domingo, 22 de julio de 2012

LEOPOLDO MARECHAL


MARECHAL POE EMILIANO BELLINI



Prólogo Indispensable


    En cierta mañana de octubre de 192., casi al mediodía, seis hombres nos internábamos en el cementerio de Oeste, llevando a pulso un atúd de modesta factura (cuatro tablitas frágiles) cuya levedad era tanta, que nos parecia llevar en su interior, no la vencida carne de un hombre muerto, sino la materia sutil de un poema concluido. El astrólogo Schultze y yo empuñabamos las manijas de la cabecera, Franky Amundsen y Del Solar habían tomado las de los pies: al frente avanzaba Luis Pereda, fortachón y bamboleante como un jabalí ciego; detrás iba Samuel Tesler, exhibiendo un gran rosario de cuentas negras que manoseaba con ostentosa devoción. La primavera reía sobre las tumbas, cantaba en el buche de los pájaros, ardía en los retoños vegetales, proclamaba entre cruces y epitafios su jubilosa incredulidad acerca de la muerte. Y no había lágrimas en nuestros ojos ni pesadumbre alguna en nuestros corazones; porque dentro de aquel ataúd sencillo (cuatro tablitas frágiles) nos parecía llevar no la pesada carne de un hombre muerto, sino la materia leve de un poema concluido. Llegamos a la fosa recién abierta: el ataúd fue bajado hasta el fondo. Redoblaron primero sobre la caja los terrones amigos, y a continuación las paladas brutales de los sepultureros. Arrodillado sobre la tierra gorda, Samuel Tesler oró un instante con orgullosos impudor, mientras que los enterradores aseguraban en la cabecera de la tumba una cruz de metal en cuyo negro corazón de hojalata se leía lo siguiente:

                                            ADAN BUENOSAYRES
                                                           R.I.P.

    Luego regresamos todos a la Ciudad de la Yegua Tobiana.
    Consagré los días que siguieron a la lectura de los dos manuscritos que Adán Buenosayres me había confiado en la hora de su muerte, a saber: el Cuaderno de Tapas Azules y el Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia. Aquellos dos trabajos me parecieron tan fuera de lo común, que resolví darlos a la estampa, en la seguridad de que se abrirían un camino de honor en nuestra literatura. Pero advertí más tarde que aquellas páginas curiosas no lograrían del público una intelección cabal, si no las acompañaba un retrato de su autor y protagonista. Me di entonces a planear una semblanza de Adán Buenosayres: a la idea originaria de ofrecer un retrato inmóvil sucedió la de presentar a mi amigo en función de vida; y cuanto más evocaba yo su extraordinario carácter, las figuras de sus compañeros de gesta, y sobre todo las acciones memorables de que fui testigo en aquellos días, tanto más se agrandaban ante mis ojos las posibilidades novelescas del asunto. Mi plan se concretó al fin en cinco libros, donde presentaría yo a mi Adán Buenosayres desde su despertar metafísico en el número 303 de la calle Monte Egmont, hasta la medianoche del siguiente día, en que ángeles y demonios pelearon por su alma en Villa Crespo, frente a la iglesia de San Bernardo, ante la figura inmóvil del Cristo de la Mano Rota. Luego transcribiría yo el Cuaderno de Tapas Azules y Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia, como sexto y séptimo libros de mi relato.
    Las primeras páginas de esta obra fueron escritas en París, en el invierno de 1930. Una honda crisis espiritual me sustrajo después, no sólo a los afanes de la literatura, sino a todo linaje de acción. Afortunadamente, y muy a tiempo, advertí yo que no estaba llamado al difícil camino de los perfectos. Entonces, para humillar el orgullo de algunas ambiciones que confieso haber sustentado, retomé la páginas de mi Adán Buenosayres y las proseguí bien que desganadamente y con el ánimo de quien cumple un gesto penitencial. Y como la penotencia trae a veces frutos inesperados, volví a cobrar por mi obra un interés que se mantuvo hasta el fin, pese a las contrariedades y desgracias que demoraron su ejecución.
    La publico ahora, vacilando aún entre mis temores y mis esperanzas. Antes de acabar este prólogo, debo advertir a mi lector que todos los recursos novelescos de la obra, por extraños tal vez que les resulten a algunos, se ordenan rigurosamente a la presentación de un Adán Buenosayres exacto, y no a vanidosos intentos de originalidad literaria. Por otra parte, fácil ha de serle comprobar que, tanto en la cuerda poética como en la humorística, he seguido fielmente la tónica de Adán Buenosayres en su Cuaderno y en su Viaje. Y una observación final: podría suceder que alguno de mis lectores identificara a ciertos personajes de la obra, o se reconociera él mismo en alguno de ellos. En tal caso, no afirmaré yo hipócritamente que se trata de un parecido casual, sino que afrontaré las consecuencias: bien sé yo que, sea cual fuere la posición que ocupan en el Infierno de Schultze o los gestos que cumplen en mis cinco libros, todos los personajes de este relato levantan una "estatura heroica"; y no ignoro que, si algunos visten el traje de lo ridículo, lo hacen graciosamente y sin deshonor, en virtud de aquel "humorismo angélico" (así lo llamó Adán Buenosayres) gracias al cual también la sátira puede ser una forma de la caridad, si se dirije a los humanos con la sonrisa que tal vez los ángeles esbozan ante la locura de los hombres.

