jueves, 28 de junio de 2012

ESTEBAN MOORE




Pruebas al canto


Hacia finales de los ochenta estando en Montevideo fuimos a cenar
                                      /al viejo Pentella en Santa Fe y Paraguay
ya por aquellos años un restaurante casi centenario
cuyo elegante salón confirmaba de tiempos pasados
                                                        /cierto esplendor
consintiendo -quizás  por un instante -el olvido de las miserias del presente

Allí fuimos ubicados en una larga mesa -los más de veinte comensales
                                                /en su mayoría orientales capitalinos

Los camareros comenzaban a servir las bebidas cuando alguien destacó
el inusual -gigantesco tamaño de una reproducción fotográfica de Carlos Gardel
                                                   que colgaba de la pared del fondo

La sola referencia al Zorzal Criollo nuestro querido Morocho del Abasto
                        /obró como una contraseña compartida en colectivo
todos  -y a una sola voz  -comenzaron a discutir con enfático fervor
                        /sus orígenes  y lugar de nacimiento

Incluso alguien opinó que en la voz del Maestro -divino e inigualable don-
podían reconocerse /el tono y la modulación propias y tan particulares
                                                                /del gauchaje de Tacuarembó

 Las opiniones y conjeturas -resultado en alguna medida de la excitación grupal
                                      -o del ardor y celo patrióticos
fueron interrumpidas por un hombre de mediana edad sentado en una mesa cercana
                         /quién con voz grave y buena dicción dijo:
“Observen con atención su cara de felicidad  -el rostro risueño
                      /la sonrisa franca...
 ¿ No se han preguntado por el motivo de tanta alegría ?

Todas las cabezas giraron en su dirección
         /las miradas delataban asombro y desdén
sin embargo nadie osó responderle al indiscreto entrometido
                     /quién  a manera de colofón agregó:
“ Es muy simple, le tomaron la fotografía después de cantar Mi Buenos Aires querido
                     / más claro échenle agua”




Sueños


La noche húmeda y calurosa de mediados de noviembre
                ya anunciaba el verano
no dormí bien y con la primera brisa del amanecer me levanté
fui a la cocina -- preparé el mate y subí a la terraza

La luz ascendía desde el río
                iluminando las nubes bajas
que atravesaban el aliento de la ciudad  --su respiración--
      una mar-océano de monóxido de carbono
                                 gris rosáceo
      -con el primer mate me vino a la mente
el sueño que había tenido esa noche

Yo caminaba a media mañana bajo un cielo límpido transparente
por la vereda del sol del Boulevard Saint Michel
me dirigía hacia el 15 de la Rue de Vaugirard
                   al Jardin du Luxembourg

El sol ya picaba en el rostro y los brazos cuando atravesé el portal
          luego caminé  por varios senderos  y me detuve a  descansar unos minutos
                   en la Fontaine Marie Medicis

Luego continué caminando por los jardines
cuando en la distancia vi lo que parecía ser un grupo de ancianos
           reunidos en un semicírculo
               que cantaban a coro

A medida que me acercaba la melodía
                                         se me fue haciendo familiar
en el aire cálido flotaba el eco de     Oíd mortales...
El grito Sagrado, Libertad.... Libertad........
era nuestro Himno Nacional cantado con bronca energía
y ya a unos pocos metros de los ancianos comencé a reconocer los rostros
El de mi abuelo, el de mi tío Carlos quien supo tener un rosillo mañero
                          llamado Barón
  y un Bull Dog que respondía al nombre de Cuaco
  y más de treinta gatos que entraban y salían de la casa
             por una ventana sin cristales

El rostro de uno  de los ancianos que seguía el ritmo de la canción patriabalanceando el cuerpo con movimientos propios del rockme resultaba familiar -- era Tito Zanoni
   quien a pesar de haber fallecido relativamente joven y en buena forma
                  --- aquí se lo veía
                                   viejo –viejísimo, consumido

Me hubiera gustado preguntarle si en el cielo también se envejece
       pero confieso el coraje ---me palpitó en temblores

También estaba don Cancela –de botas y bombachas
y una rastra en oro y plata -ancha como un deseo
 que sentado en un banco del parque
los miraba atento mientras cebaba un mate
         no con la vieja pava de hierro
         siempre pronta sobre la económica
              sino con un termo
                grande-brillante -humeante de blancos vapores flotantes

