sábado, 4 de agosto de 2012

JOSÉ MARÍA PALLAORO





               SPINETTA  
  (En el Cielo con Diamantes)

Un poema de amor es un poema
de amor. Lo intenté ayer
como si el tiempo perdurara
en tu risa real. Vida,
en el sonido de tu mañana,
y un niño juega en el suelo.
El niño lee, no comprende.
Tu universo, un cosquilleo que asombra.


Un poema de amor es
el poema. Los árboles
en ese ayer y en este hoy,
el mundo entre naranjas
del destino. Salí al mundo.
El mundo hostil y maravilla del hacer.
No podía dibujar,
sí, leer el mundo y nacer
la belleza de lo hostil,
las flores vendrán.


Vida, mi vida en el Atenas
la melodía y la palabra, golpes,
golpes, tu electricidad golpeando en mí.
En unos días la luz se apagará y todo amanece,
otra vez, el amanecer de los días,
¿estás?, ¿tu espera está?
La belleza, belleza de vos,
anillo, la belleza del poema nacido
de un dios pasajero, luz de estrella seca.


Salí, otra vida ahora, el perfume de tu luz.
La música vibra en los padres del ayer.
¿Y comprenden la furia?, ¿y dejan haciendo?
La poesía extraña de lo nuevo es siempre.


La calle interior.
La locura de la sanidad
Vamos. Frutas en su jugo de sol,
dulces y amargas; y los libros empiezan a ser
en tu música la solidez, el líquido del despertar.
Música en la noche, ahora sí, de mi luz.
De mí, luz. Diamante de belleza,
guitarra del sonar sin sonar.
El amor es un poema escrito
con tus palabras.


El viento agita
y las ramas quedan sin pájaros,
pájaros de las ramas en tensión.
El avión sobre los pájaros,
estela del color vos quieras,
un avión nunca sobrepasa pájaros.


Los fantasmas del escenario
se disfrazan. Pintan sus ojos, sus dedos,
maquillan la tapa del nunca reprimir podrán.
No son días de cielo abierto,
abre el agua, sala la monotonía.
Maúlla la grieta y la frontera
es un espacio del lejano estar.


Miras, ese día, el encuentro,
tus ojos en los míos.
Y rebotaba en las paredes,
una inyección sin sentido.
Y rebotaba en las paredes.


Quise explicar la belleza
de esa noche; sí, en nuestro jardín
pocos, algunos, miraban el suelo.
Sin necesidad, estábamos
en el jardín, con nuestras palabras
y tuyas, sol de las estaciones.


¿Ves?, la sombra en la pared
dibuja ideogramas con lágrimas
de un paraíso donde el frío
canta como un océano
en la superficie y en la profundidad.
¿Recuerdas?, la historia es un jazmín
negro de sol y orilla, guitarra.


Envuelves perros de la lluvia.
Punza el corazón y la paz.
Llueve con el cielo y la paz.
Hace nido en el cielo. Respiro
un presente de álamos plateados.

¿Vamos?, nueces y duraznos,
duro y frágil, canción de noche
otra vez; sombra y danza, nena,
el pasar es una flecha de asombro.


La sombra en el cielo de lo opuesto
como un jardín que traspasa la pared
y crece la hierba fresca del mundo
en el más acá del aire bueno.


Espíritu llegás, ven, aquí, río
donde tus cenizas bailarán; rayo
de un poema de oriente llega;
tu mañana llega, zetas de dedos,
agua viboreando en el allá.


Hoy, atrás, cantaré por primera vez.
La canción llega, tu amor
llega al mar, ahora es el mar,
solo el mar y más allá del mar
acaso vuelvas, sí, en nuestros días.


Canción de vos, cañas del silbar.
Párpados del cerrar y el abrir
como un umbral de voces de vos
en el llegar a la piel nuestra.


Albergue de las ganas de reír.
Ah, pega tu fuerza y no es dolor,
es asombro del volar en el por acá
de escaleras del lenguaje, la búsqueda.


En la playa tu libro alimenta, la arena
se lleva el mar, y así, el sol.
Un poema de amor es un poema
de amor. El amor es un poema escrito
con tus palabras.

