domingo, 24 de junio de 2012

SUSANA THÉNON





ORACIÓN

Cuándo dejará la luna
de preferir a esos pocos
que tanto a media noche
como al alba
gritan su ardor sin freno.
Cuándo será definitivo
el derecho a soñarse
sin verificar números,
papeles rotos, sexos,
velocidad sin prisa de la sangre.
Cuándo morirá el cielo
-sus castigos-
y el rayo será un niño
entre las hojas.
Cuándo arderán los vientos
sepultados.



LOS INGENIEROS RÍEN SUAVEMENTE

los ingenieros ríen suavemente
de los poetas flacos
los miran al trasluz
los desenrrollan con delicadeza
no hay vetas
ni vestigios
informan
la franja azul más que petróleo
es metáfora del agua
y la zona amarilla no revela
subproducto ni kril
nadie comerá de esto
informan
pero aconsejo no desactivarlos



EL BAILARÍN

El bailarín dice, bailo,
mi vestido es aire y sombra,
mi cabello es humo.
El pasado y el futuro bailan en mí.
Cada minuto deja un ancla en mi rostro.
Soy el tiempo a cada paso,
la muerte en mi quietud.
Bailo todos los bailes, me desahogo
y me uno.
Soy mar, el hombre mar:
mi cuerpo es ola, mi mano es pez,
mi dolor es piedra y sal.



YO

Yo vivo y tiemblo,
recompongo viejos verbos destrozados
en los hornos del frío
y me invento una palabra para cada lágrima.
Yo salgo a pasear
y me inclino sobre las fuentes vacías
para besar mi boca inexistente.
Yo tengo la mirada llena de sal
y cuerpos como estrellas de arena
y flores voraces
que me consumen lentamente.
Yo vivo y tiemblo,
resucito y me arrastro por el aire caliente
de las floraciones
y por el ojo siempre abierto del día.
Yo, luna tibia,
amándome y muriendo.


ST(Bs. As., 1935 / Bs. As., 1990), poeta y fotógrafa. Se la suele considerar
como parte de la “Generación del 60”. Su búsqueda artística siempre se
caracterizó por cultivar un camino estrictamente  personal.
Libros:  Edad sin tregua(1958), Habitante de la nada(1959) y  De lugares
extraños (1967); por más de quince años se dedica a la fotografía. Abre 
una segunda etapa con el libro Distancias, de 1984, al que continúa Ova 
complet.



RICARDO ZELARAYÁN




TAL VEZ NO IMPORTE TANTO

Tal vez no importe tanto,
tu cara se borra sola.
Hay muchas caras en mi vida
que viven borradas
quién sabe hasta cuándo.
Se han borrado poco a poco,
pero en el momento menos esperado,
y a veces en el menos indicado,
vuelven a aparecer por un brevísimo instante
para sumergirse enseguida
en el “¿Dónde estarás ahora?”
con un intenso sobresalto
de mi parte…
Hay días mucho más chicos que otros.
Y hay días muertos,
descolgados,
inútiles,
días que crecen y mueren sin esperanza.
El rostro borrado aparece de pronto
y es, al mismo tiempo,el mismo
y otro,
siempre dispuesto a borrarse
para aparecer otra vez
pero, ¿cuándo?
La música corre como el agua
pero se borra en el aire.
Es difícil acordarse de invierno
en verano
y del verano en invierno,
evocar una melodía remota
a la deriva en el tiempo pasado.
es difícil salvar del olvido
un rostro, una cara
que se ha borrado
y que aparece
el día y el momento menos pensado.
Si uno pudiera manejar la cosa,
Es decir matar definitivamente ese rostro en la memoria,
o evocarlo a voluntad,
todo sería distinto.
El vientito del despecho
ha lijado los relieves,
los ímites de la superficie recortada,
de los diferentes rostros de Ella.
Uno se salva de a ratos
pero en el momento inesperado….
Ella aparece con un rostro olvidado
que enseguida desaparece, etc. etc.
La cara, el recorte amoroso…
mas no el cuerpo
(el cuerpo decapitado
del rostro borrado).
Tal es el trabajo de salvación
por el momento:
evocar a voluntad
o borrar para siempre.
Incluso borrar el recuerdo
de haber borrado un rostro,
o todos los sucesivos rostros de Ella.
Cuando un rostro comienza a borrarse
(y por lo visto estoy diciendo rostro y no cara
porque rostro tiene más relieve que cara)
ojo, me digo, porque si los ojos de Ella se borran
algo comienza a terminarse
o algo, también, comienza a secas.
Es el comienzo de un nuevo rostro
que tal vez se borrará a su turno
y así sucesivamente.
Y lo de los rostros también se extiende a los lugares
que permanecen borrados
para reaparecer un instante de cualquier día,
no elegido,
y todos los días hay instantes que nacen y mueren vacíos.