                                                                                                     L.M.

por Leopoldo Marechal en "Adán Buenosayres" publicado por Sudamericana en 1948

LEOPOLDO MARECHAL





POEMA S/T

En una tierra que amasan potros de cinco años
el olor de tu piel hace llorar a los adolescentes.

Yo sé que tu cielo es redondo y azul como los huevos de perdiz
y que tus mañanas tiemblan,
¡gotas pesadas en la flor del mundo!

Yo sé cómo tu voz perfuma la barba de los vientos...

Por tus arroyos los días descienden como piraguas.
Tus ríos abren canales de música en la noche;
y la luna es un papagayo más entre bambúes
o un loto que rompen a picotazos las cigüeñas.

En un país más casto que la desnudez del agua
los pájaros beben en la huella de tu pie desnudo...

Te levantarás antes de que amanezca
sin despertar a los niños y al alba que duerme todavía.
(El cazador de pumas dice que el sol brota de tu mortero
y que calzas al día como a tus hermanitos).

Pisarás el maíz a la sombra de los ancianos
en cuyo pie se han dormido todas las danzas.

Sentados en cráneo de buey
tus abuelos fuman la hoja seca de sus días:
chisporrotea la sal de sus refranes
en el fuego creciente de la mañana.

(Junto al palenque los niños
han boleado un potrillo alazán...)

En una tierra impúber desnudarás tu canto
junto al arroyo de las tardes.
Tú sabes algún signo para pedir la lluvia
y has encontrado yerbas que hacen soñar.

Pero no es hora, duermen
en tu pie los caminos.

Y danzas en el humo de mi pipa
donde las noches arden como tabacos negros...

OCTAVIO PAZ





CUSTODIA





HUGO MUJICA





NOCHE ADENTRO Y NO DUERMO


 A lo lejos, en un atardecer
en que el otoño
es un lugar en mi pecho,
comienzan a encenderse las ventanas,

mi nostalgia
por estar donde bien sé que al llegar
volvería a estar afuera.

Duelen los ojos de soñar tan a lo lejos

la frente de pensar
lo impensable de tanta vida
que no he abrazado,
tanta deuda de lo que no he nacido.

Poco a poco se apagan las luces,

es el lindero de una noche y otra noche,
la frágil vecindad
             del miedo y la esperanza.

El último día podría ser éste que termina,
esta noche
en la que aún escribo

igual, pero sin una ausencia nueva
                                       para seguir esperando.



 HASTA EL FINAL

Vi un perro negro muerto
en la calle,
aplastado en medio de la acera, manchado,
porque nevaba.

Vi la vida, allí mismo,
y no había más que eso: la coartada
del inocente: pagarlo todo.

Sentí en la nieve la vida y me vi morir
como un animal que se resiste
hasta lo último

hasta el deseo de ser rematado,

hasta el gemido final,
el que pide perdón por todo crimen ajeno:
                                             el que perdona a dios.


PABLO DE ROKHA





Mordido de canallas, yo fui el gran solitario

Mordido de canallas, yo fui "el gran solitario
de las letras chilenas", guerrero malherido,
arrastro un desgarrado corazón proletario
y la decisión épica de no caer vencido.

Sobre la patria arada de espanto, mi calvario
chorrea sangre humana, y un sol despavorido
me va ciñendo el cuerpo de fuego extraordinario,
como un caballo de oro con el freno perdido.

Irreductible al látigo, salvaje e innumerable,
el instinto social me da el imponderable,
y descubro un subsuelo que el drama humano aprueba.

Con tu recuerdo, al hombro, mi rol específico,
y como andando solo, en ti me identifico,
fundo con tus cenizas una religión nueva.



