martes, 17 de julio de 2012

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO





El oficio del Poeta

Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.
Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.
La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño.


JAG (Barcelona, 1928 - 1999) fue un escritor 
español. Hermano mayor de los también escritores 
Juan Goytisolo (n. 1931) y Luis Goytisolo (n. 1935), perteneció a la llamada Generación de los 50 junto 
a escritores como Ángel González, José Manuel Ca
ballero Bonald, José Ángel Valente, Jaime Gil de 
Biedma, Alfonso Costafreda o Carlos Barral entre 
otros, que tienen en común el compromiso moral 
o político y una renovada atención al lenguaje y 
la lírica.


TOM MAVER


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Cada lugar, por desértico o remoto que sea…

Cada lugar, por desértico o remoto que sea,
sueña con que aparezcan los viajeros.
No hay sabana, por ejemplo,
que no quiera que la recorran
las ancestrales patas de los elefantes,
sentir ese cosquilleo por kilómetros,
el roce de sus pesadas trompas grises
como dedos peinando los pastizales:
¿quién no quiere ser tocado así?

Y sus pieles agrietadas, cuando finalmente llegan
a los enormes piletones y el agua entra en contacto
con ellas, de golpe, desde ese fondo de cansancio
y aturdimiento, resplandecen en la tarde africana.
¿Cuán largos serán, en su longeva vida de elefantes,
estos instantes atravesados por el milagro?

A través del agua que les corre por el rostro,
se miran. Hay algo de impenetrable en sus miradas.
Ahora, como de un cuerpo amado del cual
deben alejarse para siempre,
se dan vuelta y empiezan a dirigirse,
casi con la misma parsimonia con que llegaron,
hacia los caminos de polvo y arena
donde sus trompas ya empiezan a olfatear
las estaciones de sequía acercándose.
Pero, ¿qué sabana del mundo, por hermosa que sea,
no querría ser sostén de esa desesperación?


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                                                                                                                        La soledad siguiendo
                                 GARCILASO DE LA VEGA


EN CAMINOS despejados me atraso sin remedio
y llego a mi casa siempre después de mí
como a un lugar donde no queda nadie. 

Tropiezo con cosas que ya no están,
por todas partes choco con la distancia que se abre
entre nosotros, con armarios que quedaron cerrados.
Los ecos de las charlas que todavía recuerdo
son sobre viajes que se llevan a los que hablan
y peparativos que hace uno solo.

Apenas te fuiste, borré cada huella tuya
para no ver adonde iría la siguiente.
Fuí, uno por uno, deshaciendo todos tus abandonos
hasta desorientarme y no tener cómo seguirte.

Pero ahora resulta que cuando piso
donde alguna vez borré los rastros de tu partida
vuelvo a tropezar con algo que quedó de vos
y que se sigue yendo de donde ya no estás.


TM(ARGENTINA, 1985). Obra: Yo, la incesante nieve", 
Huesos de Jibia. Buenos Aires, 2009.