                                              (fragmento)


City Bell, domingo 12 de febrero de 2012
“eres mi esperanza, sólo un grieta en mi existir, no somos 
sólo hombres…”



Tomado de su blog aromitorevista.blogspot.com.ar/

DANIEL FREIDEMBERG





HECHOS

Ave dudosa si las hay, la
paloma urbana
toda aplastada ella en
medio del macadam
volaba aún a su manera en la mente
del transeúnte que
toda esa noche no durmió
sin encontrar respuesta al caso



LA FLOR

Había en la jarrita una flor
de especie no determinada
Loca flor que alumbraba
las noches de insomnio
Que producía mucho mal
si se miraba demasiado
Lo mejor era acercarse despacio
lo mejor
era ir a cualquier parte y hallarla



DIARIO EN LA CRISIS

Este cansado tipo en su país
de amor desarreglado
pide permiso, pide
por un minuto la palabra;
dice que es tarde, que
sería bueno dormir,
afuera hay ruidos intranquilos, dice
tanta cosa que hacer.
Viene el otoño, dice
que aún no le dieron la noticia.
Quiere ir a ver si quedan hojas secas.
Quiere ir a ver.



LET IT BE

Suspira, cierra la ventana
donde
había mirado el aire (los techos, la
nitidez de tantas cosas)
y algo tras de él (su
sombra?)
se pone la capa
besa a una sombra de mujer
y ahora alza el vuelo entre los coros
de la Novena Sinfonía



MATINAL

Ya no hacemos preguntas,
ya nadie hace preguntas porque
las respuestas son intolerables
No nos importan las respuestas, cuando
las cosas hablan por sí mismas
La ropa al pie de la cama, por ejemplo, el sol
tras las hojas del plátano
cuando les da como una luz y tiemblan
al paso del aire
que anda buscando algún lugar
a donde llevar algo de nosotros




¿ES ESTE EL PASO?

Eugenio Montale se murió
hace algo más de un mes.
Antes dijo lo suyo y también calló
un montón de otras cosas.
¿Qué sino todo lo callado
sostiene estas imágenes
que giran ahora entre los hechos
como moscas? En esta habitación la luz
espesa es, y confusa: se puede mantener
abiertos los ojos y pensar.
¿Qué forma, al caer, como círculos de agua?
¿Qué hasta tocar las cosas y
volver? "Aquí hubo un hombre", digo, siento el
peso de las palabras
–algunas– en el alma.
¿Qué ondas hacen al hombre entre los
hechos que
zumban, asisten, no explican nada?

                      En: “Diario en la crisis”, 1986




DF(Resistencia, Pcia de Chaco, 1945). Desde 
1966 reside en Buenos Aires. Poeta, crítico 
literario y periodista.

MIGUEL MARTINEZ NAÓN





Un adelanto de mi libro ESTACIÓN DE SERVICIO,
con ilustraciones del Chelo Candia (un gran honor 
para mí, contar con este artista, con este compañero)


PAVURA


Alargo la mano para servirme un trago,
pasa que me dan pavura los cielos del otoño,
me da por pensar que soy un tipo tramposo,
malacostumbrado.

Cuando era chico me preguntaba
cuantos muertos cabían en una nube.

Todo un hombrecito,
decìan las tías de mí,
y arrastraban la grupa por el gallinero,
Olían a gatuzo en las mejillas,
miraban el noticioso,
me lo advertían todo.
Los tíos conversaban
que había maneras y maneras de hacer el amor.
Tomaban amargo obrero
sentados sobre ese mundo recóndito,
muy cerca del chiquero,
y se hacían la paja también,
debajo de los nísperos.

Cuántas mujeres caben en el olvido.

Vuelvo a reir y se pronuncian los rasgos de mi viejo 
en la vidriera.
Salud, le digo,
despeñadero, jaula cosechera,
+lucidez, espanto.
Ya parece que muerdo cien años sobre mis botas,
doy tarascones sin amabilidad, hablo huesoso.

Cuántos años caben en una sonrisa tuya.
Cuántos
quisiera saber,
a media tierra,
a medio trago,
a caballo

sin regreso a la noche. 


MMN(1976) ACTOR, POETA. 


ALEDO LUIS MELONI





DISTANCIA


En la polvareda verde
Del monte, al sol, galopando,
Desde mi escuela a tu escuela
Hay una legua de canto.

Si lo sabremos
Yo y mi caballo…

Y en la polvareda oscura
De la noche, paso a paso,
Hay de tu escuela a mi escuela
Diez leguas de sobresalto.

