domingo, 27 de mayo de 2012

NICOLÁS OLIVARI






Antiguo almacén "A la ciudad de Génova"


Antiguo almacén “A la ciudad de Génova”
de Cangallo y Ombú.
Tu recuerdo se viene en pareja
con el recuerdo de mi lejana infancia
mientras un cuarteador criollo,
—malevo y picaflor—
cuarteaba la “cucaracha” que iba hasta Boedo y Europa
o sea: el fin del mundo.
Y cuando el General Don Julio Argentino Roca, en coche,
inauguró la máxima cloaca
que en su entraña Cangallo encierra.
Te recuerdo en las vueltas de coperío
de tu coro de borrachos,
apilados al estaño de tus mostradores
donde, en una losa, triste como mi infancia,
—verdinegra de codos y de malas palabras—
había estas cuartetas:
“Mi padre por fiar
en herencia me dejó
el deber de trabajar
desde el día que murió.
Si las Casas Introductoras
me fiaran las cuentitas
yo también a mis amigos
les fiaría las copitas…”
(¿Dónde estás, François Villon, linghera o atorrante
que a tu inspiración libraste un alcohólico instante?)
Te recuerdo, Cangallo y Ombú.
esponjada en mi memoria en la fiebre de mis muchos males,
porque yo estaba siempre enfermo,
—los umbrales de Cangallo han recogido todas mis fiebres—
mis ardores de lagarto acurrucado al buen sol del 905,
sol que fue mejor que el del Centenario para mis raquíticos huesos…
Te recuerdo, Cangallo y Ombú:
¡Mi madre era entonces tan joven y tan bella!
—La más hermosa de todas las mujeres—.
Me acunaba con “La Morocha”.
Fue esta canción la primer palabra argentina que escuché en el dulce dialecto de su boca:
“—Yo soy la morocha,
la más agraciada…”
¡Cangallo y Ombú!
si sos toda la urbe del recuerdo,
si estás reventando de nostalgia,
como reventaban los claveles tras la oreja del malevo Julio,
el que mató al cabito Ibáñez. Como reventaban los balazos
en el atrio de Balvanera en las bravas elecciones nacionalistas,
cuando los Vázquez, con su botín elástico
y su bolsillo hinchado de patacones
remataban libretas en el comité de la vuelta,
donde yo acudía con los ojos agrandados por el espanto electoral,
llevado de la mano por mi tío,
el dueño del “Antiguo almacén de Génova”
que, imperturbable y gubernista,
vendía la caña de durazno al comité...
El entierro del General Mitre
preludió las primeras manifestaciones socialistas,
y el coro de La Internacional
—exótica, cosmopolita y bárbara
como una gárgara de grapa—.
Cangallo y Ombú,
yo he visto que por tu esquina desfilan las sombras desfondadas
a puñaladas,
con un boquete en el pecho, y en la frente una greña aceitada…
Los malevos, los italianos, buenos y borrachos
de mis recuerdos.
Miquelín, grande como una estatua,
que se iba a la cosecha y volvía rico dos semanas
—apenas para pagar la vuelta a todo el barrio—.
Hasta que le duraba la plata cantaba,
cantaba las lejanas canciones milanesas de su tierra
y hombreaba recuerdos como hombreando cereal…
Pero cuando era inútil pedir fiado
comenzaba a hablar mal.
Tenía el vino malo y maldecía a la Virgen, Nuestra Señora,
con feroces palabras que deglutía mi avidez porteña.
Trémolos compadrones de cuarteadores
y cinchadas de vascos lecheros junto al boliche.
Figuritas de cigarrillos Vuelta Abajo
y puchos de Brasil.
En esta mezcla gateó mi infancia
y desde allí me vino este amor tan grande que te tengo,
¡Buenos Aires!
Buenos Aires, loma del diablo, Buenos Aires, patria del mundo,
Buenos Aires ancha y larga y grande,
como aquella primer palabra en argentino que le oí a mi madre:
“Yo soy la morocha,
la más agraciada…”
¡Buenos Aires morocha de río, de hierro y de asfalto!
¡Buenos Aires! ¡Seguís siendo la más agraciada de todas las poblaciones!


