viernes, 13 de julio de 2012

JUAN L. ORTIZ






LOS ÁNGELES BAILAN ENTRE LA HIERBA

Los ángeles bailan entre la hierba.
Ondula un frío que relampaguea
y que cortaría la tarde.
La tarde dura como un diamante
que desvalora de pronto una nube efímera.

Los ángeles de Cocteau sentados en las cornisas

miraban caer la tarde con ojos violetas.
Es dura la vida. La vida es triste.
Como un mar la muerte viene del sur y anda en el sol.

Los ángeles bailan entre la hierba

y sonríen con una sonrisa filosa,
un poco lúgubre ¿cierto?
Sí, lúgubre, y breve.


ELLA

Ella anuda hilos entre los hombres

y lleva de aquí para allá la mariposa profunda
ala del paisaje y del alma de un país, con su polen...

Ella hace sensible el clima de los días, con su color y su perfume...

a su pesar, muchas veces, como bajo un destino.
Testimonio involuntario, ella,
de un cierto estado de espíritu, de un cierto estado de las cosas,
en que la circunstancia da su hálito...

Pero se dirige siempre a un testigo invisible,

jugando naturalmente con la tierra y el ángel,
el infinito a su lado y el presente en el confín...

Más es el don absoluto, y la ternura,

ella que es también el término supremo y la última esencia
con las melodías de los sentidos y los símbolos y las visiones
y los latidos
para el encuentro en los abismos... Mas tiene cargo de almas,
y es la comunicación,
el traspasado ser, "como se da una flor", en el nivel de los niños,
más allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma...

Y no busca nunca, no, ella...

espera, espera, toda desnuda, con la lámpara en la mano,
en el centro mismo de la noche

HUMBERTO COSTANTINI




Declaración jurada



¿Qué pretendo yo con mi poesía? 

Bueno, es tan fácil macanear en este tipo de declaraciones ¿no? O esquematizar. 

O decir una cosa por otra. O desembuchar las ideas que uno tiene sobre estética, o sobre política, o sobre la filosofía del arte en general...Pero me parece que sin querer se me escapó algo que es cierto.
La poesía sirve para no macanear. Eso es. La poesía y el cuento me sirven a mí para no macanear. De eso estoy seguro. Para ser auténtico, humildemente, trabajosamente auténtico. Contar como veo, como siento algunas cosas, tratar de que alguien las vea y las sienta igual que yo. Sin pretender enseñar, ni adoctrinar, ni contrabandear ideas. Y para eso tengo simplemente que hablar con mi propia voz. Cosa bastante difícil como lo sabe cualquiera que ande metido en este asunto. 
Pero una vez conseguido eso, una vez que a fuerza de un largo trabajo de búsqueda, de desprendimiento, de humildad, qué sé yo, uno cree haber encontrado, en el fondo del alma o de las tripas, esa voz, los conceptos "bueno" o "malo", "poema" o "no poema" pierden totalmente vigencia. Se habla de un modo verdadero o se macanea. Y se macanea cuando, vaya a saber por qué, no se puede encontrar la propia voz.
Cuando me veo obligado a escribir un artículo, o un ensayo, o esto que estoy tecleando ahora por ejemplo, tengo siempre la fulera sensación de que estoy macaneando. De que podría afirmar todo lo contrario de lo que digo con la misma compostura y la misma sinceridad. En la poesía y en el cuento eso no me pasa. Sé que hay una única forma para decir una única verdad. Y que lo demás es una pelea con las palabras hasta encontrarla.

HUMBERTO COSTANTINI




El futuro


Qué lindo era el futuro,

el futuro
del pizarrón de cuarto grado,
todo hecho con tizas de colores
y una confianza buena,
de las viejas,
de esas que ya no se consiguen
ni pagando al contado.

era realmente lindo, lindo

aquel futuro
del pizarrón de cuarto,
había chicos decentes
tomados de la mano
chicos con las orejas limpias
y las medias derechas
y los dientes seguramente cepillados.