Si lo sabremos
Yo y mi caballo…



PUEBLO


Cuatro calles polvorientas,
Y un puñadito de casas,
Bajo la cúpula verde
De algarrobos y catalpas.

Una iglesia, casi en ruinas,
Santificando la plaza.

En la plaza, algunas tipas,
Y en las tipas, las cigarras
Echando a rodar los ríos
Estivales de sus flautas…

Para la dicha es muy poco,
Y con ser tan poco, basta.



HERENCIAS


Sólo dejamos, al final, unas palabras.

Son las únicas huellas transitorias
de nuestro paso
sobre un tembladeral de olvidos y silencios.

De su fuego
después no queda nada.

Tendrá más vida que ellas
la ceniza glacial
de nuestros huesos.

No, la palabra no es un ave fénix:
no conoce el milagro
de la resurrección.



COPLAS


El hombre llega al otoño
como a una tierra de nadie:
para morir es muy pronto
y para amar es muy tarde.


Alguien le ofreció una viola
a un inversor extranjero;
por las uñas que tenía
creyó que era guitarrero.


Con rara equidad el Fondo
como a una fruta nos trata:
nos come toda la pulpa
pero nos deja la cáscara.


Por las torres de Manhattan,
por las torres que cayeron,
llora, llora el primer mundo
mientras explota al tercero.


Ya no le pido a la vida
cosas de mucho valer;
Solo le pido una nada:
que me devuelva la sed.


Aledo Luis Meloni(Bolívar, provincia de Buenos Aires, 1912), poeta docente, Desde 1937 vive 
en la provincia de Chaco. Su obra poética está reunida bajo el título de “La tentación de la palabra”, Librería de la Paz, 2005.

VICTOR REDONDO








04/08/2012


EL POETA CHAQUEÑO ALEDO LUIS MELONI CUMPLE 100 AÑOS
Hace ocho años tuve el privilegio de presentar su Obra Poética Completa.

PALABRAS PARA DON ALEDO MELONI


Cuando la Librería La Paz (Resistencia) me invitó a escribir un prólogo para esta importante reedición de la obra poética completa de don Aledo Meloni, lo primero que me impuse es que me gustaría mantener el tono coloquial, afectuoso y nada académico que utilicé cuando presenté el libro en esa tórrida y entrañable Feria del Libro Regional, en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco, el 28 de febrero de 2004. Éstas fueron esas palabras:

Entre los agradecimientos que debo a esta Feria, sin duda el más importante es el haber podido conocer la obra de este extraordinario poeta que es don Aledo Luis Meloni.

Un lector entra al territorio virgen de un libro como un cazador que no sabe si se va a enfrentar a un tigre o a una lombriz. Uno está alerta a todos los significados del paisaje que es ese texto que se nos abre por primera vez. Pero aquí el misterio se resuelve rápido. Aquí, en La tentación de la palabra, como en todos los grandes libros, rápidamente la poesía levanta su cabeza estrellada y nos sumerge o nos eleva al mundo de la belleza, la inteligencia, la sensibilidad hecha canto y visión del mundo.

Sospecho que un libro de buena poesía es aquel en el que se puede enseñar a otro qué es la poesía. Y este libro es un manual de buen gusto de la palabra, de refinamiento verbal, de descubrimientos humanos poderosos, de sorprendentes y bellísimas revelaciones sobre la vida de otro mundo y sobre la vida de todos los días. ¿Quieren saber qué es la poesía? Pueden usar la obra de Meloni como una perfecta guía de navegación. ¿Quieren enseñar qué es la poesía? Pueden utilizar este libro como material didáctico. Incluso creo que debería ser un libro de lectura obligatoria para los cursos de literatura.

¿En qué consiste uno de los tantos impenetrables misterios de la poesía? En que no se la puede contar. La poesía es la poesía y no admite ser narrada. La poesía no es narración, la poesía es ella en sí misma, una manera distinta de expresión y de comprensión del mundo.

¿Cómo explicarles, en este caso a ustedes, la belleza insuperable de las coplas de don Aledo? Sin dudas, y esto lo aprendí ahora y acá, uno de los grandes coplistas de nuestra tierra. Y la copla sí que no puede ser otra cosa que pura y exactamente lo que es, no se puede contar lo que la copla dice sino que sólo se puede decir lo que la copla dice. Las siete sílabas de cada uno de los cuatro versos deben ser exactas en el decir y expresar un pensamiento casi imposible de volcar en otra forma.

