viernes, 10 de agosto de 2012

SYLVIA PLATH


roja e inclinada


Amapolas en julio


Pequeñas amapolas, pequeñas llamas del infierno,
¿No hacen ustedes daño?

Ustedes refulgen. No puedo tocarlas.
Pongo mis manos en medio de las llamas. Nada se incendia

Y me agota mirarlas
Refulgiendo así, arrugadas y de rojo claro, como la piel
            de una boca.

Una boca recién sangrando.
¡Pequeñas y sangrientas faldas!

Hay humos que no puedo tocar.
¿Dónde están tus opiáceos, tus nauseabundas cápsulas?

Si pudiera sangrar, ¡o dormir! –
¡Si mi boca pudiera casarse con una herida como ésa!

O tus licores se filtraran hacia mí, en esta cápsula de vidrio,
Atenuándose y calmándose.


Pero sin colores. Sin colores.



             © Traducción de Juan Carlos Villavicencio