martes, 4 de septiembre de 2012

NORBERTO LUIS ROMERO

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Entrevista a Norberto Luis Romero

" Me considero injustamente ignorado "

                                                                          Por Miguel Baquero

En unos tiempos como estos, en los que tanto abunda el engreimiento en los escritores y la chapuza en la redacción, resulta extraño encontrarse con un autor como Norberto Luis Romero. Norberto es un novelista, lo cual suena sencillo, pero a la vez complicado. «Complicado» porque Norberto, al contrario que muchos, es un escritor preocupado por la calidad de su obra literaria y por lo que podríamos llamar «técnica» de la narración.

Uno podría pasarse horas enteras hablando con él (mejor, oyéndole hablar) sobre puntos de vista, sobre tonos de la narración, sobre el ritmo, sobre la coda, sobre el modo de construir los personajes, sobre la importancia de las ambientaciones... sobre, en fin, el arte de construir correctamente una historia. Hoy día, cuando muchos creen que novelar consiste básicamente en ponerse a contar cosas, es gratificante encontrarse con un escritor como Norberto que defiende de palabra, pero sobre todo de acción, en sus novelas, el trabajo bien hecho, la historia bien planteada, la literatura bien resuelta. Que emplea la buena y vieja técnica sin caer en el mecanicismo ni en la frialdad.

Y novelista, al referirse a Norberto, suena a la vez «sencillo» porque, pese a que bien podría hacerlo, no se trata de uno de esos autores fatuos que se tornan solemnes y rimbombantes para hablar de sus novelas, o que lucen con ridícula pompa la categoría de «escritor». Muy al contrario, Norberto muestra su obra con legítimo orgullo, pero sin caer en la propaganda de sí mismo, seguro de lo que ha hecho, pero sin perder nunca el sentido del humor y la distancia crítica.

Tal vez por todas estas raras cualidades —la calidad y la ambición en lo esencial, unidas a la modestia en lo accesorio— es que Norberto Luis Romero constituye una «rara avis» dentro del panorama literario en castellano, un escritor al que merece la pena descubrir, porque, curiosamente, todos aquellos que lo han hecho se han manteniéndose fieles a su escritura, como demuestran los diversos grupos de admiradores de su obra que le han convertido prácticamente en un autor de culto, aunque imagino que a él, en su justa humildad, no le gustará esta expresión.

Norberto L.Romero: Me resulta bastante indiferente cómo me cataloguen. Por lo general estos adjetivos pecan siempre de injustos y sobre todo de innecesarios, cuando no de efímeros; se me llama autor de culto, autor maldito, perverso, cuando creo que únicamente existen dos categorías de autores: los buenos y los malos; pero si debo involucrarme necesariamente en una de ellas, diría que me considero, por sobre todo, un autor injustamente ignorado frente a una inmensa mayoría de sobrevalorados.

Literaturas.com: Norberto Luis Romero nace en Córdoba (Argentina) en 1950 y, después de varios libros de cuentos, se lanza a la novela en 1997 con “Signos de descomposición” , una obra magnífica y redonda. ¿La novela supone para ti la culminación de tu época «cuentista», un escalón superior para el que te fueron preparando los cientos de relatos escritos con anterioridad?

Norberto L.Romero: No, de ninguna manera. Si la novela fuera un escalón superior y los relatos meros ejercicios para llegar a esta culminación a la que algún crítico cuyo nombre prefiero olvidar, tuvo en su día el coraje y desatino de llamar “género mayor”, cuentistas como Borges, Poe, Quiroga, etc, y otros cientos habrían sido, evidentemente, autores inferiores. ¿Es superior un haiku a un soneto? Lo más lamentable es que hay gente, escritores y críticos que siguen convencidos de que el cuento es un género menor, el hijo bastardo de la narrativa.

Literaturas.com: En “Signos de descomposición” aparecen muchos elementos que, posteriormente, constituirán una constante en tu obra novelística. Uno de ellos es el ambiente opresivo, claustrofóbico, enfermizamente cerrado sobre sí mismo...

Norberto L.Romero: Sí, será que yo aparento ser lo que no soy (ríe). Tengo mucho sentido del humor y soy muy simpático, pero algo me hace suponer que mi interior es oscuro y el humor lo dejo para sobrellevar la vida real y no perecer en sus fauces, y en mi narrativa me muestro como verdaderamente soy, acaso alguien cuya historia personal no es precisamente luminosa.

Literaturas.com: Tanto “Signos de descomposición” , tu primera novela, como “La noche del zepelín” , “Isla de sirenas” o “Ceremonia de máscaras” , tus novelas posteriores hasta la fecha, se desarrollan en unos mundos que, al principio de la narración, se presentan sujetos precariamente sobre un vórtice, hasta que de pronto irrumpe la figura de un extraño llamado a trastocarlo todo...

Norberto L.Romero: Claro, es justamente lo que te decía. La felicidad en la infancia es una funambulista atravesando una cuerda muy precaria y delgada, sobre todo cuando se cierne sobre tu historia personal un rosario de agonías y muertes, y tu niñez y adolescencia se derrumban. Ese intruso, el gran intruso en nuestras vidas es la muerte.

