domingo, 3 de junio de 2012

LEONARDO MARTINEZ
























EL COMINO


El comino
el ají
el cilandro
la canela
perfumaban las cocinas
Innumerables carnicerías
borboteaban en ollas negras
Eran caldos con grandes charcos
de grasa reluciente
y en las parrillas
las entrañas
lloraban de gozo por el fuego
La repostería necesitaba
mucha lágrima
desasosiego y tumba
Y comíamos sobre extensos manteles
viandas sobrenaturales
El cielo y el infierno
eran masticados y tragados
volviéndonos santos y apóstatas
luego ángeles sacrílegos
en lentas siestas incestuosas



LA LUZ DE LOS AMANTES


Tengo un perro
Su nombre es el de un héroe sumerio
Gilgamesh
Está muy viejo
Camina con dificultad
La sordera lo ha vuelto huraño y cascarrabias
Sus ojos presagian una cercana muerte
Me muerde            No me reconoce
Come a duras penas delicadas papillas
Pero duerme conmigo
Es un raro amante anciano
egoísta y gruñon                                                       
enfermo de mezquindad y celos
                                                                                                 
Se acerca otro verano
pero no habrá otro perro
Éste es el único
Artrítico canceroso diabético
Terminará en cualquier momento
y como a todo lo amado
lo enterraré en un jardín
donde la eternidad no lo fosilice
Lo que fue amado
quedará para siempre
junto a la lumbre de los solitarios
a los trastos machacados de olvido
a los huesos de los interdictos
a la penuria de los animales domesticados
Todos serán un mármol duro de roer
como mi perro
que me está mirando con unos ojos de amor
como nadie me ha mirado nunca
y que me seguirá mirando
a través de sus ojos insondables
en las generaciones y degeneraciones
de los mundos
Me da gusto su olor
pues comemos del mismo plato
una comida donde no interviene la sangre
sino la luz de los amantes


LM(Catamarca, 1937). Poeta. Vivió algunos años en Tucumán y
desde hace más de quince años, vive en Buenos Aires. Obra poética:
Tacana o los linajes del tiempo (1989); Ojo de brasa (1991); El señor
de Autigasta (1994); Asuntos de familia (1997); Rápido pasaje (1999)
y Jaula viva (2004); Estricta ceniza (Del Dock, 2005) y Jardín volátil,
2007.

JUAN GELMAN




LAMENTO POR EL SAPO DE STANLEY HOOK


stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche
con un sapo en la mano
"oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral
no preocupado por esta finitud
no sacudido por triste condición furiosa" le decía

"oh caballito cantor de la humedad oh pedazo esmeralda"
le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano
y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la
mano
más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos
climáticos
más allá de cualquiera condición

"oye mío" decía "hay muerte y vida día y noche sombra y luz"
decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo
como amaba a las rosas tempranas esa mujer de Lesbos
pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler"

decía stanley hook y se tocaba la garganta
como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le
ponía el pecho gris gris
la memoria feo el corazón
"oye sapo" decía mostrándole el suelo
"los parientes de abajo también están divididos ni siquiera se
hablan"
decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el
asombro popular
los brillos del silencio popular
que se ponía como un sol
esa noche naturalmente stanley hook se murió
antes les dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto
en representación de sí mismo
mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo
seguía con el jueves

todo esto es verdad:
hay quien vive como si fuera inmortal
otros se cuidan como si valieran la pena
y el sapo de stanley hook se quedó solo
  

Juan Gelman (Argentina, Bs.As., 1930)

FRANCISCO BRINES









Con quién haré el amor


En este vaso de ginebra bebo
los tapiados minutos de la noche,
la aridez de la música, y el ácido
deseo de la carne. Sólo existe,
donde el hielo se ausenta, cristalino
licor y miedo de la soledad.
Esta noche no habrá la mercenaria
compañía, ni gestos de aparente
calor en un tibio deseo. Lejos
está mi casa hoy, llegaré a ella
en la desierta luz de madrugada,
desnudaré mi cuerpo, y en las sombras
he de yacer con el estéril tiempo.
Vuelve la hora feliz. Y es que no hay nada
sino la luz que cae en la ciudad
antes de irse la tarde,
el silencio en la casa y, sin pasado
ni tampoco futuro, yo.
Mi carne, que ha vivido en el tiempo
y lo sabe en cenizas, no ha ardido aún
hasta la consunción de la propia ceniza,
y estoy en paz con todo lo que olvido
y agradezco olvidar.
En paz también con todo lo que amé
y que quiero olvidado.
Volvió la hora feliz.
Que arribe al menos
al puerto iluminado de la noche.


