sábado, 25 de agosto de 2012

TOMAS TRANSTRÖMER




BÁLTICOS


II

El viento sopla en el pinar. Un susurro pesado y ligero.
El Báltico susurra también en medio de la isla, en lo más profundo del bosque uno se encuentra en alta mar.
La vieja odiaba el susurro de los árboles.
La melancolía petrificaba su rostro cuando se 
levantaba el aire:
"Hay que pensar en los que están en alta mar."
Pero ella oía también otra cosa en el susurro, igual que yo, somos parientes.
(Vamos paseando juntos. Ella murió hace treinta años.)
Susurra sí y no, acuerdos y malentendidos.
Susurra tres hijos sanos, uno en el sanatorio y dos muertos.
La poderosa corriente que infunde vida en algunas llamas y apaga otras. Las circunstancias.
Susurra: Sálvame Dios mío, las aguas se me están metiendo en la vida.
Uno sigue andando un buen rato y escucha y llega entonces a un punto donde las fronteras se abren
o más bien donde todo se convierte en frontera. 
Un lugar abierto hundido en las tinieblas.
Las gentes salen en tropel de los edificios débilmente iluminados que lo rodean.
Murmullos.

Una nueva ráfaga de viento y el lugar vuelve a quedar desierto y silencioso.
Una nueva ráfaga de viento, trae un murmullo de otras costas.
Nos habla de guerra.
Nos habla de lugares donde los ciudadanos están sometidos a control,
donde las ideas se construyen con salidas de emergencia,
donde una conversación entre amigos se convierte realmente en una prueba de lo que significa la amistad.
Y cuando uno está en compañía de gentes que no 
conoce demasiado bien. Control. No estaría de más una cierta sinceridad pero entonces es indispensable no perder de vista eso que flota por el borde de la conversación: algo oscuro, una mancha oscura.
Algo que se puede colar de rondón y destruir todo. 
¡No lo pierdas de vista!
¿Con qué podríamos comprarlo? ¿Una mina?
No, sería demasiado concreto. Y quizá demasiado pacífico –porque en nuestras costas casi todas las historias de minas acaban bien, el terror limitado en el tiempo. (...)

              Traducción de Francisco J. Uriz 
              Poesía Sueca contemporánea. 
              Litoral.



ALLEGRO

Toco Haydn después de un día negro
y siento un sencillo calor en las manos.
Las teclas quieren. Golpean suaves martillos.
El tono es verde, vivaz y calmo.
El tono dice que hay libertad
y que alguien no paga impuesto al César.
Meto las manos en mis bolsillos Haydn
y finjo ser alguien que ve tranquilamente el mundo.
Izo la bandera Haydn -significa.
"No nos rendimos. Pero queremos paz".
La música es una casa de cristal en la ladera
donde vuelan las piedras,
donde las piedras ruedan.
Y ruedan las piedras y la atraviesan
pero cada ventana queda intacta.

                             Traducción de Roberto Mascaró.

De El cielo a medio hacer (1962), incluido en la 
antología Deshielo a mediodía(Editorial Nórdica).

                                           
TT(1931, Estocolmo), se licenció en Filosofía y 
Letras. Colaborador de la revista Upptakt. Su 
primer poemario (17 poemas, 1954), fue una 
sensación literaria que colocó al autor en un 
lugar privilegiado entre los poetas de su genera
ción.