Literaturas.com: Se podría decir, pues, que tus novelas son la historia ilustrada de una catástrofe, el desplome de las falsedades y las mentiras por conveniencia.

Norberto L.Romero : Es el desplome total de todo cuanto nos rodea, de todo en cuanto creemos, de los valores que forman el andamiaje ético y moral de nuestra vida como seres sociales. Es la conciencia de la verdad, de la descarnada realidad ante la que cerramos los ojos, la misma de saturamos con eufemismos para pasar a su lado tangencialmente, la misma que cubrimos con el nefasto barniz de la corrección política. Porque tenemos miedo a enfrentarnos con nuestra propia verdad y la ajena.

Literaturas.com: Me ha llamado mucho la atención el magnífico modo en que ambientas tus historias, ya que, aunque situadas en un tiempo y un lugar concreto, logras que parezcan espacios oníricos, irreales...

Norberto L.Romero: Bueno, yo soy el menos indicado para hacer una crítica o un análisis de mi obra. Sospecho que esos espacios oníricos e irreales son, por un lado, una pretensión mía de otorgar a una novela o un cuento un tiempo y un espacio lo suficientemente ambiguos como para alejarlos de la circunstancia. Creo que es una forma de darles mayor universalidad, una forma de hacerlos perdurables. Ya sé que es una perogrullada, porque la perdurabilidad de una obra literaria depende de su calidad y no de su paisaje, pero bueno, a mí me ayuda a creer que así voy a pasar a la posteridad (ríe). Por otro lado, me llevo muy mal con la realidad, y ella muy mal conmigo. Nos odiamos y yo hago como si no existiera, prefiero mis propios mundos, porque aunque crueles y dolorosos soy yo quien los manejo y no ellos a mí… bueno, no siempre.

Literaturas.com: En tus novelas las pasiones aparecen soterradas, a punto de ebullición, pero no acaban de explotar, con lo que logras mantener la tensión durante todo el libro. Supongo que esto será lo más difícil de conseguir en tus novelas, esa constante tirantez, esa amenaza inminente...

Norberto L.Romero: Lo hablaba hace poco con un lector mío que descubrí casualmente en uno de esos foros de Internet en los que jamás entro, porque un lector le exponía a otro una duda respecto de “Isla de sirenas” . Le decía que el secreto de la literatura, y de todo el arte en general, es no decir jamás las cosas directamente sino sugerirlas, bordearlas, esconderlas dentro de otras. Con la tensión ocurre lo mismo, el arte es generarla y mantenerla de manera creciente a lo largo de toda la narración y hacer que estallen no en los personajes, sino en el alma o la conciencia del lector. Son los lectores los que deben padecer el drama, no los personajes, éstos son meros transmisores. Te confieso que cuando escribo soy un sádico, voy estructurando los elementos como para hacer sufrir al lector. ¿No voy a padecer yo solo, no? (ríe)

Literaturas.com: Hablemos un poco del lenguaje. Podría abrir cualquier página de tus novelas para obtener una frase con que demostrar tu estilo elegante y cuidado. ¿Qué importancia le das al estilo literario?

Norberto L.Romero: Yo no podría decirte qué es exactamente un estilo literario , y menos aún cuál es el mío; poniendo un ejemplo bastante soez, podría decirte que suele ser tan inconfundible como el propio olor a transpiración. Sabes que en una reunión eres tú el que huele y te mueres de vergüenza, pero no puedes evitarlo: es una seña de identidad. Mi preocupación por poner tanto cuidado viene de mi dislexia, que me hace confundirlo todo, invertir las palabras, confundir la d con la b . Vamos, que esa elegancia de mi estilo es consecuencia de mi propia torpeza, o de los intentos por superarla.

Literaturas.com: En esto del lenguaje, como en todo, suele haber dos extremos: los que defienden un lenguaje meramente funcional, conciso, una prosa de bisturí, y los que gustan encontrarse de vez en cuando con rasgos preciosistas. ¿Entiendo que tú estás por esto último?

Norberto L.Romero: Siendo como soy un admirador de Borges y Cortazar, creo que la respuesta es bastante obvia, aunque hay veces que la acción, los personajes, el género que toques o la atmósfera te exija matizar la prosa de bisturí con algún que otro florilegio. ¿No te parece esta última una palabra espantosamente horrible a estas alturas? Y aunque no me lo preguntes y sabiendo que arrojo piedras sobre mi propio tejado, te diré que una gran cantidad de autores españoles pecan de estos florilegios.

Literaturas.com: Por último, ¿cuáles son tus proyectos literarios? ¿Estás trabajando en una nueva novela?

