,
poseído por la idea de la inmortalidad,
por la silenciosa recaída en el desierto de la
                                                           juventud...

Dondequiera que llores
estaré yo...
exactamente ese día
mil años
y mil años después
y siempre
contigo
en tu llanto,
y muchos
te mueren
y muchos
que tú lloras
y siempre...
dondequiera que llores
estaré yo...


* * *

Escenarios de Verona:

Figuras susurrantes te cubrieron
            de tinieblas,
rompieron cadenas, donde tú estabas,
            te azotaron con azotes de pájaros...
Monumento de tedio en las colinas heladas,
            los días se levantan negros
y tú en tu hambre.


* * *

Al final de la tumba escuché
            tu voz
en la protesta de la corneja,
           con viles mentiras te até
a las orillas del río...


* * *

           ¿Pues quién escribió antes que yo
que nadie vivió antes que tú
            y nadie murió,
y nadie estuvo en mí,

           quién escribió antes que yo
que la primavera era invierno
           y el invierno primavera,
           quién escribió antes que yo:
ésos eran nuestros nombres:
           un verde negro,
un rojo mate,

           quién escribió antes que yo
cómo entraba en las frías tumbas
           el viento frío y la muerte fría?


* * *

tú en tu sombra,
tú en tu despertar,
tú en tu tiempo,
tú en tu gloria,
tú en tu palabra,
¡tú!


* * *

             Sobrevivir
a las órdenes de la noche,
             tú te refugias en los libros,
a mí me retiene la tierra
             con sus pensamientos.



IV. Tu muerte no es mi muerte

1
... contemplar cómo cava el topo...

3
antes que la rosa la espina,
             antes que la luz la sombra,
antes que la vejez la muerte...

5
Entonces comparecí ante ti y entré en tu sufrimiento
            como si fueras una basura
y pudieras soportarme...

8
Mi zapato prueba la tristeza de las canciones
            y pocos cantan conmigo, hoy ninguno,
                   ya no sé por qué todos
                                                             callan...

9
Director de mi oración, te exprimo
            los ojos incapaces,
con lengua abierta hablo a los jornaleros,
            en tu nombre
refreno la discordia
            con el sueño... con la copa del árbol...

11
La muerte bajó por fin a la vida,
mató a muchos mientras despertaban,
y se puso al trabajo, cansada, impasible.


* * * * *

V: Octubre

En el montón de escombros nada significa
              el lamento de la madre,
nada la intercesión del padre borracho
              nada el parte de bajas del teniente
la rebelión de los cardenales nada,
              nada el reproche del futuro,
el llanto de pueblos enteros nada,
nada el aire muerto,
              el fin de los océanos...

Desenterré la mandíbula enterrada,
              las humillaciones,
llevo mi debilidad

ante mi boca degenerada,
ante mi cráneo reseco
a mi miseria de la mañana...

En la noche
               compensas los incendios del mundo
con mi imbecilidad fraterna...


Coral:
Qué quiere el día de mí
y me hace preguntas, cientos de miles de preguntas
y me presenta nombres
y revuelve mi estupidez con su
                                                           llanto...

Qué quiere el día de mí
y me clava en árboles gruesos,
se limpian su sangre en mi rabillo del ojo,
y la sangre no me deja ver la tierra, nada...

Qué quiere el día de mí,
me clava estaquillas en la carne y me hace
                                                            cantar...


* * * * *


VI. Quién en esta ciudad

¿Quién en esta ciudad es la mañana,
con qué derecho
más abierta a otros hombres,
no la experiencia del guerrero,
ni mi invención...

Quién en esta ciudad vivía de mí,
producía sólo un eco,
incapaz de una sola línea de verdad,
y no provocaba más que el sollozar de las
                                                almas de perro
con el calor del mediodía...

Quién en esta ciudad no soporta los golpes,
el jurado de catorce horas,
los interrogatorios sin pausa de la noche...
Quién en esta ciudad no moriría
al borde de las grandes frases,
fuera de los grandes libros
cayendo, como caen los cerdos
en el olvido...?

Tú en el camino de los pensamientos...
                                campos embrutecidos humean
en medio de la perfección.
Conquistadores del mundo:
                           Dante, Virgilio, Pascal

                        Versión de Miguel Sáenz


                            De  "Ave Virgilio"  1959-1960
                      Ediciones Península, Barcelona 1988



"Ave Virgilio fue escrito en los años 59 y 60 en 
Inglaterra, sobre todo en Oxford, y en Sicilia, 
sobre todo en Taormina. Me olvidé de él durante
veinte años. Hubiera podido destruirlo con otros 
poemas que volvía encontrar de la época de mis 
treinta, pero la razón de publicarlo ahora
es que ese poema condensa, mejor que ningún 
otro, el estado de ánimo en que me encontraba 
a finales de los cincuenta y principios de los 
sesenta.
En aquella época, después de terminar en el 
Mozarteum, me ocupaban sobre todo, además 
de mis estudios de teatro, las obras de Eliot 
(The Waste Land), Pound, Eluard, y también César 
Vallejo y los españoles Rafael Alberti y
Jorge Guillén."
                                   Thomas Barnhard 1981