                                                     De el libro El gato escaldado, 1929.


ver artículo sobre NO en vocesquenoolvidamos.blogspot.com.ar

ANÍBAL CRISTOBO


Anibal cristobo.png





















CIELO DEL SIAMÉS

Escondido en las mantas, hablo
con el siamés; "siamés, vamos a Nuevo
México, quiero ver cómo se arruina
el óxido en el sol, y el
desierto de días, un
cactus". Cada uno de nosotros

lleva el rozar de sus piedras
en la mano, compara
el método de sus mejillas en la isla del miedo. Yo

soy así, y también
puedo ser como vos, fracasar
al morder una
pera, o cualquier
galletita. Siamés, llévame lejos, contame

en el oído cuál es tu posición
en este cielo blanco
del navío; y del hablar, decime
cada repetición de
tus palabras, adónde te
conducen.

                         (De: Krill, tsé=tsé, 2002)



Jonestown 1978


Todos se han ido; vestidos
para el amor: en la foto, Alan
y Keasey, y los
otros, atrás, esperando; el ticket

en la mano —raro, como una
sombra china— y ese
viento

con sus golpecitos de hockey
contra los vasos plásticos: quién

era aquel muchacho, sentado
en la escalera, dibujando
un cangrejo, un bicho muerto

y fumando, con el brazo
vendado?

Más tarde, junto
al muelle: "la poesía no es
todo; está
la fuga, el hielo, están
los árboles en llamas".

                              (De: Krill, tsé=tsé, 2002)


AC(Buenos Aires, 1971). Entre 1996 y 2001 vivió en Río de Janeiro
donde publicó Teste da Iguana (Ed. Sette Letras, 1997) y jet-lag (Ed. 
Moby Dick, 2002), este último con colaboraciones de Andi Nachon, 
Carlito Azevedo, Mariana Bustelo, Marilia Garcia y ná Kar Elliff-ce.
En 2002 publicó krill(Ed. Tsé-Tsé). Actualmente reside en Barcelona.
En 2005 publicó “Miniaturas Kinéticas”(Ed. Cosac&Naify, São Paulo),
libro que reúne su obra poética editada hasta el momento.

LEONARDO MARTINEZ






















 LÁMPARAS
Mi hermano juega con sus lámparas Miller
No sabe si las ama o las odia
Siente un escozor extraño al tocarlas
Las mantiene como hace un siglo
lo hicieran por necesidad nuestros abuelos
Las mechas suben y bajan perfectas
El niquelado brilla
Los tubos sin señales de hollín y transparentes
y de querosén repletos los depósitos
Cuando las enciende en las noches del invierno
la luz y un calorcito suave
sostienen el fantasma de los mundos idos
Mi hermano vive por amor y odio a sus lámparas
Esta dependencia lo agobia
No encuentra fórmula para desterrar
el hechizo de la luz
Sin embargo se estremece ante la noche

                                 a Gustavo Adolfo Erdmann de Saint-Semméra
  
        (De los ojos de lo fugaz)



MAESTROS Y AMIGOS

Simple
sin la vestidura con la que te enmascarabas
tu afecto era una gran mano tibia
sobre mi hombro
¿izquierdo o derecho?
no lo recuerdo pues dormía
y tu voz apenas audible
vibraba desde el polvo frío.

Consumido de ansias mal roídas
tu gato sobrevive
Se arrastra por los tejados y alcantarillas
de la rué Raymond Losserand
y como una voluta de humo desaparece
en la casa de los solitarios
buscándote en las noches calurosas
cuando las ventanas están abiertas
al claror del plenilunio
La música que escribiste
así como la que nunca escribiste
deambulan
y se enclaustran con el gato
en el alma de ese viejo
que sirve licor y masitas
a invisibles visitantes
mientras un nuevo sacerdote
crispado
proclama las normativas al uso
los despojos de las hilachas
de los sagrados afectos del corazón

En medio del trajín de los muertos
y de los sonidos de una orquesta selvática
que desencadena aluviones con su brisa
escucho a los amigos
cercanos o ausentes
que se descuelgan a cualquier hora
y vienen a verme enteros
Están en mí
como fragmentos del rompecabezas
de algo insostenible y cierto
llamado eternidad
Joaquín me hace guiños
Su aposento de Campo Quijano
tiene un telescopio
que le permite viajar hasta los ángeles más remotos
Dice que la verdad se oculta
tras máscaras numerosas como las estrellas
No importa
agrega
en la vocinglería de lo múltiple
hay sitio de sobra para todos.