Juro que era lindísmo

el futuro
del pizarrón de cuarto grado
Había toros, libélulas y ríos
había trenes, palomas y silos y aeroplanos
había campos y escuelas y edificios altísimos
había vacas y ovejas
bellamente pastando

Había una iglesia y un trigal

y un puerto con muchísimos barcos
Al fondo, por supuesto,
un ancho sol naciente en amarillo,
con sus ojos, su boca, su sonrisa
en realidad
bastante parecido
al de la tapa del cuaderno 'Sol de Mayo'
pero de todos modos era una maravilla
aquel futuro
del pizarrón de cuarto grado

¡Ah, si pudiera entrar en el futuro!

en el futuro aquel en seis colores
del pizarrón de cuarto grado
Cómo caminaría derechito
hacia el gordo sonriente en amarillo
acogedor, humano
Cómo andaría entre toros, libélulas y ríos
y trenes y palomas y aeroplanos

A lo mejor iría

tomado de la mano
de algún chico decente, buenito, bien peinado
Caminaríamos alegres y llenos de esperanza
porque, es claro...
el camino sería bello y fácil
como eran los caminos del futuro
en el lindo futuro
del pizarrón de cuarto grado

Sin barreras, sin piedras,

sin pozos, sin semáforos
nadie nos pediría documentos
ni nos requisarían baleros subversivos
ni nos sospecharían ladrones
o extremistas o infiltrados

Nadie nos metería, por supuesto,

en un atroz fantasmagórico Ford Falcon,
ni mucho menos iríamos a aparecer al otro dia
junto a un montón de cápsulas servidas,
ni dirían los diarios
con sus letras chiquititas y su fea sintaxis
cosas como "se procedió a identificarlos"

No, no,

sencillamente no,
porque eso no figuraba para nada en el futuro,
porque eso la señorita no lo había dibujado
con borrador, y tiza y esperanza
en el prolijo y diáfano futuro
del pizarrón de cuanto grado
El cual como se sabe estaba todo hecho
con tizas de colores
con un redondo sol de Sol de Mayo
y una confianza buena,
de las viejas,
de esas que ya no se consiguen
ni pagando al contado.


Se supone


Se supone que hay dudas sumamente poéticas,

tristezas avaladas por las musas,
y además endosadas por la Real Academia,
dulces melancolías que esmaltan los crepúsculos
de colores lindísimos.

Se supone que hay penas que ni hechas en medida

para extasiar ñiñitas,
soledades que casi son un coito
de perfectas,
angustias prestigiosas como heridas de guerra,
rompimientos ya escritos con ritmo de bolero:
debemos separarnos,
me acordaré, te acordarás, etcétera.

Se supone que hay tedios elegantes,

desvelos a los cuales
baja chisporroteando el genio desde el techo,
preguntas y temores que ocasionan sonetos,
neurosis aceptables, llevaderas, simpáticas,
borracheras que nacen con el sello de la celebridad,
cansancios que maduran en corazones sabios
y de vuelta.

Se supone,

- es lícito aceptar que existen -
que de acuerdo
a una bibliografía tan bella como extensa
ellos estan allí,
demostrando, brillando, guiando, corrigiendo.

Se supone,

- fácilmente se admite que deben existir-
no es mi intención negarlo, por supuesto.
Simplemente
quería decir, con toda honestidad:
yo no.


Puntualizo


No que me falten dudas o tristezas,

ni que me encuentre en déficit de penas,
ni que sea pobre en soledad o miedos,
ni que no tenga una vulgar neurosis
donde caerme muerto.
No, nada de eso,
gracias a dios
yo tengo
mi cuentita en el banco del esgunfio
como cualquier mortal.

Sólo ocurre

que las penas son bichos nauseabundos,
la soledad voltea como el tifus,
los rompimientos vienen generalmente
con gritos, puertas, odios,
puteadas furibundas,
manos en el pescuezo,
y a veces con un llanto
blando, sonso, de niño , interminable,
mendigando un perdon.