Ahora yo me acuerdo (fragmento)

Ahora yo me acuerdo de Licantén, orillas del Mataquito,
me acuerdo de la casa aquella, como de polvo, con duraznos, con
membrillos, con naranjos, con un farol, sí, con un farol en la esquina de la noche y con palomas
llorando más arriba del pueblo del sueño,
me acuerdo de la tía Clorinda, oliendo a chicha florida, y de don Custodio y de la Rosa y de la Flora Farías y de la beata doña Rosario y del Oficial Civil y del cura don Liborio, me acuerdo de los chicharrones y de los pigüelos y los causeos de don Vicho, y del poruña Abdón Madrid y de la tonta Martina y del compadre Anacleto y del borracho Juan de Dios Pizarro yJuan de Dios Chaparro,
me acuerdo de las piaras costinas, tan olorosas a cochayuyos y a sentimientos de Iloca,
y me acuerdo de los lagares, ciertamente, de los lagares del buey, arrumados en los graneros, llenos de huevos y herramientas, "entre junio y julio"
y me acuerdo de las botas y las mantas españolas de mi abuelo,
me acuerdo de la media rayada del silabario y de las enredaderas polvorientas de la escuela,
y después, Talca, la ácida, la árida Talca,
la lluviosa ciudad negra, seria, fea y atribulada, de santos de sombra y de aceitunas,
la vieja escuela cluequeando entre los tamarindos,
la vieja escuela primaria, la vieja escuela primaria, y don Tomás, el preceptor don Tomás, sí, don Tomás, el amigo de Dios, y lasbolitas, y el volantín azul arriba de la provincia enmohecida,
aquella gran bronconeumonía y los anchos armarios de carretillas y la vida de Colón, la vida de Edison, la vida deWashington con monitos, 
y los lacrimatorios del mapa-mundi,
y las matitas de poroto y de zapallo creciendo, ardiendo en los extramuros del alma,
los caminos de estatuas, apuntalando un sol cuadrado y polvoso, y los himnos escritos en la piedra, por la oscura mano que nadie conoce, [...]
y después, después, las niñas Pinochet
y las cacerías y las borracheras en la montaña, adentro del espíritu irreparable,
y los versos honestos entre los sembrados, los espinales, los
viñedos y las islas profundas de Pocoa,
que era lo mismo que un causeo de invierno, que era,
y después, el niño inhábil, el confundido, el planetario,
a patadas con los manicomios,
y las cartas lluviosas: "estudia, hijo, las cosechas van
malitas, a la bodega vieja se le cayó el cielo
y a la Chepita un diente, ¿qué te sucede?...
cobra un giro y reza por nosotros, el año inútil, hijo, sí, el año inútil,
tu mamá te manda un pavito, abrazos, ojuelas y charqui de la guitarra,
aquí, ya hay violetas, cuídate, van aceitunas, patitas de chancho, miel, quesitos de cabra, murió el rucio Caroca, tu padre, Ignacio"...


JUANA DE IBARBOUROU

  
Juana_de_ibarbourou


LA HORA

Tómame ahora que aun es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aun es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.

Ahora que mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.
Después..., ¡ah, yo sé
que ya nada de eso mas tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
¡Tómame ahora que aun es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿No ves
que la enredadera crecerá ciprés?


Nació en Melo en 1892.
Desde muy joven empezó a publicar los primeros 
poemas bajo el seudónimo de Juanita de Ybar, los 
cuales fueron compilados en su primer libro, «Len
guas de Diamante», obra que la lanzó a la 
más resonante fama. Falleció en 1979. 

GABRIEL ZAID




La poesía en la práctica


Hay que ver la poesía en la práctica: en el mundo del trabajo y los negocios, del prestigio social y el poder político, de la ingeniería y las computadoras, de la vida amorosa y cotidiana.
La inspiración creadora no sólo hace versos: sopla y lo mueve todo. En ese movimiento, la práctica no es algo estrecho, mecánico y sin misterio, sino creación; y la poesía es práctica: hace más habitable el mundo.

Alguna vez lo músico fue todo lo inspirado por las musas, no una especialidad. Alguna vez poesía y práctica, no una especialidad. Alguna vez poesía y práctica fueron sinónimos, con poca diferencia. Hacer cosas (produciéndolas, fabricándolas, inventándolas, escribiéndolas) eran poiesis (de donde viene poesía). Hacer cosas (en el mundo de la acción) era prattein (de donde viene práctica). Desgraciadamente, la poesía se ha vuelto cosa de especialistas y como muy opuesta a la práctica. Pero hay que verla en todo hacer inspirado.

