sábado, 1 de septiembre de 2012

RICARDO H. HERRERA


RICARDO H. HERRERA, EN TRASLASIERRA, CON SU HIJO CRISTOBAL
Y ALEJANDRO NICOTRA, HACIA 1978

























El poema parece una neblina


El poema parece una neblina
que aísla a cada cosa en su pasado.
En su pasado queda, abandonado,
como en un eco o un halo que ilumina,
el presente vivir. Y así fascina.
Condensado en sí mismo, el malogrado
fervor se transfigura en un osado
saber. ¿Qué importa la orfandad, la ruina?
En ese yermo que el dolor desola
lo inesperado da su testimonio:
el alma y la palabra en que ella empieza.
El guijarro pulido por la ola
y la vinosa hoja del otoño
guardan así, secreta, su belleza.



En el jardín


No se mueve una hoja en el jardín.
Un huracán de angustia
se adueña del vacío
que deja la promesa de la vida.
No se mueve una hoja en el jardín.
Un silencio de eternidad derruida
—como el amigo que no tengo—
me acompaña mientras camino solo.



Aunque ya nada espero, noche a noche


Aunque ya nada espero, noche a noche,
traída por los sueños sobrevive
la fuerza del pasado. Eso me basta;
me basta esa simiente. Si despierto,
la penumbra de oído virgiliano
atesora el acorde del paisaje
que nos tocó vivir: la sierra, el mar,
las aguas transparentes de un deseo
que siempre te fue fiel. Nazco otra vez.
Nace otra vez la forma del poema
que aprendí de las piedras y las albas.
Me aferro a ese espejismo de la luz
y arde el silencio, amor, en ese fuego.
Adiós. Ya el sueño llama al soñador.


Gracias por la imágen a eltrabajodelashoras.blogspot.com.ar