Sólo que la tristeza

es sucia, miserable, austada e inútil,
refractaria a la máquina
y a los lindos colores del crepúsculo.
Sólo que la neurosis,
que quiere que le diga,
se parece bastante a la idiotez.

HUMBERTO COSTANTINI





PICHUCO

¿A usted le asombraría
verlo tomar la posición del loto?
¿asumir la nirvana?
¿curar en sol mayor a los enfermos?

¿Usted diría que no
si tuviera un tachito con incienso?

Porque
¿quién lo va a discutir?
Si es ley antigua.
Si hay que zalameriarlo.
Protegerlo.

Porque
¿y si se disgusta?
¿Y si dice por ahí:
no le hago más variaciones a Recuerdo?

¿Y si en eso se va?
¿Y si agarra y se lleva
a Sur, a Barrio de tango y a María?

¿Usted se lo imagina?
¡Qué silencio!

Porque, está bien.
El dice que creció en Palermo.
Pero ¿y si no?
¿si vino del Olimpo?
¿Y si llegó muy pancho del infierno?

¿Y si un día lo viera
al abrir el estuche
en vez del bandoneón sacar la lira
y resultaba que era nomás Orfeo?

Por eso hay que cuidarlo.
Por las dudas.
Saberle los gruñidos.
Tocarle la papada.
Contemplarlo.
Quererlo.

Mire si se disgusta.
Si se embronca y se va.
Uh, ni pensar lo que sería el silencio.

                                                              1973



Tarea

Han de saber

que cuando en la oficina no hay trabajo,
yo trabajo,
trabajo como un negro,
sudo tinta,
ando detrás de pájaros azules,
me meto en grandes líos con los sueños,
me desangro en palabras,
salgo a cazar ballenas y crepúsculos,
domestico elefantes
(hay que ver qué furor el de la selva)
le explico al faraón cosas del tiempo,
hago el amor a veces,
lucho con los zulúes cuerpo a cuerpo,
tengo que abrirme paso en un perfume,
volver para las doce,
morirme,
andar recuerdos.
Tengo que hablar con Dios,
volverme loco,
lanzar varias proclamas de justicia,
escapar de la hoguera,
vestirme de jamás para un entierro.
No descanso ni un minuto,
me doy ung ran trajín con las cigarras,
me cito con Lenin y arreglo el mundo,
llamo a larga distancia,
digo anote en mi agenda: Nazareno,
trato cosas del aire con gaviotas,
compro verdes, azules, amarillos
y los despacho por expreso al cielo.
Hago arreglo con nubes,
firmo tardes de otoño con llovizna,
corro a cambiar estrellas que andan flojas,
promuevo madreselvas,
dicto inviernos...

cuando el jefe me mira y dice ejem,

ya que usted no hace nada y tiene tiempo...


Militante del PRT-ERP, Humberto Costantini nació 
en 1924 en Buenos Aires.
El 16 de enero de 1984 regresó a Buenos Aires, 
luego de un exilio de 7 años, 7 meses y 7 días.
El 7 de junio de 1987, una enfermedad lo venció. 
Los que lo conocieron, aseguran que Costantini 
estuvo escribiendo hasta la última noche de su 
vida.

ANDRÉS RIVERA





                               "Todo es irreal menos la Revolución."
                                                                      Lenin

I

Escribo: un tumor me pudre la lengua. Y el tumor que la pudre me asesina con la perversa lentitud de un verdugo de pesadilla.
¿Yo escribí eso, aquí, en Buenos Aires, mientras oía llegar la lluvia, el invierno, la noche? Escribí: mi lengua se pudre. ¿Yo escribí eso, hoy, un día de junio, mientras oía llegar la lluvia, el invierno, la noche?
Y ahora escribo: me llamaron –¿importa cuándo?– el orador de la Revolución. Escribo: una risa larga y trastornada se enrosca en el vientre de quien fue llamado el orador de la Revolución. Escribo: mi boca no ríe. La podredumbre prohíbe, a mi boca, la risa.
Yo, Juan José Castelli, que escribí que un tumor me pudre la lengua, ¿sé, todavía, que una risa larga y trastornada cruje en mi vientre, que hoy es la noche de un día de junio, y que llueve, y que el invierno llega a las puertas de una ciudad que exterminó la utopía pero no su memoria?


