viernes, 8 de junio de 2012

ADRIENNE RICH




En un concierto de Bach


Atravesando la ciudad en una noche de invierno
Dijimos que el arte y la vida son polos opuestos.
Aquí nos acercamos a un amor que no conoce la lástima.
Esta anciana disciplina, severamente tierna,
Renueva la creencia en el amor y sin embargo controla el sentimiento,
Convirtiendo lo que soportamos en una bendición.
La forma es la ofrenda más grande que el amor puede ofrecer -
La unión vital de la necesidad
Con todo lo que deseamos, todo lo que sufrimos.
Un arte demasiado compasivo es apenas un arte a medias.
Sólo tan altiva y comedida pureza
Restaura el demasiado traicionado corazón humano.


                                                        de Un Cambio de Mundo

JUAN RODOLFO WILCOCK




3. ¡Cómo enriqueces, cómo me enriqueces!

¡Cómo enriqueces, cómo me enriqueces!
Estaban algunos de los más ricos de Italia
y yo dije: "estoy a su servicio",
y pensaron: "es más rico que nosotros".
Olimpia albergó el más grande de los dioses,
Éfeso a Artemisa criselefantina,
yo tengo un teléfono y llamo a este número
y tú contestas y dices: "soy yo".



5. Sea como sea, este mundo es para ti.

Sea como sea, este mundo es para ti.
Me he preguntado muchas veces
para qué servía, y no servía para nada,
pero ahora, gracias a ti, se vuelve útil.
Haz la cuenta de la mercadería abandonada
por Dios y tómala, la han hecho para ti
milenios de hombres que no te conocían,
pero que trataban de prefigurar
en templos y tumbas de roca y bibliotecas
un estupor, como aquél que infundes
cuando sonríes y haces que el tiempo se detenga,
y todos enmudecen poseídos
y te levantas y dices: "yo me voy a la cama".
Duerme, al despertarte estará allí tu herencia:
una ciudad que fue harto famosa,
un río sucio cantado por los poetas,
el cine donde asesinaron a Julio César,
y en torno valles, montañas, mares, océanos,
y capitales, continentes, selvas,
y pirámides, versos, adoradores
de tu forma externa o interna,
y en lo alto el cielo y el sol, las estrellas y la luna
y sobre la tierra los animales obedientes
a ti que a fin de cuentas vienes a justificar
su extraordinaria variedad.
Todo esto te pertenece y no termina nunca.



7. Me rindo, soy tuyo, puedes tasarme

Me rindo, soy tuyo, puedes tasarme
y venderme en el mercado en un canasto
si quieres, de todas formas de la cesta
volveré a ti como un perrito
a hacerme vender de nuevo, pintado
a rayas o a cuadros, una cosa es segura:
este perro no cambia más de dueño.
¿Cómo es que yo que gozaba al poseer
gozo ahora siendo poseído?
¡Patas arriba, perro, panza al aire,
cola movida en tu paraíso!
¡La divinidad ha dicho tu nombre
y su voz te ha alcanzado la médula!
Ladra, corre, baila: ¡qué victoria
absoluta esta rendición incondicional!.



8. No digo ven conmigo, digo llévame

No digo ven conmigo, digo llévame.
Delante de un santo o de una virgen ¿quién
diría: "ven ¿vamos a Túnez?".
Y si la imagen saliera a dar vueltas
¿quién no querría acompañarla, quién?.
A treinta metros veo muy bien,
quisiera seguirte siempre a treinta metros,
y a veces, cerca de un río o de una fuente,
acercarme a ese fabuloso fulgor,
cuando duermes, reposas o sonríes,
para después a la noche recluirme en la oscuridad
y comprobar que brillo también por mí mismo
y que más allá del grabador
con tu voz registrada en la cinta
se condensan apariencias luminosas
que en otros tiempos se llamaban ángeles,
formas suspendidas, espíritus aprendices
que de ti quieren en aquellos extraños parajes
aprender pureza y ternura,
recato, verdad y otras artes angelicales
jamás vistas juntas, ni en aquellos lugares ni en otros,
o cómo se rinde una nación entera
bajando los párpados simplemente.



