domingo, 2 de septiembre de 2012

OSVALDO PICARDO




Infinito

No existe un único y solo infinito.
Y es una contradicción en sí misma.

Los tamariscos retuercen sus troncos
hasta construir unas bóvedas bajas
dónde los pescadores encuentran
reparo para el asado.

El viento del mar los ha ido trabajando.
Esculpió con rigurosidades y tersuras
las paredes de los acantilados y enterró,
También, los restos arqueológicos
de costillares, botellas, latas...

Hasta ese lugar llegaron, los dos.

Y se dieron cuenta de que el vacío tiene forma.
En la barranca, sentados, juntos,
aquella tarde, vieron,
sobre el pozo enorme del océano,
a los barcos flotar y extenderse
en medio de un exceso de infinito.

Se dijeron algo sobre lo fácil de perderse
y recordaron las ballenas encalladas
y la torpe magnitud con que la orilla
deforma lo que no comprende ni quiere.

Tu cabeza ha descifrado, finalmente,
la creciente distancia de lo que perdemos:
has empezado a preguntar por qué estabas,
ahí, en ese lugar, adonde nunca se regresa.



Ballenas

                          Creíamos ver tan solo un animal cubierto por la arena:
                                        contemplábamos un planeta muerto
                                                                 "Balleine" de Paul Gadenne

Van para la Península de Valdés,
como todos los años. Y una mañana de sol,
en la costa, el fotógrafo del diario
las vuelve noticia.

Podés verlas, menos perdurables que en la foto,
apenas un momento, extranjeras,
sobre el hombro de la gente fascinada:

otra vez Moby Dick, otra vez Leviatán
llevados por esa calma liviana
del nadador obeso.

Sin mano alguna que las alcance
se destapan entre las olas y aparecen
saliendo en medio de la nada.

Te preguntás qué cosa en verdad
será ser una ballena.
Y aunque no es cuestión de palabras,

te hacen pensar en un cuento
que ellas viven,
y que nosotros apenas si contamos.



Realidad del viento

No es el silbo del bichofeo, tampoco
la bolsa que revolotea en el callejón.
Sin respuestas ni explicaciones, viene
vestido del olor del puerto
y de toda la alergia de los tilos. Viene...

Y chifla por los rincones y sobrevuela
con una cumbia de polvo sobre la mesa.
Toda tu agenda ha desparramado,
da vueltas las hojas como si algo leyera.

Las sílabas descompone en largas lluvias.
Habla. Pero su idioma no es el nuestro,
ni sus silencios... Has creído siempre
que al ser invisible era menos real
que el árbol donde embolsa gatos
o que las persianas en que teclea
su música mala...

Esta mañana, por el contrario,
lo real se ha volado junto con los techos
y sólo el viento existe y truena.

                                     
Osvaldo Picardo(Mar del Plata) es escritor y profesor de literatura.
Dirige la revista La Pecera lapecerarevista.blogspot.com.ar/ y la
Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Los poemas
son del libro “Pasiones de la línea” (Ed. en Danza, Bs.As.).