jueves, 21 de junio de 2012

FEDERICO GARCÍA LORCA


 



                   Oda a Walt Whitman

                          (Fragmento)

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.

¡También ése! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.

¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.

Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.

Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.





Introducción a la muerte

Poemas de soledad en Vermont

Muerte


¡Qué esfuerzo!
¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro!
¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!
¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!
Y el caballo,
¡qué flecha aguda exprime de la rosa!,
¡qué rosa gris levanta de su belfo!
Y la rosa,
¡qué rebaño de luces y alaridos
ata en el vivo azúcar de su tronco!
Y el azúcar,
¡qué puñalitos sueña en su vigilia!
Y los puñales diminutos,
¡qué luna sin establos!, ¡qué desnudos,
piel eterna y rubor, andan buscando!
Y yo, por los aleros,
¡qué serafín de llamas busco y soy!
Pero el arco de yeso,
¡qué grande, qué invisible, qué diminuto,
sin esfuerzo!


Federico García Lorca (Granada, 1898-1936), "Poeta en Nueva York"

1929-1930, Antología poética, Losada, Buenos Aires, 1967


LUIS THONIS




Martinica


La oración ante los obenques
la línea fina
la línea tenue
el grosero peinetón de carey
susurro que no dice sí
el malestar reparador
el tirano adoraba
a su difunta cónyuge
daba un grado militar al bufón
en un horizonte sin velas
el malestar era reparador
un buitre enloquecido
picotea los amores estériles
estar desnudo o estar vestido
usar guantes o sufrir ultraje
el enano se agigantó
cuando tuvo un hijo
manos muy delicadas
para no ensuciarse
sino con el crimen
coartadas en la brisa
mezclada con olor a sal
y en un ala blanca
las hayas se recogen
y entre las siluetas monótonas
no muy lejos de los chanchos
que cavan la tierra como buscando oro
se desliza esa voluptuosidad
ladrido de los perros pescadores
voces lejanas y balas perdidas
en la noche de estrellas luminosas
les regalaba diminutivos
un susurro que no dice no
los reflejaba mientras
la novia del duende
la Martinica enfurecida
sin ninguna coartada
mataba víbora de cascabel
singando la luna lupina



Luis Thonis (Buenos Aires, 1949).

CARLOS GERMÁN BELLI


carlos-german-belli-.jpg



Villanela

Llevarte quiero dentro de mi piel,
Si bien en lontananza aún te acecho,
Para rescatar la perdido miel.

Contemplándote como un perro fiel,
En el día te sigo trecho a trecho,
Que haberte quiero dentro de mi piel.

No más el sabor de la cruda hiel,
Y en paz quedar conmigo y ya rehecho,
Rescatando así la perdida miel.

Ni viva aurora, ni oro, ni clavel,
Y en cambio por primera vez el hecho
De llevarte yo dentro de mi piel.

Verte de lejos no es asunto cruel,
Sino el raro camino que me he hecho,
Para rescatar la perdida miel.

El ojo mío nunca te es infiel,
Aun estando ya distante de tu pecho,
Que haberte quiero dentro de mi piel,
Y así rescatar la perdida miel.


El nudo

Esa increíble infinitud del orbe
No codicio ni un mínimo pedazo,
Mas sí el espacio de tu breve cuerpo
Donde ponerme al fin a buen recaudo,
En el profundo de tus mil entrañas,
Que enteras conservaste para mí.
Al diablo el albedrío de la vida,
Sumo don de los hados celestiales,
Y nada más que estar en ti prefiero
Sujeto a tu carnal y firme lazo,
Que si vas a las últimas estrellas
Contigo ir paso a paso yo también.
Es así el vivir día y noche siempre
Bien atado a ti con el carnal nudo,
Aunque en verdad del todo libremente,
Pues de la tierra al cielo voy vengo.


La tortilla

Si luego de tanto escoger un huevo,
Y con él freír la rica tortilla
Sazonada bien con sal y pimienta,
Y del alma y cuerpo los profundos óleos,
Para que por fin el garguero cruce
Y sea ya el sumo bolo alimenticio
Albergado nunca en humano vientre;
¡Qué jeringa! si aquella tortilla
Segundos no más de ser comida antes,
Repentinamente una vuelta sufra
En la gran sartén del día,
Cual si un invisible tenedor filoso
Le pinche y le coja su faz recién frita,
El envés poniendo así boca arriba,
No de blancas claras ni de yemas áureas,
Mas un emplasto sí de mortal cicuta.


Amanuense

Ya descuajaringándome, ya hipando
Hasta las cachas de cansado ya,
Inmensos montes todo el día alzando
De acá para acullá de bofes voy,
Fuera cien mil palmos con mi lengua,
Cayéndome a pedazos tal mis padres,
Aunque en verdad yo por mi seso raso,
Y aun por lonjas y levas y mandones,
Que a la zaga me van dejando estable,
Ya a más hasta el gollete no poder,
Al pie de mis hijuelas avergonzado,

Cual un pobre amanuense del Perú.

CARLOS GERMÁN BELLI




La parca glotona

La bocaza de lobo de la parca,
de para en par abierta a cada rato,
que hasta se engulle con voracidad
como un huevo escalfado justamente
todo el globo terráqueo apetitoso,
en la sideral cena postrimera;
y sanseacabó así
la niña de los ojos del Señor,
que desde ahora está
en el alimenticio bolo fúnebre
cual vianda más insignificante.