17. Déjate ver en tu desnudez

Déjate ver en tu desnudez
el mundo tiene necesidad de tu belleza
para alejar los malos pensamientos
que son siempre pensamientos vestidos,
haz visible lo sublime
sin importarte si provoca escándalo:
no caerá el firmamento cuando caiga
tu ropa interior y tu blusa,
sólo en los países fríos los dioses
llevaban tales indumentos. Después,
en este Olimpo elegido por ti como morada
con las nueve colinas de la Urbe a tus pies
será erigido un palacio lleno de espejos
y en cada espejo una imagen tuya reflejada,
y allí tendrán lugar las ceremonias de Estado,
los congresos, los exámenes finales,
en presencia de la verdad desnuda.



20. No estés mucho tiempo lejos de mí

No estés mucho tiempo lejos de mí
si no quieres que el recuerdo lo invada todo
y no deje más lugar a la presencia,
a menudo te veo bajo los árboles,
te repiten las calles, la bañera,
los cuartos, los discos, y el mar es igual a ti,
te tengo aquí en los ojos como un aparato
ofralmológico de precisión,
y también si subo al techo te veo,
no estés mucho tiempo lejos de mí,
no querrás diluirte en el espacio infinito
de mi vista que se extiende en los años,
cuando estudiabas conmigo en el '39
o cuando te aburrías en la Torre de Londres
llena de hierros negros en el '51,
y ayer en el valle de Caffarella
que ni siquiera te pareció lindo,
no querrás diluirte en el tiempo infinito:
no estés mucho tiempo lejos de mí.



24. Dos casas tenían por límite un arroyo

Dos casas tenían por límite un arroyo,
de este lado vivía una loca, del otro un niño,
y se hablaban de una orilla a otra.
Léelo, eso es un relato de amor puro
si hay algo puro en el amor.
Hablaban de plantas y de hurones.



27. Y ahora te veo entre las palmeras

Y ahora te veo entre las palmeras
durmiendo en un oasis del desierto
y a tu madre que vela tu sueño
bajo un cielo de nubes que huyen,
y ruega al viento que sacude las palmas
que no te despierte, que tienes el sueño ligero,
quién sabe por qué hacen tanto ruido
esta noche esas ramas en la noche,
la juventud del mundo está durmiendo,
tu madre ruega a los ángeles del aire
que hagan callar esas palmeras salvajes,
mañana el mundo te espera al despertar,
tu madre sabe, y yo también, que eres el día.



30. El sexto mensaje apareció en el cielo

El sexto mensaje apareció en el cielo,
era un anuncio, me parece, de la Firestone
que se erguía solitario en Campo Boario
con la siguiente leyenda: "con este signo vencerás",
pero en verde, porque el verde es mi color.
Y ahora lo veo de nuevo, también de día,
bendigo al Testaccio y sus alrededores
y sobre todo la esquina
donde frente a un semáforo en rojo
me fue concedido esperar el verde:
el sexto mensaje apareció en el cielo
y en aquel momento se fundieron los siglos,
huyó el tiempo con todos sus cadáveres,
miré aquel signo de triunfo y
me enamoré de ti: esta es la historia
de mi -llamémosla así- conversión.



31. Ahora estoy completamente solo

Ahora estoy completamente solo,
ahora que llenas mi universo,
este alegre universo en expansión
con galaxias, cefeidas, supernovas,
y tú detrás de cada grado del espacio,
que una palabra tuya contrae
y concentra en tu sola persona
de nuevo como un astro en pulsaciones:
no tengo más amigos, no tengo más interés por nada,
estoy aquí estudiando tu cosmografía,
tus emisiones de radio, tus sizigias,
más exactamente tu boca y tus ojos,
más exactamente aquello que está en el fondo de los ojos,
y todavía más exactamente, a ti.

                               Versiones en castellano de Guillermo Piro


(de "Italienisches Liederbuch" - 34 poemas de amor.
Editorial Huesos de Jibia - Bs.As., 2010)

JAVIER ADÚRIZ




E¿Oís el río?


¿Oís el río, Okusai? No está lejos.
Tiene el sonido ambiguo de la vida.
Son como cascotitos limpiándose
con la corriente, algo múltiple.


Prestá atención. Detrás del ruido
se ve el nacimiento rudo de las cosas,
eso íntimo, desesperado, casi, casi
enorme en su notoria nimiedad.


¿Oís, Okusai? ¿Ves? No necesito
que me pongas esa cara de tintorero
feliz. Dejate ir nomás, un poco.
¿O vinimos nada más que para esto?



Piercing

1.

Hijo, qué sorpresa me das
con ese sólido arito colgándote del iris.
Pasear un cuerpo atado a las pulsiones
es inquietante sí, por lo que sabe
a revuelta generacional...
Lo nuestro fue más ensoñado siempre.