Cada uno tiene un lugar
para su muerte
nido hecho con los brazos
de los que nos amaron 
Nos acunan y arropan 
y repican el ensalmo
Entregarnos
Entregarnos a la tierra
que desde la honda zanja de su vientre
nos imanta
Entregarnos
Entregarnos y extender los brazos
con los ojos dormidos

                                  a Joaquín Giannuzzi y Adolfo Mindlin

    de: Las tierras naturales, Del Dock, 2007


Leonardo Martinez Catamarca, Argentina, 1937). Poeta.


ALEJANDRO RUBIO





PERSONAJES HABLÁNDOLE A LA PARED

La casa abierta, el aire
con olor a repollo hervido. Si me dieran un peso
por cada uno de los días que pasé
esperando en un cuarto de hotel...
No todos fueron así, pero así
se me aparecen: quemaduras en el borde de la mesa, la sombra
de la silla en la pared, mirar tranquilo
las motas de polvo de espaldas
a la ventana: y un día igual, otro año,
te llama el chancho y te dice:
Heredia,
Heredia, usted es gardel.
Gracias por todo. Ahora vivo en una especie
de ático o altillo, tres por tres, casi nada me rodea.
Pocas visitas, cuando vienen
les sirvo mate o en su defecto café, hablan y me distrae
el temblor de la mano entre las piernas, una mancha
en la baldosa; pero lo que de verdad me inquieta
es la decadencia del oficio



VEO TAMBIÉN ROSTROS EMBOTADOS

Qué fue de la bicicleta nueva del niño pobre,
qué de los diques, los embalses,
los flujos dominados, orientados
que dejaban un claro en el centro
donde podíamos prender un fueguito
y contarnos historias de la miseria pretérita.
A veces salgo a caminar por mi suburbio
como si no viviera ahí y veo alucinado
detrás de una valla de chapas un limonero
que cada año da suficientes limones
para alejar la gripe, el resfrío y otros males
de la zona donde la madre cuece su bizcochuelo.
Veo también rostros embotados
con el rastro de un sueño en la comisura
de los párpados, alcohólico tal vez,
pero preñado de una justicia incomprensible,
mágica, como si el premio esperara
por cada uno en la puerta del juzgado o templo,
envuelto en papel de regalo, con moño y leyenda
alusiva a las crueldades padecidas.
Cuando se inclinan a pegar el tacazo
en el pool desangelado donde la cerveza
sale uno cincuenta, el Capital
les mete un dedo, suave
y profundo dedo del Capital,
hasta la garganta y atravesados
por el medio sus instintos
giran en torno a tal eje sin zafar
hacia la tierra prometida del interés propio.
Las tarotistas les muestran porvenires de caramelo
sin lucha ni fragor ni cárcel honorable;
pagan y se van con la nueva
de otro contrato por seis meses, de un posible
brote en el huerto polvoriento donde un malvón
alza solo su cabeza al sol semiescondido.
A veces fantaseo, con los adolescentes
que se insultan entre sí por costumbre,
con una música que acompase cada pie
en la marcha arcaica hacia la capital desdeñosa
y con fuego en Recoleta, con artistas de tevé
empalados que al Señor rueguen
por la continuidad de sus depósitos.

  
Alejandro Rubio: Poeta argentino, nacido en Buenos Aires, 
en 1967. Libros publicados: "Personajes hablándole a una 
pared"(1994), "Música mala" (1997), "Metal pesado" (1999), 
"Novela elegíaca en 4 tomos" (Vox, 2004). Fue uno de los 
directores del sitio www.poesia.com.