Norberto L.Romero: Tengo períodos de vagancia que alterno con otros más fructíferos. Acabo de terminar una novela llamada “Bajo el signo de Aries” , que es una especie de thriller con personajes gays y, por supuesto como es de esperar de mi retorcido cerebro, con un final bastante perverso. Y en estos momentos estoy entusiasmado con una novela de infancia y adolescencia (es la señal de que ya estoy hecho un viejo), donde, por supuesto, habrá elementos fantásticos que me permitan evadirme de esta realidad tan detestable y falsa que me hace sufrir tanto y ganar tan poco dinero (risas). Simultáneamente trabajo en algún cuento, que es como interrumpir la factura del collar para centrarte en el placer de pulir una perla.

Hasta aquí la entrevista con Norberto Luis Romero, un autor digno de leer, desde luego, pero sobre todo digno de escuchar, porque realmente resulta un placer, llegados a este punto, apagar la grabadora, pedir otro café y seguir conversando con él, tranquilamente, sobre literatura...

NORBERTO LUIS ROMERO



Norberto Luis Romero, escritor argentino residente en Mallorca, Islas Baleares, España


                                 La bruja

Ahíta después de comerse a Hansel y Gretel,
abandonó a toda prisa la casita de chocolate
para acudir al palacio de una bella princesa y
entregarle un huso que la dejó dormida, de allí
a la casa de una tal Caperucita donde le informaron
que llegaba tarde y habían puesto a un lobo,
corriendo acudió al bosque para ver a Blancanieves
y darle una manzana emponzoñada… En su casa, se
quitó los pesados zapatos, y mientras descansaba en
la mecedora rogó a dios que llegase pronto el 
realismo.


                                     El miniaturista

                                                                   para Ángel Olgoso

Con cuidado para no estropear la labor del calígrafo, 
con un diminuto cálamo esboza la capitular y a continuación 
la envuelve en una orla dorada, ejecuta a lo largo del fuste 
principal una hilera donde con verde y rojo alterna esmeraldas 
y rubíes, cuyos espectaculares destellos logra sin esfuerzo con 
estratégicos puntos de blanco.
Después prepara en la cazoleta el azul de un cielo de fondo que 
habrá de saturar con casi microscópicas estrellas de plata.
Cuando acaba la jornada de tan arduo y paciente trabajo,
se acurruca en el margen y se duerme bajo el cielo fresco y 
estrellado de la página opuesta.


NLR(Córdoba, Argentina), reside en España desde 1975. Es autor
de relatosnovelista, director y profesor de cine.



NORBERTO LUIS ROMERO




                                   El arborícola


Hace más o menos una semana murió el último arborícola, que vivía 
en el álamo a los fondos de nuestra casa. No llegué a verlo, pero los 
abuelos de mis abuelos contaron que allí hubo todo un bosque, que 
fue muriendo y con él, los arborícolas que llevaban habitándolo des
de tiempos inmemoriales.

Llevaba años en ese álamo, continuamente mirando al horizonte por 
el norte, donde crecían frondosos árboles con los que soñaba. Las 
autoridades no pudieron trasladarlo a otros árboles porque nunca 
hubo dinero para contratar un helicóptero, y era imposible obligarlo 
a bajar, menos aún a pisar tierra, pues habría sido un crimen.

Murió cuando sus pies tocaron tierra, igual que un pez cuando se lo 
saca del agua, en el momento que cayó de la rama de puro viejo, 
cuando los reflejos le fallaron y a las incipientes alas, apenas muño
nes, les quedaban millones de años para acabar de formarse.

Todo el pueblo sintió su muerte, pero los ancianos se regocijaron, 
llevaban años esperando la construcción del hogar de los jubilados 
creacionistas, en esos terrenos ocupados por el viejo álamo, que 
ahora por fin podrían talar.




                        Del mantenimiento de la pecera


Al abrirse las puertas del ascensor me echó atrás el tufo a podrido, 
pero jamás sospeché que proviniera de mi propio piso. Dejé la 
maleta a la entrada y avancé con cautela por el pasillo mientras 
intentaba recordar el teléfono de la policía, por si acaso. El olor a 
podrido se hacía más intenso.
Al asco siguió un sentimiento de indignación: mi asistenta había 
quedado en venir en días alternos durante esas dos semanas de 
mis vacaciones a ocuparse de mi gato Gusi y de los peces, pero 
era evidente que no había cumplido su promesa; y a falta de 
alimento, mi gato pretendió, a su manera, hacerse cargo de la 
pecera. 
Hecha añicos en el suelo, sólo había arena seca entre cristales y 
las tuberías de plástico del sistema de ventilación. 
Ni rastro de mis exóticos peces. Descubrí el cuerpo de Gusi en 
avanzado estado de descomposición, se había arrastrado hasta 
un rincón y allí había expirado, seguramente entre horribles 
dolores. 
Le habían devorado los ojos en un santiamén y conservaba pren
didas en el vientre y el morro, como piercings, las pirañas resecas.


NLR(Córdoba, Argentina). Reside en España desde 1975. Es autor de
relatosnovelista, director y profesor de cine



NORBERTO LUIS ROMERO




Liliput


Durante varios años recorrieron el mundo en busca de Liliput y 
cuando llegaron descubrieron, con desaliento, que no cabían.


NLR(Córdoba, Argentina), reside en España desde 1975
Es autor de relatos, novelistadirector y profesor de cine.