Y Luzbel a la parca cuida siempre,
dándole mejores alimentos
reparadores para que esmerada
afine el paladar y ya no sea
de figura esquelética como antes,
que parecía que jamás ni breve
miga hubiera comido,
y en cambio sí que se la ve rolliza
como el espejo fiel
del destino de una voraz glotona,
(¡claro está! merced a su custodio ángel).

En los alrededores hela allí
atropelladamente sin medida
cómo se banquetea entre tinieblas
de segundo a segundo muy puntual,
en el curso del milenario tiempo,
que derecho a su vientre pasan raudos
hombre, animal y planta,
por cuyas quintaesencias ella goza
de una salud de hierro,
y así por reinos naturales
la muerte se convierte en pura vida.

                          (17 de diciembre de 2001,
                          fecha del quincuagésimo cuarto aniversario
                          del fallecimiento de mi padre)


La cara de mis hijas

Este cielo del mundo siempre alto,
Antes jamás mirado tan de cerca,
Que de repente veo en el redor,
En una y otra de mis ambas hijas,
Cuando perdidas ya las esperanzas
Que alguna vez al fin brillara acá
Una mínima luz del firmamento,
Lo oscuro en mil centellas desatando;
Que en cambio veo ahora por doquier,
A diario a tutiplén encegueciéndome
Todo aquello que ajeno yo creía,
Y en paz quedo conmigo y con el mundo
Por mirar ese lustre inalcanzable,
Aunque sea en la cara de mis hijas.


Carlos Germán Belli (Lima, 1927), "La miscelánea íntima", 
En el restante tiempo terrenalantología personal, Editorial
Argonauta, Buenos Aires, 2004

ALEJANDRO SCHMITD

  


La hora


Queridos compañeros
es la hora

hay un vaso de agua y una puerta
pero no hay

no hubo nunca

una casa
una sed



Porsche


voy en un porsche
despacio
a través de los suburbios de atlantic city
voy conduciendo solo en un porsche
tostado
opaco
silencioso

wallace stevens lee sus poemas
por f.m.

es una vieja grabación
de
anabas en el paraíso
así
despacio despacio
hasta el balneario

a menos que consideremos a los borrachines
como miembros de un sistema de productividad neocapitalista
allí
sobre la arena
no hay nadie

a veces me pregunto
cómo viven los otros
cuál es su modo de sentarse
en la necesidad
durante mucho tiempo
descubro
un porsche
sereno/tibio como piel saciada
fue mi necesidad
recorro la playa
hasta las torres Ezra Pound I, II, III

en esa zona hay
gente común
perezosa
intranquila
si voy muy despacio pueden apreciar los caballos vigorosos en combustión
celeste

en la baulera llevo el cadáver de su propietario
un buen hombre
con apreciables tarjetas de crédito
un hombre de tiernos sentimientos
no debió recogerme por la 47 anoche

pestañeaba como una muñeca flou
y decía
plis-plis
al fin
sobre su porsche
bonito
dorado
infiel

uno es distinto en porsche
si elsie me viera
no lo podría creer
no
estallaría antes de creerlo
paro el motor
dejo las puertas abiertas
para que pueda admirarse el tapizado y camino hasta una piedra
inmensa
sola

parece un recuerdo

recordar es malo
irrumpe la miseria
y su encanto rencoroso
queda

ahora el mar
es una canción boba
canturreada por jóvenes melosos
la insoportable libertad del mar

conduzco hacia el centro comercial
veloz
veloz
con las ventanillas cerradas
como un senador

impermeable
implacable

siento que podría rasgar
el espacio tiempo urbano
un porsche
es una máquina einsteneana

pronto todo terminará
y seré una estadística
-frase de novela policial best-seller-
muy pocos son capaces
de arrancarle la belleza a un símbolo
esas miradas en la playa
fueron la máxima caricia que algo puede despertar
ningún dios gozó tanto

voy hacia la vidriera del supermarket como hacia un coito
con gertrude stein

espero decapitarme
abriendo las pantallas de los videos

el porsche ascenderá en fuego
inflamado por el éxito.



A cada poeta que abracé en 40 años


y si dejáramos todo simplemente como fue, como está siendo,
una pobre razón en medio de este frío, un ejército de sombra,
un fueguito mejor...
si pensándolo mejor, más bien adentro,
a cada poeta que abracé en 40 años,
a cada poeta que odié, que desprecié -ya no recuerdo- a tantos que
admiré en su desgarro, su muro, su canción...a cada uno en todos,
la contraseña, el viaje, los ramales de un cielo ardiendo solo y cada vez
en las palabras lo sagrado, la gratuidad, los errores...
si pudiéramos, no sé, dejarlo así y proseguir...
qué importa la traición,esta familia de un país que besa entre cuchillos ...
quién sonríe oscuro
entregado a largo planes de fracaso...

lo sabemos
algo mejor que nosotros
atraviesa la intelección
y deposita rara nieve en los cuadernos

si ahora mismo se abrieran los infiernos - no páginas o labios –
cómo irías a besar el hielo...

si desde estas llanuras inmarcesibles donde hundí mi vida
pudiera arrepentirme de cada música, cada denuesto; alzar un hilo mojado
por la luz...
entonces

podría
querríamos
olvidar
cómo
nos volvimos miserables

parientes de la nada

sentido del abismo

y ese extravío
que nos llevó
al encanto
volvería a soplar...


AS(Villa María, Cba). Poeta y editor.