FUEGO DE LAS ISLAS

Fuego de las islas
mis cabellos queridos
miel de mi río
La primera carta de amor estrujada
La carta no recibida
y siempre esperada
es todo lo que puedo hacer
desde este lejano sur
camalotecito
no sigas al sur
fuego de las islas
cabellos queridos
abrázanos
da vueltas a nuestro
alrededor
como una calesita
muéstrame río tus islas
con el fuego verde del mediodía
Oh río que vienes hacia el sur
vámonos de vuelta para allá
No vengas hacia mí
Allá voy.
Corazón isla
los árboles se topan
no gemir
cosido a puñaladas
Yacaré olvidado
en mi corazón-cucharón-isla
río suavemente cuchareado
metido en una esponjita
y dale nomás isla de lanchas enamoradas
isla-ilusión
Iisla suavemente reflejada
abismo líquido que me das alas.

                                                      (de "Poesía Inédita")



PIOJA


Rezongado rezongo de palabra renga.  Pelo y barro.

La horca…limpita.  La horquilla puñalea seis veces por vez.
Puñaladas finas, bien clavadoras…¡Y a la puña!

Arado entierra y desentierra.  Peine grueso y fino, suave y
liendre, piojo nomás.  No saltona pulga.  Roña y sangre. 
La piedra aguanta, aguantaraz.

Madera, ¡ja!  Madera y avispas clavadoras.  Una siesta basta.
¿Seguro?  La carne sin revés se las arregla.  Cae una gota loca.
 Dos, tres…A la baba nomás mientras el río corra.

Los huesos mentirosos se desencajan.  Cris, cras…Pura agua
colonia.  Pelo, pelambre, pelambruna.  ¿Dónde hervir el huesito
salvador?

Puta, puta calandria.  Avispa del chajá.  Mancha que se borra
al despertar.  Cae el pelo, uña caída, cherubichá.

Al chajá montero lagunas le sobran.  Al diente por diente
las lomitas.  Orilla amarilla y negra.  Nunca bien te veo.

Vidrio pelo, vidrio en los ojos, polvareda.

Filo contrafilo y punta.  Coleteando en la atmósfera.  Ladridos.
Burro empacado.  Burro lengua’ e sal.  Sapo bronceado
                bronce.
Sopa alharaca.  Tuna.  Liendre lisita.  No hay peine pal pelo
que arde nomás.  Huracaneados vamos, aplanados todos.
¡A la que vuelve y no vuelve! Polvo empiojado.

La miel de los pelos arde.  El sapo se revuelve.  Dientes no se
animan.  La horquilla se queda guacha.

El galope saltea el diente que falta.  Cigarro que se apaga al
sol, el agua mansa sabe que va al muere, pero se olvida.

Al fin se apagan las miradas.  Viudas o brujas seguirán
mirando.  El que afloja de mirar es diente suelto.  La piedra es
piedra.  ¡Y adelante!

Fuego que pasa de largo también se olvida.  Rata nomás, rata
ciego y sorda.  Memoria.  Hasta el cuchillo lagrimea.  A la
larga afloja.

Orillas no son labios.  Siempre se apartan.

Y a la última sombra se la comen los cuervos por arriba y los
piojos por abajo.  ¿Se acabó la negrura?   Puro cuento.



AIRE SORDO

Boca flor de buche. Una volteada no alcanza, rasca piedra,
arisca tuna. El agua se agita cuentera.