MARÍA DEL CARMEN COLOMBO






                                                                  de La Familia China


Como un árbol este abanico tiene un solo pie, pero
de varillas, y un país de papel que se despliega, lento
con dos manos.
      Florece en cada varilla una escena, muy fija y
finita, pintada con pelo de pincel. Entre una escena y
otra  la distancia es inmensa, porque tarda en llegar
la próxima varilla.
      Cuando la escena por venir parece que no viene,
los ojos humean de ansiedad, nublando el cristal con
que se mira; en el fondo sus arpones de pez desean
pescar cada una de las miniaturas, que huidizas se
escurren entre el papel de agua.
      El pinchazo de un ojo podría ser fatal para un
teclado tan liviano. Por suerte, entre el comienzo
y el final de este despliegue sólo transcurre media hora.
Tiempo suficiente durante el cual un semicírculo puede
alcanzar su personalidad verdadera, y en el instante
hacerse aire, como este  abanico.


**


En espacios reducidos es propio menguar, como la
luna y las mareas: la dirección del movimiento obedece
a la necesidad. Es favorable decrecer con rectitud,
orientados por el mapa nocturno que dibujan las tablas
de planchar, cuando doblan sus hojas y culminan firmes
en una reverencia.
       Los biombos se someten al dictado de los tiempos y
ceden, dóciles, las teclas de sus abanicos. Una escalera
devora su propio caracol, peldaño por peldaño.
       Algunos pensamientos ensobran sus intimidades
y se apilan, al igual que las sábanas, en prolijos acordeones.
Las mentes más realistas se ajustan tanto al pan pan y al
vino vino, que después se desparraman en otras dimensiones,
como la gente que vive apiñada en una pieza y sueña con la
amplitud del paraíso.


**


Cuando el ideal baja a la tierra, con la fuerza que derriba
las barricadas metafísicas, sus pies de niebla pequeña
sienten la alegría del descenso. Desnudos, como vinieron
al mundo, se hunden en la línea desafinada de los baches
y felices chapotean en el barro junto a otras flores del arroyo.
      A veces parecen margaritas diamantinas sembradas por
el sol. Otras veces brillan en el lodo como el aura abandonada
de algunos santos.


MCC(Buenos Aires, 1950). Poeta. Ha publicado La edad necesaria 
(1979); Blues del amasijo (1985); Blues del amasijo y otros poemas 
(1992, 1998); La muda encarnación (1993) y La familia china  (1999). 
Obtuvo numerosos premios.

Los textos de La familia china, fueron seleccionados para ser llevados 
escena durante el I y II Festivales de Teatro del Centro Cultural Ri
cardo Rojas, realizados en noviembre de 1999 y julio de 2000.

ENRIQUE SOLINAS






MAGNIFICAT


Hoy desperté y mi cuerpo
tenía olor a flores,
a perfume de orgasmo y alegría.

Los animales obedientes acompañaban
el transcurrir violento y ciudadano.
El tráfico en las calles se partía en dos
cada vez que deseaba cruzar
hacia la otra orilla.

Voces diversas escuché
y entendí todas las palabras del mundo.
Dos marcas rojas en mis manos
anunciaron la transformación.

“Soy santo”, me dije, “soy santo”.

“En el exceso de la muerte
        y la vida
está la redención.




Sparkly Darkly


Estrella negra,
luz del color del cielo.
Como quien hace el amor
hasta la muerte,
cantaré la oración
de los desesperados;
hasta que goce,
hasta que duela cantaré.

Es tiempo de palabras, de mentiras
lo suficientemente fuertes
para sobrevivir.

Es tiempo de silencio,
la otra forma de pedir perdón.
        



El Doble


Ese hombre que está sentado frente a mí
es apenas un reflejo
de lo que soy.
Tiene mi voz atrapada en su garganta
-y sé que es personal -
como si alguien lo hubiera autorizado
a dejarme mudo.
Transcurren sus días en mi contemplación.
Sabe más
de lo que yo comprendo.
Ese hombre que está sentado frente a mí
sonríe, acomoda su pelo
y espera a que me duerma de una buena vez
para ocupar mi historia.

Ahora
observo que se aleja, sin mortificaciones.
Ahora:
parte como quien regresa
  de un largo sueño.
Y es tan simple,
tan vacío de significación,
tan elegante, tranquilo y eficaz,
que da gusto verlo cada vez,
regresando hacia mí,
abriendo
          las puertas de la muerte.




Escribir


Torpe la voz, el viento
enuncia la palabra plural,
la conversación del solo.

A fracaso y verdad
se intenta
escribir sobre aquello
que no
cambiará el mundo.

