domingo, 2 de septiembre de 2012

MARK STRAND




Me va encantar el siglo veintiuno

La cena se enfriaba. Los invitados, con la expectativa 
de que los encuentros fuesen de la manera acostum
brada –rápidos, impersonales, azarosos–, estaban
tirados por los cuartos. Las papas estaban duras y las chauchas, blandas. La carne… No había carne. El sol 
de invierno había teñido de amarillo los olmos y las 
casas; los ciervos iban calle abajo como refugiados; 
y en la entrada, los gatos se estaban calentando 
sobre el capot de un auto. Un hombre, entonces,
vino y me dijo: “Aunque el pasado me encantaba, 
su oscuridad, su peso que nada nos enseña, su 
pérdida, su todo que no nos pide nada, me va a 
encantar aun más el siglo veintiuno,
porque en él veo a alguien en pantuflas y bata, 
pobre y de ojos marrones, que marcha por la nieve 
sin dejar detrás suyo ni siquiera una huella”.                                   
       “Ah”, dije yo, poniéndome el sombrero. 
“Ah”.


Poema incluido en el libro del mismo nombre 
(Ed. Gog y Magog), traducido por el poeta argentino Ezequiel Zaindenweg.


Mark Strand (Norteamérica, 1934), poeta, 
traductor y editor. Premio Pulitzer 1999.