Sordo el estallido de la gota, triste derrame en la seca. Airearse,
moverse mojarse, lo otro es alambre de púa en tuna, pan con
pan...

Bordes duran si aguantan. Ni siquiera el filo, miel
guacha en la polvareda.

Silbido o respiración. Ahora somos todos sordos atropellando
los árboles. Empollando piedras eternamente.

Y árboles mendiguean entre las pìedras mientras afloja la
arena toruga hasta que el viento arremete.

Y ya no hay sombra que valga. Las grietas nada más que en el
recuerdo. Adiós al viento salado que nunca hizo sombra.

Boca-buche. Fuego sin semillas, arena sin nada suelto.

Rascar por rascarse. Ver por ver, inútil desde mientras. Hacha
de filo cada vez más ancho, piedra al fin, boca de arena.

Quiebra que te piedra y no se oye.


                       
PELA

No ciega, ni quema, ni asfixia ni te inunda.
Da la vuelta nomás circulando al voleo.
Lazo que no ahorca al final llega.
Suelto nomás, como siempre.

Ella, ¿ella? anda aleteándote cerca,
y no te alcanza el ojo ni la oreja
Cerca, porque enseguida se aleja.

La hija del carancho anda aprendiendo a volar…
Si vos volás yo me duermo, puñalada en tierra.  Y si yo
llego a volar…
puñalada serás vos, como siempre.

El cuerpo, aligerado bolsillo del alma.  Si queda…No hay
mesa sin suelo y a la larga olvidamos la cosa hasta que el
corazón ya es brasa.

Ala, llama brasa a la desesperada.  El suelo sigue bajando y
el cielo sigue subiendo.

Árbol, al fin, por siempre aterrizado.  Al hueco manotazo,
a la piedra, cuando ya no hay arriba ni abajo.

Ni de cerca ni de lejos.  Una sombra espera un cuerpo. 
Andando nomás, dice él.  Pobre de él, dice ella

                                                               (de “Roña criolla”, 1991)


RZ(Paraná, 1922 / Bs. As., 2010), si bien escribió muchísimo, son escasas 
sus publicaciones: apenas dos libros de poesía, La obsesión del espacio 
(1972) y Roña criolla (1991), un libro de cuentos infantiles, Traveseando 
(1984) y una novela, La piel de caballo (1986).  Los fragmentos narrativos 
de Lata peinada llegaron al libro recién en 2008. Ahora o nunca (2009) 
reúne su obra poética y agrega a los textos editados una jugosa cantidad 
de poemas inéditos.


PACO URONDO




BENEFACCIÓN


Piedad para los equivocados, para
los que apuraron el paso y los torpes
de lentitud. Para los que hablaron bajo tortura
o presión de cualquier tipo para los que supieron
callar a tiempo o no pudieron mover
un dedo; perdón para los desaires con que nos trata
la suerte; por titubeos y balbuceos. Perdón
por el campo que crece en estos espacios
de la época trabajosa,
soberbia. Perdón
por dejarse acunar entre huesos
y tierras, sabiondos y suicidas, ardores
y ocasos, imaginaciones perdidas y penumbras.



AVE DEL PARAÍSO


Sos como una perdiz empollando, todo
el día en la cama; reina de la indolencia,
cuidando todo el día que no se vaya el calor.
Sacerdotisa mía, panadera,
dame esa hostia para ingresar al cuerpo
de la bondad; andariega, zapato tibio para insultar y acariciar.
Perdiz que viene volando y aterriza y queda suspendida
sobre mi corazón, como una escarapela, como una fiesta
nacional. Sal y harina. Pereza, panadera.



EL OCASO DE LOS DIOSES

No hay nadie en la calle, en los ruidos húmedos, en el vuelo de las hojas y mis pasos quieren reiniciar las maderas de la adolescencia.
Pero todo está abandonado, no hay nada que pueda favorecernos; ningún aire de inconsciencia, ningún reino de libertad. Sólo hábitos tolerantes haciendo crujir nuestra memoria. “Ha estado bien”, decimos.
Dueños del incendio, de la bondad del crepúsculo, de nuestro hacer, de nuestra música, del único amor incoherente; soberanos de esa calle donde los tactos y la impresión hicieron su universo.
Las sombras acarician aún sus veredas, tu mismo nombre y tu gesto son una forma nocturna que en esa constelación crece y sabe enrostrar nuestra culpa.
Y todo termina con una esperanza, con una dilación
–”ha estado bien”–, o en un bostezo, o en otro lugar donde es menester el coraje.