Francisco Brines (Valencia, España, 1932)


JUAN GELMAN





COSTUMBRES


no es para quedarnos en casa que hacemos una casa
no es para quedarnos en el amor que amamos
y no morimos para morir
tenemos sed y
paciencias de animal




REUNIONES


la mujer sentada en la plaza no tiene techo
tiene un chico de cinco años que se pone a gritar en la plaza
grita bajo el cielo abierto en la plaza
hace 20 días que el chico de pronto se pone a gritar bajo el cielo

esos gritos cuelgan del aire un rato y caen sin
que nadie los vea guarde o moje para apagar/el frío
los arruga y crujen como padecimientos como hojas
como secos en la plaza mientras

algunos preparan una reunión para defender a la poesía
citan poetas por teléfono algo
cruje ahora o padece apenas cubierto
por el otoño o la mano

de la mujer contra la boca del chico o
la boca del chico gritando contra el cielo o mano la
reunión de la boca y la mano
para defender a la poesía/de

la boca a la mano ¿cómo es el viaje? el
grito ¿echa raíces quieto por fin? la
mano ¿vuelve a ser tierra para abrigar
los gritos desolados del pobrecito en el día? ¿y qué

germinará de boca a mano? ¿planta? ¿monstruo? ¿belleza
que andará por el mundo después? el dolor
¿dará belleza después? tanto dolor acá
¿dará belleza algún día? esta

reunión bajo los astros que callan o brillan
¿calla brilla en la tarde como astro reunido?
¿callará brillará como astro después?
¿tiembla cielo de la boca a la mano

como techo para astros germinaciones
padecimientos que caen del chico la mujer? oh astros
¿crujen como hojas en la plaza?
¿para defender a la poesía?


JG(Buenos Aires, 1930) poeta y periodista argentinoPremio 
Cervantes (2007). Entre sus numerosos libros: Violín y otras 
cuestiones (1956) Gotán (1962) Cólera buey (1964) Hacia el 
Sur (1982) Interrupciones I (1986) Interrupciones II (1988) 
Carta a mi madre (1989) Dibaxu (1994) Incompletamente (1997) 
Valer la pena (2001) País que fue será (2004) Mundar (2007) Bajo 
la lluvia ajena (2009) El emperrado corazón amora (2011)

JUAN GELMAN


















EL JUEGO EN QUE ANDAMOS


Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.



Razones


Del arte erótico a la ciencia sexual
hay continentes tristes,
escuelas, talleres, cuarteles.
Las cosas tienen aspecto de
amistad mutilada y el amor
desea una verdad.
¿De qué sirven ciencias que
le ladran la puerta que no tiene?
La luna en lunas del ropero
se liberó del cielo y
despierta entendimientos de lo amado.
La noche pasa como
nave lejana con dedos
que tocan íntimas sustancias
Los movimientos del estar
nos preguntan qué ser.

                                     

MARINA TSVIETÁIEVA





















CUANDO MIRO LAS HOJAS CAER...
                                                                    
Cuando miro las hojas caer
y rodar sobre las piedras,
arrastradas —como por el pintor
que da en su cuadro la última pincelada—,

pienso que (ya a nadie le gusta
mi semblante, mi aspecto pensativo),
descaradamente oxidada y amarilla,
una hoja en la rama quedó olvidada.

                                              Octubre de 1936


                                              (Versión de Severo Sarduy,
                                               de la traducción de Lola Díaz;
                                               Hiperión, Madrid, 1996)


Когда я гляжу на летящие листья,
Слетающие на булыжный торец,
Сметаемые — как художника кистью,
Картину кончающего наконец,

Я думаю (уж никому не по нраву
Ни стан мой, ни весь мой задумчивый вид),
Что явственно желтый, решительно ржавый
Один такой лист на вершине — забыт.