Escribí estos ensayos por primera vez entre 1963 y 1967. Los he vuelto a escribir varias veces. Esta versión es la más breve y quizá la más clara, en dos cuadernos. Ambos parten de una negación que asumen y disuelven. La ciudad y los poetas aceptan que la poesía no es negocio, pero así desemboca en otra visión de los negocios, y en general, de la poesía en la práctica social. La máquina de cantar acepta que hay computadoras que hacen versos, pero así replantea el proceso creador y observa la poesía en la práctica física.

Que las musas del hacer inspirado visiten al lector. Sobre todo si está sumergido en la práctica y se siente lejos de la poesía. También si tiene el privilegio de vivir en la poesía y se siente lejos de la práctica.


Zaid, G. (1985) La poesía en la práctica. México, D.F: Fondo de Cultura Económica

ROBERTO RASCHELLA


Roberto Raschella en el Museo Larreta


El silencio era cuatro muchachos


El silencio era cuatro muchachos que pasaban.
Había un pozo de creta delante de la iglesia.
La madre decía el pesar sobre la sangre
del hijo herido o el animal callado,
después arrojaba la desnuda madeja a la cama
que ya estaba excavada.
Temía los signos del perro de cobre puro,
el perro entre martillos de verano y hambres,
el perro que surgía de sus ojos vivo.
"¿De dónde ha llegado esa nube?".
"Ha llegado de otro mar: pasó
por la ventana y arrancó el lunario".
"Llórame, madre, entonces. Llórame
en vida, llórame".
"No. Hago votos por ti,
con toda el alma.
Pero no bailes.
Te dará vuelta la cabeza.

Oh, amargo hijo:
tú que no tienes sufrimiento
todavía, tú que heredas mi mal,
tú que has nacido con los pies de fuego...
Búscate una mujer.
Búscate un hermano, te pido.
Búscate otra tierra".
Ella era la forma mía,
la terrible pared.


Roberto Raschella (Buenos Aires, 1930)

HUGO MUJICA






HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO


Hay perros
que mueren de la muerte de su amo

cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo

que no se agitan,
                     tiemblan.

Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
          de un torso de mármol,

son los que lloran cuando creen
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
                   donde morir de carne,

pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño.



HM(Bs As, 1942), estudió Bellas Artes y Teología. Es ensayista, poeta y narrador. Su poesía completa fue publicada por Seix Barral en 2005.

OSÍAS STUTMAN


Stutman junto a Walter Cassara, en Barcelona 



















MAGNA GRECIA O EL PUEBLO EN POLONIA LLAMADO BODZECHOW
DONDE VIVIÓ UN JOVEN Y TALENTOSO ESCRITOR

Veo la responsabilidad de un movimiento,
un trono junto a otro, los senos en el respaldo
bajo la túnica de mármol de arena amarilla
como el muro de mi casa nueva. Es el gran gesto

expresivo y me habla al corazón y a la frente.
Es vértice, morado rincón del cuerpo, mano
de ánfora con anillo en ese dedo
largo como el muro del Palazzo,

el del vino oloroso y la selva
de palmeras en el vaso. Gran sabiduría
emana aquí, húmedo Platón suspira nómada
en ese mundo policromado, multicolor.

Ahora algo sube y perfora el techo
del cuarto de arriba, la última habitación,
la de la niña de la boca rara, rubia.
Sí, sí, reconozco ese imperceptible movimiento.

Desaparece el culto recuerdo del museo
y sólo vive esa sensualidad de la joven,
literaria figura viviente, ella la que crea
preguntas o las sospechas de sexo y crimen.

En su vida hay gran novela, enseñanzas
y maneras, recursos y estratagemas, tímidos
recursos que no mejoran su vida y repiten
los errores de toda su generación balbuceante.




POETAS EXTRANJEROS


Ésta describe el inefable
correr del agua. Ese otro
el amor muerto y sus esplendor
recordando. El otro mira

a sus hijos dormir. Ése el del norte
viaja en tren. La otra, la premiada,
piensa como una hormiga en su rincón
y su poema es terso, irónico.

Quieren Epifanías y viajes lentos,
escribir como poetas chinos, volar,
ver los ejércitos desde el aire,

conocer a las tres mujeres fugaces,
vivir luego sin ellas, desesperadas.
Una dice que las cosas no piensan ya.




