domingo, 12 de agosto de 2012

DENISE LEVERTOV




El gorrión gris se dirige al oído de la mente


En la lengua
japonesa del
ojo de la mente una
palabra de dos sílabas
habla
del fleco de lluvia
que pende del alero
y de las frondas
verde-grisáceas de
perejil silvestre.



Nuestros cuerpos


Nuestros cuerpos, todavía jóvenes bajo
la ansiedad grabada de nuestras
caras e inocentemente

más expresivos que las caras:
pezones, ombligo y vello púbico
forman en cualquier caso una

especie de cara: pensar
las sombras redondeadas en
los pechos, nalgas, pelotas,

lo relleno de mi vientre, lo
hueco de tu
ingle, como una constelación,

cómo se apoyan de la tierra al
alba en un gesto de
juego y

sabia compasión—
nada semejante
sucede
en los ojos o en las nostálgicas
bocas.
               Tengo

una línea o surco que me encanta
y baja por
mi cuerpo de esternón
a cintura. Habla de
impaciencia, de
distancia.

                    Tu larga espalda,
el color de la arena y
cómo se notan los huesos, dicen

lo que cielo tras el ocaso
casi blanco
sobre el bosque frondoso al que

los grajos vuelven dice.