                                                   20-е числа октября 1936


Marina Tsvietáieva. Poeta rusa (Moscú, 1892 –Yelábuga, 1941).
Creció en el seno de una familia acomodada. Precoz, publicó su
primera obra, Álbum vespertino, a los dieciocho años. Le siguieron
Linterna mágica, De dos libros, Verstas, El campamento de los cisnes
Y sus obras de madurez: Rey-doncella, Versos a Blok, La separación,
El oficio y Un espíritu prisionero, entre otras, que le convirtieron en
una de las cimas de la literatura de este siglo. Después de veinte años
de exilio regresó a Rusia, donde fue víctima de persecución por parte
del régimen estalinista: el marido fue fusilado, su hija y su hermana
deportadas a un campo de concentración. Tsvietáieva se suicidó a los
48 años, al comienzo de la invasión nazi a la Unión Soviética.

EVGENI EVTUCHENKO























MI PERUANA


En la hora en que mueren los periódicos
y se convierten en basura nocturna,
en la hora en que un perro con su galleta entre los dientes
se detiene y vigila suspicaz cada uno de mis pasos,
en la hora en que resucitan todos los instintos bajos,
los instintos que se esconden hipócritamente durante el día,
en la hora en que los taxistas
me gritan: "Eh gringo,
¿quieres una peruanita? Es chocolate caliente",
en la hora en que el correo duerme
y sólo el corazón del telégrafo palpita,
en la hora en que un campesino envuelto en su poncho
cabecea apoyado en la estatua del héroe,
desconocido para él,
en la hora en que las prostitutas y las musas
se quitan el maquillaje de sus rostros,
en la hora en que pudieran estar casi listos los titulares de mañana:

"Ha estallado la Tercera Guerra Mundial",
en la hora en que todo está visible e invisible,
no vengo de casa de alguien, ni voy a casa de nadie,
paseo cansado, solitario como un perro vagabundo,
por las calles parecidas a cementerios de noticias.
La calle está cubierta de salivazos y cáscaras de naranjas,
la calle huele a orines como el baño de un estadio.
Pero párate y mira:
algo vivo conserva su forma humana
bajo la manta hecha de los periódicos muertos,
por aquí frente a una tienda de suvenires,
sin culpar a nadie por nada,
una vieja indígena ha hecho para si misma un poncho,
poncho de las sensaciones del día anterior.
La india se vio envuelta en los escándalos e intrigas,
en los sobornos, partidos de fútbol, las lágrimas de Beirut
bajo las famosas piernas de las modelos inglesas
aparecen sus pies descalzos
autos de lujo, submarinos, cohetes,
la aplastaron contra el asfalto,
carreras de caballos, yates, stip-teases, banquetes,
todo eso agobió la espalda de la campesina.
Y la llama blanca desde la vitrina
está viendo con dolor mudo
cómo en el pecho de esta vieja
aparece la sangre humeante
de El Salvador.
En medio de este mercado mundial sin vergüenza,
ella misma se ve como una llama perseguida,
esta inca anciana, la madre sufrida de la humanidad,
está doblada por las falsedades,
está aplastada por el tatuaje de los titulares,
pero parece una escultura,
la escultura de la verdad bajo un montón de mentiras.
¡Oh, llama blanca de la vitrina!
Apriétate a su pecho cansado,
libérala de esta basura dorada,
y llévatela a su Sierra Negra natal.
Yo, representante de un Estado tan poderoso,
inclino Silencioso mi cabeza como un niño perdido
frente a este rostro sufrido,
este rostro cobrizo con trincheras de arrugas.
Dentro de esta vieja se esconde salvajemente
respirando en secreto,
el Estado más poderoso del mundo:
el alma humana.
"¿Quieres una peruanita, gringo?".
Los taxistas me silban de nuevo,
pero yo me quedo inmóvil, casi petrificado,
yo no puedo explicar a los taxistas
que ya he encontrado a mi peruana.


