miércoles, 6 de junio de 2012

OSÍAS STUTMAN






LA ACTIVIDAD


Escribir sacude y estimula,
araña y refiere sin explicar.
Un sueño blanco borra esta vida
y me hace olvidar sus sonidos.

El durmiente es hoy nacido
sin memoria al despertar con palabra
hermosa o muerta y sólo siente
la tristeza de la falta, la ausencia

que sospecha y ya no existe
en esta vida. Dice sufrir tanto
y no le creen, ni yo ni los demás.

Hay gran disparidad de emociones entre
el que escribe y el que lee. Mohínos, aislados
ambos, traduciendo, tan arrepentidos siempre.

Piden disculpas por crímenes no hechos,
comen el arroz del notario cerca de la playa y
miran arrobados la puesta de sol para olvidarla.




LA LLUVIA DE VERANO  O  EL PAN


Espero ansioso, llega, no llega,
sale y me abandona, mezcla la harina,
crece la masa, arrimada junto al cuerpo
de la joven en la cama tibia, ácida la levadura,

y luego sin ella, que ha ido a cuidar la planta
de su vida, su alimento, su anillo de oro, su fruta
de sartén, donde briza es flor y brisa aire.
Hace el vino de su padre, enciende cóleras

maternas, construye constancias y fuentes. Hace
pan. Amanerada y náufraga de sus palabras, olorosa
dueña, huye, es uva madura que se escapa, cuerpo

redondo, pluma de marabú al viento, monema, moledora
maracaibera la llamo, mi maraña de pelo. Es ella la persona
que tiembla y suspira, siempre asombrada, noche y día.

La mínima unidad significativa (que es monema), mordedora,
revive sin freno su tibieza que fermenta la suave levadura
y otra vez significa mi asombro hacia ese mañero milagro.





BURNS DAY (25 DE ENERO)


A EMILY DICKINSON

                                            You who desired so much...
                                                     (Hart Crane)


Tu que has deseado tanto, admiradora

del pulgar enfático y sus otros dedos,
conocedora de la huella del petirrojo

en la madera y del susurro del lunar
nuevo en la piel del pecho, del camino
del dedo que va del codo a la sien,

ahora vives escondida en alguna casa
y en mi casa europea y en la arenosa casa
de piedra isleña que construimos.

Vienen y nunca se van, dicen.
Nos robaron todo lo nuestro,
hasta los campos azules de salvia.




BARROCO NATURAL


Sabia es esa mujer
que perdió al hombre
en el huracán.
Todo es claro ahora

ante sus ojos y oye el
suspiro del ala y sus plumas
y ese descanso deseado
de los dioses (en la ópera),

cuando el anciano se despide
enardecido, incendiario, sin
virtudes ya, desmemoriado.

Y es ella, sólo ella la que sabe
recordar, la que recuerda esa despedida
y el naufragio al llegar, el peor fin.




LA INMENSA LIBERTAD DEL POEMA


No existe espacio más libre
que el espacio del poema,
si el poeta lo permite.




LA PÁGINA EN BLANCO  O   LA LIBERTAD


El poema
es el espacio
más libre que
podemos imaginar.

Tendría que serlo
aunque muchas veces
no lo es. Hay poetas
que se encadenan

con más saña que
el más cruel verdugo.
Poetas que eligen
su modelo de yugo

o bozal ceñido,
a pesar de la libertad
que ofrece el espacio del poema comenzado.


                             De " El Mar de Bohemia", Inédito.


© Osías Stutman


Los poemas publicados en esta entrada fueron seleccionados
por la administradora del blog con el permiso del autor. Los 
textos pertenecientes al libro inédito "El Mar de Bohemia"  
fueron cedidos como gentileza de Osías Stutman para el placard. 
                       


TOMADO DEL BLOG EL PLACARD DE SANDRA TORO
                           el-placard.blogspot.com.ar/search/label/0Stutman

OSÍAS STUTMAN





ÉCRITURE (II)

                                A José Corredor-Matheos


El lenguaje ya usado no puede ser
inocente. El uso previo lo engarza
en la memoria misteriosa que siempre
reaparece, nunca se pierde. Navega

en mar nuevo de significados pero esa
memoria implícita no se va, sigue
aferrada a esa y esa palabra,
vampiro que roba y ensalza

como medusa quemando la carne
en el mar. Miro esa roja mancha
en mi brazo al sol, la quemadura

y la mirada y mis recuerdos ya no son
nuevos ni inocentes. El lenguaje es niebla
decorativa que fascina al lector.

         De “Los Sonetos (De Gombrowicz)”, Barcelona, 1997.



  
LA MUJER INVISIBLE


El buen hombre invisible, en sus vendajes,
es más real que esa Reina nerviosa. Todo
envuelto en las densas neblinas de Abril,
en el atardecer de Nueva York se recorta su figura.

Su mujer invisible se pasea desnuda,
camina a mi lado, su silueta en la niebla,
y siento su tibieza y los olores de sus pliegues.
Nunca la vi, no conozco su rostro, pero fuimos amantes

seis años. Cientos de veces vi mi simiente
en el aire, flotando, dentro de sus huecos.
Su sudor cayó sobre mi rostro, tisana tibia, única,
mientras me montaba invisible, como rocío de la mañana.

No sé si es negra, blanca, roja, color del marfil,
pálida o rosada como una rusa. ¿Rubia? Habla poco,
quiere ser escritora, ama a hombres y mujeres
al azar. Me dice que a veces "pone los ojos en blanco".

Evita la niebla y las sombras del crepúsculo.
Demasiada neblina blanca hoy y no la espero.
Se exalta oyendo "Nabucco", suspira y se sacude
con la música, tiembla sin frío, y recuerda la patria.

Habla con eco, su saliva es dulce como la miel,
es pegajosa, abundante, visible cuando sale de su boca.
Estas son algunas de sus frases y preguntas:
"La soledad destruye a la mujer y completa

al hombre" que es dudosa cita de Chanel. "Cada
salida es una entrada", dicha en invierno.
¿Ofelia es hombre o mujer? pregunta siempre.
Los nuestros son amores intrincados y difíciles.


Osías Stutman (Buenos Aires, 1933)