¡De verdad!, no creo que hayamos sido
unos ilusos mejores o peores. Que yo sepa
el sol salía igual que para ustedes
mientras el mar batía los acantilados.
Fuimos masacrados nada más.
Quiero ser directo, disculpame.


La diferencia radica tal vez en los matices.
Como ayer, la historia hierve como ácido.
No te rías. Por qué buscar solución
en la materia, si la cuestión del espíritu urge.
Pero es cierto, no tenemos casi derecho a importunar:
la ley del fracaso no levanta la voz.


Aun así, guarda un vago consuelo
sostener pensamiento sobre casi todo.
Opinar fue la forma de ser libres. Sí,
más mentira para más verdad...
No me pegues. Nadie te quita la palabra
aun cuando sea tan gestual lo tuyo.


Y no sabés, querido, cuánto reconforta
que hayas resuelto confiarme el sueño.
..........Aplicarte un ancla en el escroto
no suena nada mal, habida cuenta
que parece otro gesto sobre el aquí y ahora,
esta turra injusticia que nos ahoga a todos,


eso tanto más viejo que nosotros,
que vos y yo.


2.

Viejo, siempre en estado de pancarta.
No entendés nada. (Tampoco hay tanto
que entender, poner el cuerpo nada más.)
Me hablás de espíritu. De qué espíritu
hablás. ¿No ves que eso de ser libre
brilla sólo en tu baldosa? ¿No ves
la radiación por todas partes?
Vivís entre abstracciones. No quiero ir
a tus libros ni al pasado. Entre otras cosas
porque ahí estás vos y tu ficción
de perdedores. No quiero terminar
llorando y ¿sabés?,
me voy a perforar el cuerpo y pintar
la carne hasta que se me dé la gana.
                       Digo,
¿por qué no fumamos uno de los buenos
y la seguimos disueltos en el humo?


YEORYIOS TERTSETIS


ORFEO Y CALAIS (h’)




Un cantor muy hermoso se enamoró de un bello joven.
Una excesiva pasión sentía en su lánguido pecho
y con sus labios pálidos cantaba su dolor:
“Me sentaré frente a ti para hablarte, para escucharte,
para ver tus rubios cabellos y tus frescos labios
que tienen el color de la granada y la dulzura del cantuesco”.
Las solteras y las casadas escucharon la canción.
Las hermosas muchachas y las novias gritaron:
“Un hombre arrastra con su canto a amar a un hombre.
Caerán en el olvido las bodas y los noviazgos
y pasaremos la noche sin un marido a nuestro lado.
Las tetas de nuestros pechos no amamantarán a los niños”.
Amaneció un día de fiesta, allá, en las provincias turcas
y los pueblos se congregaron. Acudieron hombres y mujeres.
Acudió también el cantor con su propio laúd
y empezó a entonar su canción solitaria,
mientras le respondía la dulce melodía del laúd.
Las jovenes palidecieron como pálidas flores
y se irritaron enormemente en sus corazones.
Las solteras y las casadas cogieron piedras y quijarros
y golpearon al cantor mientras cantaba.
El dorado laúd dejó en silencio sus acordes.
El cantor, desconocido entre su sangre, yace en el suelo
y ninguna plañidera le entona sus lamentos.
Las enloquecidas muchachas le cortaron la cabeza
y la arrojaron al río junto al laúd.
Pero el río los hizo salir a la playa, entre las olas.
Caminan como compañeros la cabeza y el laúd.
La ola que pasaba iba resonando dulcemente
y el mar la transportó a numerosas islas.
Todo el derredor de las islas escuchaba, por la tarde
y por la noche, escuchaba la melodía sin saber su procedencia.
Los niños pequeños gritaban: “La produce el mar”.
La melodía se detuvo en un punto profundo,
como una estrella que brilla a medianoche en un lugar.
Parecía que se trataba dal canto de mil ruiseñores.
Los expertos marineros acudieron con sus barcas
y cogieron la cabeza. También cogieron el laúd
y enterraron la cabeza y el laúd en una tumba.
Desde aquel tiempo, en las aldeas de las islas,
las jovenes y los muchachos tocan hermosos órganos
y adornan los laúdes con plata y oro.
Las madres dan a luz hijas de dulces voces
que tienen rostros de ángeles y son ángeles del canto.
Sin embargo, en tierra firme, entre las mujeres asesinas,
los hombres cogieron un hierro, lo pusieron al rojo vivo
en el fuego y marcaron las frentes y espaldas de las muchachas
para que no se recocijaran demasiado por el crimen cometido.