                                    (Para La Nación, Bs.As., 1984
                                    Escrito en español por el autor)


Evgueni Evtuchenko (U.R.S.S., Zima, Siberia en 1933)


MARK STRAND





Yo fui un explorador polar


Yo fui un explorador polar cuando era joven
y me pasé incontables días con sus noches congelándome
en un lugar vacío tras de otro. 
Finalmente, abandoné mis viajes y me quedé en mi casa,
y allí creció dentro de mi un repentino exceso de deseo,
como si una corriente muy brillante de luz, como ésas que se ven
adentro de un diamante, me estuviera atravesando.
Llené una página tras otra con imágenes de lo que había presenciado:
océanos gimientes de témpanos, glaciares gigantescos, y el blanco
golpeado por el viento de los icebergs. 
Después, sin nada más para decir, paré
y puse mi atención en lo que estaba ahí cerca. 
Casi a una misma vez,
un hombre que vestía un sobretodo oscuro y sombrero de ala ancha
apareció debajo de los árboles enfrente de mi casa.
La forma en que miraba hacia delante, y cómo se paraba,
sin distribuir su peso, con los brazos colgándole
a un costado, me dieron la impresión de que lo conocía.
Pero tan pronto levanté la mano para hacerle un saludo,
dio un paso atrás y luego se dio vuelta, y empezó a desvanecerse
como se desvanece el ansia hasta que ya no queda nada de ella.

                       
                                          Traducción: Ezequiel Zaidemwerg




ANAHÍ MALLOL



SELECCIÓN DEL LIBRO “OLEO SOBRE LIENZO”














- 1 -

No hay nadie.
Escucho
emisiones de radio
en todos los idiomas.
El aire se enfría
en el jardín
de Rebecca Wilson                                                       
que de niña soñaba
con una casita
en medio del bosque.
Tormentas en el sol.
Desierto de nieve
que enseña
sutilezas del color.
Mantenerse vivo
al norte
del círculo polar:
un ejercicio
ininterrumpido
de la voz y del oído.
Mi pie vira
(él también)
del rosa hacia el blanco.
Temprana lividez de la carne.
Algo puede suceder.
Algo
como un ojo
de agua escondida:
¿hundirse o imitar
el aullido
de los machos en celo?
Dejo correr
la sangre del alce
sobre la nieve
para que torne
del blanco
hacia el rosado.
Seis meses dura
la noche ártica.
Pero no importa:
también puedo
congelarme hasta morir
a pleno sol.
Una ráfaga
de aire helado
un golpe de luz
en las pupilas dilatadas
voy a tener que tomar coraje
y amputar,
uno a uno,
los dedos
más opacos
de mi cuerpo.


- 2 -

Como si se tratara
de un libro de viajes,
de piratas o aventuras,
un ciego recorre
los desiertos de Utah
mientras se desliza
sobre las aguas
de la bahía de New York.
La cara
levantada
hacia el sol
gime suavemente
para sí.
Si no voy al Oeste
nunca sabré
qué es el espacio,
enfrentarse
al tamaño de las cosas
cuando la fuerza de la luz
golpea el ojo.
Una frazada a cuadros
abriga las piernas
demasiado delgadas.
No saben caminar.
Los ojos conservan
como un residuo
el movimiento.
Rememora otros libros
y estira las manos
como buscando algo.
Un sitio
solo
en la tierra
que se parezca a la luna,
tierra-piel agrietada
con gusto a sal.
Habrá que esperar
un tiempo más.
Hay cosas
que sólo Dios
y los indios
han visto.


- 5 -

Se va más lejos
con diecisiete años
y ese vientre
alimentado
sólo a arroz
y a agua de río
amarillo
calva
a la intemperie
no mira hacia arriba
ni siquiera
hacia adelante
sola
en la luz crepuscular
en un paisaje
de arrozales
o en Calcuta
expulsada
por la madre
por el vientre
(una condena
o una profecía:
con esta hija
nadie la querrá)
camina
como si fuera
hacia el Norte
o hacia algún lado
o arranca
con ambas manos
sus mechones.
No le tiene miedo al sol.
A veces pide
aunque aquí
ya nadie
hable camboyano.


- 6 -

Camina o cabalga
las colinas azules
del este de Africa
la cabeza desnuda
bajo el sol de la tarde
el cielo entero
un escudo
de intemperie
después de las lluvias
la hierba crece
alta
en colinas y praderas
en ese verde nuevo
busca
una extensión
de tierra no ocupada
un punto
desde donde
el azul
neblinoso a veces
del Kilimanjaro
recorte las pisadas
de las presas
que ninguna mirada
puede atrapar
en movimiento constante
cuando el mundo no parece
ya
ese lugar peligroso
el atardecer
se extiende hacia el fondo
como un turbante
de seda
de hermosos colores
encuentra
el sitio exacto
come una naranja
dueña, ahora sí.
de las tierras altas,
se queda
uno a una
absortos
la mujer
el paisaje
bajo el cielo
protector
de Africa.