LA NOVIA


She is past of her youth. Es
la novia judía (de Rembrandt),
la de la mano en el pecho. Cada
golpe de pincel ya es soledad y ansia

pura. Ella siempre es la que lame
espada y filo y vientre curvo.
Es la que huye quieta, la mirada
baja. Pasada su juventud. Es cuando

tiembla la tensión en ese otro cuarto
con la cama y las dos puertas cerradas
y esa ventana por la que no se puede ver.

Cierro los ojos y espero. Abro los ojos.
La ventana verde, opaca, sigue allí. Este quiso
pintar la paz de la casa y el encierro de la fiera.


COMMON SPEECH


Es el habla común que ya no
funciona. La perplejidad conduce
toda la escritura de hoy,
la poesía y sus ramas, la prosa

y sus valles. El hablar, los gestos,
los monosílabos gruñidos jóvenes
y viejos, limpios o malolientes,
todo el hablar y sus provincias.

Quien asegura lo contrario
niega la verdad y su aura
de pulcritud. Silencio asegura

sentido hoy. Mejor callar,
recordar, volver a aprender.
Las otras señales ya no emocionan.




LA INSPIRACIÓN


Santa dialéctica del pensar
más primitivo que nunca cambió.
Una nuez en la cabeza es su fuente,
igual a la del reptil, tan antigua

que ya perdió su historia. Todos
los sentidos son suyos, la reacción
a lo que flota y a lo que se hunde,
a lo que se arrastra y a lo que vuela,

al sabor agrio y al dulce, la nuez
que dirige la lengua y las yemas
de los dedos. Esa nuez es la fuente

de toda la inspiración. Es la boca que habla
y el ojo que ve. Es el cabello trenzado y el aro
en la nariz. Es la misma enumeración sin fin.


CORONATION DAY


No me interesa
lo que le pasa
a la gente que no existe,
dice la inglesa en su carta.

Leo en voz alta y no entiendo.
Ocho personas hablan como en las cartas,
cinco hombres y tres mujeres,
uno moribundo en su lecho

(muere en el hospital,
me dicen luego). Dos mujeres
tienen perros, uno grande
y lanudo, separados por un océano.

Todos, los siete, sacan fotos
y quieren ir al mar. Una mujer
es mala actriz en obras
que duran poco. Llueve

en la costa, siempre. No van
a Londres (dos). La del perro
grande queda en Nueva York
y no puede ver la coronación

(de la reina de Inglaterra).
Siete ingleses (tres mujeres)
miran la ceremonia en casa
de pie cuando tocan el himno.

Se cubren con los tejidos
del cielo, las sedas, las lanas
tejidas en el año 1959. Una lee
en alta voz las traducciones

de la mano de dios en el sermón
(de John Donne). Dizzy Donne
lo llamo, mi amigo, el amigo
de la limpia monja que comía

con los dedos, impecable,
sin mancha. Son grandes amores
por carta de los que nunca
se encuentran. Todos aún vivos

después del verano. Y luego
como si nada lo detuviera uno muere
(el librero), en ese mundo literario,
ese mundo que sólo existe

en la literatura (inglesa). Donne el
mareado balbucea. Arden  memorias
en la noche y la historia acecha
al desprevenido. Esos que vivieron

la gran experiencia ahora ida. Nadie
reconoció esa pena ni esa extraña
herida que todos llevan como el lector.
Y en pocas horas, atrapado, cree en lo que leyó.




EL DESAIRE


Oigo una voz que dice algo nuevo,
algo que no es familiar, sorprendente.
Pero no es sorpresa lo que espero.
Tres sorpresas tuve hoy. El que habla el lenguaje

de los sordos con gestos breves
y precisos, canta Gershwin con sus gestos.
La lectora seria. ¿Por qué lleva esas hojas
de papel en la boca? Es mas grande que

lo que su propio bien merece y se lastima.
La tercera sorpresa es la primera y
admiro la voz que dice algo nuevo. Abre
los ojos la joven de las monedas de oro,

pisa una vela encendida, una uva en la escalera
y vuelve a su tierra. El silencio después
del ruido produce más calma que la espera,
tres platos de agua en un plato
es el gesto esperado, sobrenatural.
La mujer insolente nace al big sleep
antes de crecer con su código de honor
y es la única maestra que ama la vigilancia.

El gran sueño es su envoltorio, su seda,
su rosal de Francia. Duerme viva y despierta,
duerme dormida y soñada. Respira
sin mover un músculo ni un labio.

¿Para qué estas astucias? Sólo falta
el gorrión muerto y su alambre que inicia
la más trágica preocupación prestada, enrojecida,
el alma de la envidiada, la mejor novela.


Osías Stutman (Buenos Aires, 1933)