 
Intenté hablarles y no me respondieron
cuando terminaron de entonar el himno comenzaron a cantar
con inusitado vigor
             Galway Bay
acompañados por Bing Crosby quien se acababa de unir al grupo

Les pregunté por qué estaban allí –me ignoraron
me dieron la espalda y se dirigieron hacia un escenario improvisado
                   donde una banda municipal
con mucho bronce ensayaba  La Marsellesa

Confundido -perplejo -los observé mientras se alejaban
y en mi desesperación -lo recuerdo claramente-
Les grite ¿ Diganme de una santa vez
           que mierda hacen acá?

Cuando -------para mi sorpresa
uno de los espectadores de esta escena se me acercó
y me dijo:
    ¿ acaso los muertos
    no nos hemos ganado el derecho de visitar Paris?

Era César Vallejo enfundado en un gastado ambo oscuro
   que sonriendo sacó del bolsillo exterior de su  saco
un atado de Gauloises, tomó un cigarrillo se lo llevó a la boca
le pidió fuego a Humphrey Bogart quien casualmente pasaba por allí
              con Lauren Bacall del brazo
        y  pitó con fuerza
mientras comenzaba a caminar
                                 hacia el portal de salida

Repentinamente se detuvo -giró ágil sobre su talones
nuevamente sonrió con cierta satisfacción
y me dijo:

“Si  Ud. se apura todavía podrá llegar al Café de Flore
     en días como estos 
--siempre antes del almuerzo-- 
Carlos Gardel
     tiene costumbre de darse una vuelta por allí
lo hallará seguramente bebiendo un aperitivo
                                            /en una de las mesitas  de la vereda”


                                                                 de Las promesas del día (2010)



ESTEBAN MOORE







"mi buenos aires querido"

                                           A. Le Pera/ C. Gardel


en una bella ciudad
del lejano sur del mundo
un niño
            con amorosa osadía
se tiene en la hamaca
             sus impulsos agitan
             la desparramada ceniza de los muertos

en nuestras habitaciones
gobernadas por el cerrojo
la memoria es un muro
que no puede ser derribado

                      de La noche en llamas (1982)



con bogey en casablanca

bogey bebe en silencio
el agrio bourbon del olvido
su mirada perdida en la noche africana
oculta las profundas cicatrices del amor

desde la mesa observa al pianista
que sin emoción acaricia en el aire
con manos de brillante caoba
las teclas de un piano destartalado

en el fondo del salón a media luz
acompañada por una vieja guitarra
la francesita delgada y triste
sostiene el tibio mate de la espera

bogey la mira a través del humo del cigarrillo
para comentar lentamente como sólo él puede hacerlo
con la entonación propia de un reo del abasto
“muchachos… ella algún día lo comprenderá…
…carlitos se nos ha ido para siempre”

                                 de Con Bogey en Casablanca (1987)




Buenos Aires: tan lejos, tan cercana


Encandilados por el pasado -su  peso específico
‘el pudo haber y no haber sido’ atormentándonos
salimos del museo La Casa de la Estrella
y caminamos
bajo el límpido firmamento venezolano
las calles de la parroquia de La candelaria,
         el barrio viejo de Valencia
donde el presente -al compás de bocinazos
        y músicas de estruendo a todo volumen-  
                                   asume sus pretensiones

Ya sedientos de horas al sol
                entramos a La Guarita

 Ordenamos sardinas a la parrilla
                             /la especialidad de la casa
         mucho limón para condimentarlas
         y bebimos Solera Verde
                                        /bien helada

Desde un viejo tocadiscos -gastados vinilos
desgranaban las voces de Julio Trujillo
                                       y Felipe Pirela