- 8 –

De cara al sol
erguido
en una esquina
cuando el calor de septiembre
no es
ni siquiera una promesa
busca en el pastito
junto a las vías
una flor
de pétalos azules
todavía
no marchita.
Ya no sabe
si es que
no ve bien
(cinco dioptrías
de miopía
en cada ojo
una marca
en el orillo
una condena)
pero los contornos
de las cosas
se han vuelto difusos
como en una
foto vieja
o mal sacada.
Se aprieta
con fuerza
los párpados
y observa
las manchitas
de colores.
Acaso
de eso se tratara:
los colores
lo fluo
pero nunca
el sol de frente.
Ahora es tarde
y la ceguera
hace arder
los bordes
de ese mediodía.
Setenta años
sin ver el sol
y ahora
tiene la vista
cansada
los ojos
agrisados
igual a esa mujer
que en una foto
en sepia
mira de frente
al espectador
las manos cruzadas
sobre el regazo
el collar de perlas
dos vueltas
pegadas a la garganta
como una soga de ahorque
¿se dice estéril
de un vientre
que pare
hermanos suicidas?
No hay viento.
El sol permanece.
La foto se borra.
Tiene la vista
demasiado cansada.


- 9 -

Congelado
el río de este invierno
casi polar.
El color blanco
cuando es el hielo
quien lo produce
(una refracción
exacta de la luz
en las pupilas
asombradas)
es
el que más daña.
Hay que entornar los ojos
si lo que se quiere
es avanzar
por esa superficie
helada.
Los pies se cansan.
La otra orilla
está siempre
demasiado lejos
distante
la ribera izquierda
la de las lilas
y otras flores
encarnadas.
Alguien pregunta:
¿es asesino
o salva
el impromptu arrasador
del ojo
de agua?


- 11-

Con saltos
increíbles y flotantes
como los saltos
ingrávidos
de los pasajeros
en la luna
como los pasos
de los sueños
ligeros
un rebaño de impalas,
una fuga
desordenada y salvaje
como Africa
en la mirada
de un hombre solo
tumbado en su cama.
El proverbio somalí
resuena
como una sentencia:
el triple temor del león
cuando se ve
por primera vez
su rastro
cuando se oye
su rugido
cuando se está
frente a él.
¿Saldremos
a cazar
ese león?
Irrita
oír rugir
a ese animal
cuando no hay luz
todavía
y las aves de presa
trazan círculos
en el aire
en la ribera
opuesta del río.
Un león
ahí
en Africa
casi de perfil
la cabeza
levantada
y vuelta hacia mí
los ojos fijos
el estampido seco
el golpe sólido
de una bala
de 150 gramos
entre los omóplatos.
Sentir
como un viejo
las patas pesadas
buscar refugio
en las hierbas altas
la boca llena
de una sangre
caliente y espumosa
ocultarse
aplastado contra el suelo
más allá
de los árboles de la ribera
dejar que el cuerpo
se vaya agotando
las garras hundidas
en la tierra blanda
la vida concentrada
como una vibración
gutural y ascendente
contemplar
la cima cuadrada
del Kilimanjaro
ancha
como el mundo entero
gigantesca
alta
increíblemente blanca
bajo el sol
de una Africa
no conquistada.



Publiqué Postdata, 1998, Polaroid, 2001(1er Premio  Concurso
“Año 2000: Memoria histórica de la violencia en América La
tina y el Caribe”), Oleo sobre lienzo, 2004 y un libro de ensayos 
sobre poetas argentinos, El poema y su doble, Simurg, 2003 (que 
obtuvo el Subsidio a la creación de la Fundación Antorchas). Zoo,
que obtuvo la primera mención del Fondo Nacional de las Artes, 
está en prensa. Escribo reseñasporque me gusta hablar de los 
libros que me gustan. Doy talleres de poesía.