                                       Traducción: José A. Moreno Jurado

de la Antología de la Poesía Griega. Desde el siglo XI hasta nuestros 
días(Ediciones Clásicas, 1997)


Yeoryios Tertsetis (1800-1874) / Grecia


IRMA ELENA MARC


 La Intemperie






A la intemperie, siento un dulce animal
respirar aquí, entre amapolas,
las flores le parecen algo extraño, el animal no.
Cálidamente protegida de todo o que debía tocarla
Ella escribe unos versos
con una pena de pájaro.
El pájaro hace nido en la cáscara de mis párpados
dispuesto a quedarse aquí.
Ella contempla su mano como una isla de luz
entre las amapolas.
Bajo los párpados ya es un sueño lejano,
abre la sombra y toca un rizar de insectos
Ella sueña
como si este día no fuera gema de púrpura
del animal que me respira tierno y apagado
en su país inocente.


(Corral de Bustos, Pcia de Córdoba, Argentina)

EMILY DICKINSON





















CUANDO CUENTO LAS SEMILLAS...


Cuando cuento las semillas
sembradas allá abajo
... para florecer así, lado a lado;

cuando examino a la gente
que tan bajo yace
para llegar tan alto;

cuando creo que el jardín
que no verán los mortales
siega el azar sus capullos
y sortea a esta abeja,
puedo prescindir del verano, sin queja.

DYLAN THOMAS





Antes que llamara y la carne me abriese...

Antes que llamara y la carne me abriese,
que mis líquidas manos golpearan en el vientre,
yo, que era entonces informe como el agua
que formaba el Jordán junto a mi casa
era hermano de la hija de Mnetha
y hermana del gusano que gestaba la vida.

Yo que era sordo ante la primavera y el verano,
que no sabía los nombres de la luna y el sol,
ya sentía el latido bajo la armadura de mi carne,
aunque existía sólo en forma de infusorio,
veía las plomizas estrellas, el martillo lluvioso
que mi padre balanceaba en su cúpula.

Conocía el mensaje del invierno,
los dardos del granizo y la nieve pueril
y el viento era mi hermana pretendiente;
en mí saltaba el viento, el rocío infernal;
y mis venas fluían con los climas de oriente;
antes que me engendraran supe el día y la noche.

Antes que me engendraran ya por cierto sufría;
el potro de tortura de los sueños
enroscaba mi osamenta de lirio
en una cifra viva,
la carne era cortada para cruzar los bordes
de las horcas en cruces sobre el hígado
y las zarzas de los cerebros estrujados.

Mi garganta conocía la sed antes de la estructura
de vena y piel alrededor del pozo
donde palabras y agua se entremezclan
sin pausa alguna, hasta pudrir la sangre,
mi corazón conocía el amor, mi vientre el hambre;
al gusano yo olía entre mis propias heces.

Después el tiempo envió a mi mortal criatura
a derivar o ahogarse en los océanos
habituados a la aventura de la sal
en las mareas que jamás tocan las orillas.
Yo que era rico, me hice más rico aún
sorbiendo poco a poco el vino de los días.

Nacido del espectro y la carne, no era espectro
ni hombre, sino espectro mortal.
Y luego me abatió la pluma de la muerte.
Fui mortal hasta el último suspiro prolongado
que llevó hacia mi padre
el mensaje de su agónico cristo.

Tú que te inclinas en la cruz y el altar
acuérdate de mí y apiádate de Aquel
que mi carne y mi sangre tomó por armadura
y llegó a traicionar el vientre de mi madre.


Versión de Elizabeth Azcona Cranwell

CHUN SU KIM



chun su kim



MI POEMA


Se dice
que mi poema es
un adorno lujoso.
Está bien dicho.
Oscar Wilde dijo que
el adorno
“no se deteriora con ningún otro sentido”.
Así es.
La mariposa, adorno de níquel, posada en el armario
no tiene predicado.
Como el sol y la luna en el cielo, mi poema
“no se deteriora
con ningún otro sentido”.
Aun a los treinta y nueve centígrados mi poema
se levanta la solapa.




Poemas, 1998. Traducción de Changmin Kim y Othón Moreno R.


Chun Su Kim (1922-2004) es uno de los más importantes poetas coreanos contemporáneos. Su experiencia artística abarca un amplio registro tonal: desde la poesía social hasta la poesía del non sense.