V

Angela, por favor, deme zapallo. Puedo masticar zapallo. ¿Lee lo que escribí? Acerque la vela. ¿Lee? ¿Sí? Zapallo, Angela. Y una empanada. Y vino. Un vaso de vino.


XI

Castelli, ¿Qué soñaste?, le preguntó, anoche, Mariá Rosa.
Castelli, boca arriba en la cama, abrió los ojos a la oscuridad del dormitorio, y llevó su mano, la que no escribe, hasta la entrepierna desnuda de María Rosa: La sintió húmeda y tibia.
¿Soñé?, preguntó Castelli, la mano que no escribe, húmeda y tibia, en el vientre desnudo de María Rosa, allí donde, para las yemas de los dedos, para la piel de la palma de la mano, todo era sumiso y previsto.
Hablaste. Hablaste mucho. Maria Rosa sonrió en la oscuridad.
Castelli pasó su lengua, herida, por la boca que habló: ¿Soñé? 
¿Es verdad que hablé mucho?
Soñaste. Y hablaste mucho. Le recé a Santa Rita, Castelli, para que te cure. 
Y para que seas sólo mío, suspiró Maria Rosa.
Castelli, sobre ella, que se hundía en ella, se pasó la lengua, herida, 
por los labios.
¿Es verdad que soñé y que, en el sueño, hablé?
Hablaste, Castelli, hablaste, dijo, húmeda, la boca de María Rosa. 
Y te vas a curar.
¿Me voy a curar? La boca de Castelli besó los ojos de la mujer que, 
debajo de él, se movía, húmeda, cálida, sumisa, previsible, insaciable.
Te vas a curar, y a ser sólo mío, como ahora, dijo María Rosa, la voz pastosa, repentinamente inmóvil debajo de él.
¿Me voy a curar? La lengua le ardió, a Castelli, en la boca que olía a putrefacción.
Le hice una promesa a Santa Rita, dijo María Rosa, que se reía como se reía cuando terminaban de copular.
Castelli la abrazó, y ella, dormida casi, su lengua, ensalivada y quieta en la boca de él, murmuró, con la placidez irreductible de la hembra satisfecha:
Santa Rita es la patrona de los imposibles.

AR, en 1959 aparece su primera novela, El precio. En los 40 años 
siguientes la obra no dejaría de crecer. Algunos títulos: El verdugo 
en el umbral, El amigo de Baudelaire, En esta dulce tierra, 
Mitteleuropa, Profundo Sur, Hay que matar, Tierra de exilio, Cría de 
asesinos, Esto por ahora, El farmer, Ese manco Paz. 

JUAN L. ORTIZ





NO, NO ES POSIBLE...

No, no es posible.
Hermanos nuestros tiritan aquí, cerca, bajo la lluvia.

¡Fuera la delicia del fuego, con Proust entre las manos,
y el paisaje alejado como una melodía
bajo la llovizna
en el atardecer perdido del campo!

Fuera, fuera, Brahms flotando sobre los campos!

No, la muerte mágica de la música,
ni la turbadora sutileza,
mientras bajo la lluvia
hombres sin techo y sin pan
parados en los campos,
vacilan al entrar a la noche mojada!


AROMOS DE LA CALLE...

Aromos de la calle.
Qué dicha flotante,
inmediata,
casi palpable!
No la siente el pobre,
no puede sentirla,
y tan cerca de él
el alma embriagada
del aromo!
Vergüenza de ser
el único en la fiesta
fragante
bajo la mirada
—celeste a destiempo—
del cielo que abren
nubes tibias.
Pero yo sé que un día
los frutos de la tierra
y del cielo, más finos,
llegarán a todos,
a todos, a todos.
Que las almas más
ignoradas
se abrirán a los
signos más etéreos
del día, la noche,
y de las estaciones...