A duda y obstinación.

Aquí,
los sustantivos duelen
como duelen los muertos
perdidos.

Si aquí,

al fin y al cabo,

el poema soy yo.




Darkish


Pinta, pinta, pinta,
las palabras que no
debemos decir.
Ya no hay tiempo,
sírvame
un poco de silencio
en la copa,
amigo mío,
un poco de sombra y luz;

sírvame
algo de soledad
que siempre sobra;

una casa de hierba
dentro del corazón;

un ramo de palabras
para no morir.




Bucólica


El olor de tu cuerpo, amigo mío,
me recuerda al color de la infancia.
Una pradera con demasiado sol
cuando no estoy triste,
cerca del río
en donde alguien dibuja mi ciudad.

Nada es tan importante ni inocente
como pensar en un día perfecto:
vaca y pasto,
los pájaros que nos sobrevuelan
como a San Francisco;
algunas flores,
sendero de amapolas;
el cielo quieto y azul,
como de utilería.

Sé que pronto ya no estarás aquí.
Todo es inmediato.
Sé que pronto
te ocultarás detrás del sol.

Disfrutemos ahora de este día,
que el mañana no es cierto.

Brillemos como el agua en la noche,
tan sólo para la memoria.




La patria


Triste canción, pequeña,
tan fugaz,
herida abierta a las ciudades,
pueblo,
               corazón sin rumbo.

Reina plateada de corona ausente,
sumergida en las aguas
que ocultan la razón.
La pastilla de la felicidad
es un barco que navega
el territorio mudo.

Todos los padres te golpean
y no piden perdón.
Todo tu cuerpo es un gran río
que cambia de discurso.

Y entre el asfalto y las estrellas y el desorden,
nos queda la canción:

callado sueño vacío
bajo el barro de la desesperanza.

Y nuestro rezo,
única y amordazada voz,

temblorosa,

                      desnuda.



Las tumbas


Titila la oscuridad como una lámpara
en mi cara dormida.
Pronto, pronto se abrirán las puertas para que huyan
las palomas del centro de mi cuerpo.
Tiembla todo
y en su temblor el viento negro avanza
para ocupar el bosque de la historia,
el territorio devastado de la soledad.
Tiembla todo
y en su temblor el viento negro nos muestra
el corazón vacío de la esperanza.

Pronto, pronto cerraré los frascos donde guardo
con pasión la memoria de los muertos.

Pronto, pronto:
cada cosa perderá su significado
y las palabras serán
barcos de luz
que se dirigen hacia la luz.




El Rostro de Dios


Esa mujer,
extendida hasta nunca debajo de la sábana
no muestra signos de respiración.
Apenas es el resto de una imagen,
el personaje principal en bastidores
no disponible para despedidas.
Hacia los costados,
sus brazos se alargan y tocan el infinito.
Las manos se apoyan en oriente y occidente
sin ganas ya,
          sin intención.

Descorro la sábana y al mismo tiempo
vuela una mosca como ninfa sorprendida.
He aquí la cuestión:
sus labios entreabiertos y la piel extraña
contrastan con el gesto de una sonrisa,
y el único signo de vitalidad
es la mosca
que ha bebido toda su respiración.

Si la mujer sonríe es porque sabe algo
que nunca terminó de decir.
Si la mujer sonríe
es porque nos ha engañado
y nunca sabremos el motivo.
Pasa el tiempo como la vida pasa,
como pasa lo bello y lo triste.
Luego la abrirán en dos
para saber la causa de su fallecimiento.
Luego,
su rostro cambiará y será otra,
alguien desconocido.

Ahora sé que éste es el rostro de Dios:
una mujer que se va y la mosca que sonríe,
compartiendo la misma despedida.
Tan sólo nos queda
cubrir el cuerpo de la desesperanza
y contemplar el aire de la noche,
fatal y divino.

                                           a mi madre, in memoriam


ES(Buenos Aires, 1969). Poeta, narrador, periodista y crìtico. En poesía
Signos Oscuros (1995), El Gruñido (1997), El Lugar del Principio (1998)
Jardín en Movimiento (2003) y Noche de San Juan (2008)
En narrativa publicó el libro de cuentos La muerte y su conversación(2007).