jueves, 9 de agosto de 2012

DJUNA BARNES





Transfiguración


Cava el profeta con manos de hierro
las arenas movedizas del desierto.

El insecto retorna a su estado de larva;
vuelve a ser semilla la rosa trepadora.

A la garganta vacía de Moisés, como humo
regresan todas sus palabras.

El cuchillo de Caín deshace la estocada;
del polvo se levanta Abel.

Pilatos no encuentra su lengua;
Está desnudo el árbol del que Judas colgó.

Lucifer brama desde la tierra;
Abajo cae Cristo en su muerte.

La costilla se pliega a la espalda de Adán,
una criatura llora en su costado.

La extensión del Edén es verde y espesa;
El bosque estalla, sin bestias a la vista.

Con sed furiosa, el sol encadenado
alimenta hasta el principio el último día .




Suicidio

Cadáver A

La trajeron adentro, una pequeña crisálida
    hecha trizas,
con un cuerpito golpeado como
una luna con miedo;
y todas sus sutiles sinfonías
una runa crepuscular.


Cadáver B

Apurados le dieron unos empujones de aquí
       y de allá.
Su cuerpo abreviado por el shock
como un gato de urbe.
Ella yacía lánguida como un jarrito
de cerveza que se quedó sin espuma.


Djuna Barnes(EE.UU, 1892-1982). Traducciones al castellano: Sandra Toro (véase el blog El Placard).

ANA EMILIA LAHITTE





El suéter de Fedorio


En los bordes raídos del suéter

de Fedorio
se arremansan la vida y sus historias.

Jamás

me atrevería a proponerle restañar
esos hilos desgastados
reavivar los colores
las zonas percudidas como un abecedario
para ciegos.

Quitárselo

sería desollarlo.

El suéter de Fedorio

es una hogaza
un libro de bitácora un sol un campanario
alguna melodía que se canta
sin que nadie la escuche.

Su intemperie

anuda cuanto ha sido algo más
que un adiós
menos que un llanto
algo que sólo cabe en el hueco secreto
de la mano.

Si otra piel respira

debajo del mandala de su suéter gastado
será sólo el sudario
que busca convertirse en el revés cereal
de esa coraza
hilada por los pájaros.



Algunas maneras de ensayar el adiós

(Poema publicado el 17 de mayo de 2002)


(Fragmento)

1

Cada latido,
pendular, descalzo, regresa al universo.

2

Somos lo que no vemos.
Somos lo que ignoramos. La sombra es la única constancia
del aún estar después de haber huido.

5

La desnudez
fue siempre mi guarida secreta.

6

Costó tanto
inventarse, cavarse, mutilarse,
antes de regresar al fondo del espejo.

10

Lo importante es la sed.
Ser un mismo desierto.

13

Fascina
Este límite
Donde el haber vivido se desprende
como la piel de una serpiente.

18

Sí,
las heridas son el mejor manuscrito.

32

Envejecer es esto,
recordar vagamente la piel de los amantes.

37

Sólo creo
en los ángeles heridos,
en su examen de luz en los infiernos.

44

Es difícil morir.
Más difícil aún saber si estamos vivos.


(del blog el mundo incompleto de irene gruss)


ANA EMILIA LAHITTE(La Plata, Buenos Aires, Argentina, 1921)