Escritor, dramaturgo, poeta, periodista y militante político, Urondo(Santa Fe
1930, murió asesinado por un grupo policíaco-militar en Guaymallén, Mendoza, 
1976)Sus asesinos cumplen condena. Entre 1956 y 1971 editó siete libros de 
poesía, entre los que se destacan Nombres(1963),Adolecer (1968) y Larga 
distancia (antología publicada en Madrid en 1971). También dejó una obra 
narrativa con libros de cuentos como Todo eso (1966) y la novela Los pasos 
previos (1972).


FRANCISCO MADARIAGA




REHÉN DE LA COLINA

Oh candoroso embriagado entre loros,
entre isletas subiendo hasta el nivel de la colina,
canta en tu boca el canto ardiente de otra boca,
y cuando la sangre sube hasta tus ojos es
porque están quebradas todas las fulguraciones
del sollozo en tu pecho.
Canta, viejo rehén de la colina.
Arde, candoroso de alcohol negro, que con palmas
salvajes tienen hijos que retornan al viento,
al gemido del clima en el olor áspero y cruel
de las arañas del estero,
en aquel paisaje de cristal desprendido del fuego.
Asombra al mundo en un paisaje de enero,
oh demente,
oh luz de la humedad.
Ah colgado sediento de unos ojos,
duerme, duerme bajo la luz del padre al otro
extremo del poder y la delicadeza.
En tus ojos la berlina del viaje amarillo arde
helada.
Beso tras beso el pasajero toca la raya de ácido
caliente del retorno.
Sé piadoso con el otro límite de tu fragilidad,
padre aletargado por el sol,
presión de la locura de una tierra suspendida en
la tela del agua y del fuego.



LA VENTANA FLUVIAL


1

Estoy con el monte al alcance de la
mano.
Un río inmenso y rojo.
Selva liviana caída en verde y sangre.
Mendigos, barcazas y ratones verdes del
infierno auroral de la siesta,
en la vereda del ventanal americano.

2

¡El tráfago costero!
Una ciudad de errores y de río rojo,
idiotas
y otros por los que siento
un desprecio frutal y pan-climático.



EL ASALTANTE VERANIEGO


Shas, shas, shas, ¡abrir el vientre de vuestros
corresponsales!

Los miniaturistas cedían al alcohol sus pequeñas
desgracias.

Un olor a remolino de cloro y viento en forma de
dardo hacía huecos en la garganta.

¡Gangrenas infinitas para los comensales del salón
nacarado con tendencia hacia el oro!

El vapor descubierto ilumina la memoria y el ocio
encoleriza y purifica al asaltante veraniego
que viaja vestido de pana levemente
mortuoria.

Adiós, adiós, indiecitos y monos, graznidos en
los lechos, obsequios de las desgracias;
el viento roe el aliento de las bestias
y descubre a los pasajeros enfermos
el ocio blanco y sangrante de la tierra.



LOS POETAS OFICIALES


¿Amoldáis vuestra esfera a lo más íntimo del porvenir?
Perros enanos entecos, tenéis a vuestro servicio los escribientes
nacionales, pajarracos de la patria.
Canasteros de los frutos del odio, no estoy arrepentido de
tener a mi servicio las joyas y los frutos del deseo.
Principitos destronados de toda sangre de composición
en la naturaleza.
Eugenios, Equis, Clauditos, perritos de ceniza.


FRANCISCO MADARIAGA(Corrientes, 1927/ Buenos Aires, 2000).
Entre sus libros destacan El delito natal (1963), El asaltante veraniego
 (1968) y Resplandor de mis bárbaras (1985). Obtuvo importantes distin
ciones como el Premio Municipal de Poesia en 1991 y el Primer Premio 
Nacional por la producción 1996/1999.