Creo cometer una herejía, pero necesito citar alguna. Digo una herejía porque porqué una sola entre tantas. Pero bueno, ya ustedes las leerán todas en el libro; por ahora una al azar: “Ya no le pido a la vida / cosas de mucho valer; / sólo le pido una nada: / que me devuelva la sed”.

Qué simpleza, ¿verdad? Así es la sabiduría, simple. Porque uno puede entender en esa “sed” el deseo de un trago, y sí, lo es, pero es un trago de infinito, de búsqueda, de necesidad de trascendencia. Esa sed que nos mantiene vivos es la sed del conocimiento, la sed de la curiosidad por todo lo vivo y lo muerto.

Y las coplas de amor son bellísimas en su perfección: “De mi corazón al tuyo, / de tu corazón al mío / hay una sola distancia, / pero infinitos caminos”.

De paso, y esto sí se me ocurre ahora, tantos jóvenes poetas que andan fascinados con los haikus japoneses, les diría que no tienen que irse al Lejano Oriente, que aquí tienen nuestras coplas, que son tan difíciles de escribir y que son tan nuestras. Hasta me atrevería a decir que escribir una buena copla es más difícil que escribir un buen haiku. Bueno, este libro está lleno de coplas maravillosas.

Don Aledo pertenece –con sólo leerlo lo descubro, no me hace falta haber conversado con él o haber mirado su biblioteca- al círculo de los poetas cultos, de los poetas que saben sin que nadie se los haya enseñado que escribir poesía es leer poesía y haber leído la mayor cantidad de poesía posible. Se nota en la escritura, aunque de ninguna manera el poeta lo remarque para que se sepa. Al contrario, escribe con la naturalidad del que danza, seguro de sus pasos porque estos siguen el ritmo del corazón y tienen detrás una cultura que lo sustenta, que cuanto más oculta más poderosa.

Podría decir que don Aledo Meloni es genial justamente porque no pretende serlo. Tiene la humildad de los grandes. Y nos habla con la cercanía de un hermano, nunca desde la altura de un profeta. Y sumerge también las manos en el barro de nuestro tiempo, y forja armas contra los enemigos del pueblo, contra los autoritarismos, contra el imperialismo, contra los asesinos.

Este hombre delicado que escribe “No quiero ser como fui, / ni quiero ser como soy, / sino como me soñaste / un día en tu corazón”, es el mismo que denosta al Fondo Monetario Internacional, a las patronales chupasangre, el que aplaude el santiagueñazo y las rebeliones populares. Pocos poetas he leído que se metan en el tema político con más poesía que Meloni. Lejos del elemental panfleto, es poesía política que no pierde el rango de poesía. Pueden leer el poema “Rubén ya lo predijo”, en el que a raíz del atentado del 11/9 contra las Torres Gemelas de Nueva York, se lamenta por la muerte de inocentes pero indica que los yanquis asesinos se lo estuvieran buscando.

No quiero hablarles de lo que ustedes rápidamente encontrarán en el libro. Sólo decirles que 16 libros, escritos a lo largo de 40 años, se concentran en esta hermosísima edición de Librería de la Paz. Y atención, no sé desde qué edad escribe Meloni pero sí sé que publicó por primera vez a los 53 años. Como deducirán, no importa la velocidad con que se publica sino la calidad de lo que se escribe.

Casi se me olvida algo que me conmovió profundamente. A lo largo del libro hay citas, no muchas, de otros poetas. Pero hay un solo poeta del que hay dos citas. Hete aquí que ese poeta es el entrerriano Alfonso Sola González, que es nada menos que el abuelo de mis dos hijas. Si don Alfonso nos está mirando, seguro que está levantando una copa por usted, don Aledo.

Una palabra sobre la edición: un objeto libro perfecto, buen gusto en el diseño, bella tapa y, lo fundamental, sin erratas, ¿qué más se le puede pedir a una editorial? Mis felicitaciones, que son las de alguien que hace 30 años que está en el mismo oficio. No venderán tanto como los efímeros best sellers, pero en compensación han editado un libro inmortal.

Don Aledo Meloni, es para mí un honor haber acompañado el lanzamiento de esta nueva edición de su extraordinaria poesía. Muchas gracias.

Víctor Redondo
Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco
28 de febrero de 2004