Gardel que nunca falta a la cita
cuando se trata de acompañar a un argentino
                       /en tierras lejanas


cantó Mi Buenos Aires Querido



MARCELO LEITES





TANQUE AUSTRALIANO


Un círculo de agua cristalina
contenida por paredes de chapa
circular y oxidada.
El tanque australiano está en una loma
escondido a los ojos del caminante
por una higuera que lo rodea
y lo protege.
Ramas con jazmines amarillos dentro del tanque.
Un colibrí de aspas vertiginosas pasa
inmóvil entre las ramas.
Dos chorros bajan por dos caños grises:
uno, para renovar el agua del tanque,
al otro llega el agua residual del riego
del gran jardín que no se ve desde el tanque
y donde hay una huerta, aguaribays, sauces,
gomeros, robles, paraísos y otros vegetales.
La perspectiva abrupta de la hondonada
se amortigua por inmensas hectáreas
ordenadas como campos de golf,
aunque aquí y allá hay arbustos,
yuyos, perros y caballos.
Aquí no llegan los ruidos de la ciudad
y el aire huele a pescado y a barro
del Uruguay siempre presente.
No se trata de una escena bucólica
sino de una ventana para mirar
el mundo.



Debajo de los sauces…


Debajo de los sauces
a la sombra de los sauces
estoy yo.
Miro el cielo a través de las ramas,
azul límpido y mínimas nubes.
Respiro
y el aire llena mis pulmones
de oxígeno viciado.
Me concentro en el tronco,
en la rugosidad de la madera,
en los gorriones que atraviesan
el cielo en bandada,
en el sonido del río que corre.
Sólo miro estas cosas
y sé que es suficiente.
Sin embargo hay algo
que no funciona bien.
Una mirada demasiado estática
sobre el paisaje.
Pienso entonces en los hombres
en todos los hombres
que alguna vez se detuvieron
a mirar las cosas.
Y no hicieron nada más,
salvo describir minuciosamente
cada objeto
y se olvidaron de vivir
para escribir poemas.
                                               (inédito)


ML(Concordia, Entre Ríos, 1963). Poeta y crítico literario.
Autor de: El Margen de la aldea (1992); Ruido de Fondo (2001)
y Tanque australiano (2007), Resonancia de las cosas en Edicio
nes en danza, de Buenos Aires (2009)

MARCELO LEITES





Otoño


Los árboles dejan caer sus hojas
retoños de una estación perdida.

Hay demasiada niebla todavía.

¿Sentiste alguna vez
que hacía falta romperse
en mil pedazos para decir
la palabra yo?

Hay una mañana que se abisma.
El sol sube al centro exacto
del cielo y los rayos
caen perpendiculares
sobre la tierra.
Tanta luz me enceguece,
me deja solo con mi sombra.

¿Sentiste tu cuerpo
como una balsa
moviéndose en el río
estancado de la mente?

Una bandada de golondrinas
atraviesa el cielo. Cada una
pendiente de la otra, cada
una apoyándose en la otra,
hasta que todo el conjunto
se vuelve un solo pájaro
volando el vuelo de todos.

Mi mano escribe estos versos
¿pero es mi mano?
¿soy yo el que escribe?

Va cayendo la tarde
y todavía no tengo
ninguna certeza
salvo esta luz impiadosa
que cae sobre las cosas.
Hay un sauce en la costa
que aún permanece verde.

He vuelto a casa.
La mesa de trabajo
está en penumbras.
Insistentemente miro
la luz de una vela
y el movimiento de la llama
sólo es un ejemplo.

(El viento barre las últimas hojas)

                                                 
         (inédito)



La quietud del movimiento


el colibrí viaja grandes distancias,
pero sus movimientos son estáticos
no sólo espera el momento exacto
para extraer el néctar violeta
sino que de tanto mirarla
su estado interno cambia
como si viera la flor
por primera vez
y ya nada fuera igual que antes.

Las golondrinas viajan por el mundo
de acuerdo con los ciclos de las estaciones
sus movimientos ocurren afuera
y sólo se desarrollan en bandadas,
pocas consiguen llegar al reposo
como si vieran el mundo por primera vez
y ya nada fuera como antes.



Preguntas


Dónde hay que dejar las ilusiones perdidas
los sueños no cumplidos
los actos fallidos
los planos inclinados
las fotos movidas
la muerte que se empeña en hablarte.
Dónde dejar toda la chatarra mental
que aparece cuando te vas a dormir
Dónde los amores que se fueron
Dónde encontrar un poco de luz
y estar en paz con uno mismo
sin las dudas que te perforan el cerebro
y no te dejan vivir
En el poema, claro, en otro poema.


                                                        (inéditos)