LUIS LUCHI




Cada uno tiene su desgracia y yo te perdí


En todos los años

en que tus besos fueron míos
rendí el peso de la piel
el amor en oleadas, el paraíso,
la mano sobre tu corazón palpitando;
por lo que recuerdo
no sólo fue el beso,
una posesión completa
cuerpo y alma
compartiendo el aprendizaje
y para mí era total
la primera vez y siempre,
después no tanto, el resto es largo;
pero tus besos
fueron y serán para siempre míos,
no termino de enumerarlos
y olvidarlos
para que su cantidad
alcance hasta
el fin de mis días.



(De Contestarse a sí mismo en el canto)

Contestarse a sí mismo en el canto

¡¡¡Voy!!!
No contesta-no está.
¡Esperame, falta poco!
¿Estará festejando mi ausencia?
Oigo voces. Están en curda,
suben, cruzan el río,
pasan el bosque,
y se escucha en el valle:
¡Estoy por llegar!
¡No terminé! ¡Esperen!
El zapato me queda chico, la media grande;
hace mucho que no me vestía.
¿Cómo se hace?
¡Eh! ¿Con qué viajo?
Sí, sí, ando, es el viento en contra,
me falta poco, estoy,
es el último descanso que tomo
pero verán, ya veremos, hay niebla,
justo hoy se les ocurre un eclipse de sol,
nunca es total, llevo un farol,
una vela, tus ojos en la memoria.

LUIS LUCHI


luis luchi con alberto szpunberg



ANDRÉS NIEVA





ELECTRONIC FIELDS


Ey Cholo!
Subimos al auto.
Vamos
al campo.
Música electrónica.
Fumamos.
Miramos espinillos.
Pájaros
y un árbol alto
junto
a un cielo rosado
Ey Cholo!
Me gusta
estar mareado.




NOGOYORK DRUGS


Suena cumbia
en la notebook.
Llega el dealer
y entra
a la casa.
Tiene la uña
del dedo chico larga
de una de sus manos,
ahí pone cocaína
y aspira.
Su celular
no deja de recibir mjes
para hacer delivery
de merca y faso.
Big Scotland
agarra un envase
de cerveza
y sale al kiosko.
Antes de llegar
a la puerta
queda encandilado
por las luces azules.
Afuera los canas
rodean la moto
del dealer.
Éste se mete
más cocaína
en la nariz
y empieza
a sacar
papeles,
piedras
y una pistola cromada
con el tambor
lleno de balas.
Toto Bingo
sale
y le dice a los canas
que la moto es suya.
Los azules
revisan el baúl
de la moto.
No encuentran
nada.
Se hacen los boludos
y se van.
El dealer
camina
por las paredes.
Antes
de que llegara
la policía
dijo que tenía
intervenido
el celular.
Toto Bingo
le pide merca
como recompensa
por haberlo salvado.
Acepta
y le pregunta
si quiere de la común
o con alitas.
Elige común
y snifa
sobre un cd
The Clash.
El dealer se va.
Bebemos
fumamos
y escuchamos
cumbia.

  
AN(1973, Villa Dolores, Córdoba). Es autor de Boca del Río
(Llanto de mudo, 2004), Una colcha es muy poco para tapar 
este invierno (Llanto de mudo, 2005), Say yes (Llanto de mudo, 
2007), La suerte del perdedor afortunado (Llanto de mudo, 2007), 
El tiempo es un perro que huele mal y golpea a tu puerta (Textos 
de cartón, 2009), Poemas piedras (Textos de cartón, 2009), El 
cuchillo que detuvo los latidos (Felicita cartonera, Paraguay, 2010)
Love will tear us apart (Ediciones diatriba, 2011), Punk espacial 
(Textos de cartón, 2012).