sábado, 25 de agosto de 2012

CARLOS SCHILLING

Carlos Schilling


De "Confesiones impersonales"



Sepultaría el mar junto a tus huesos
si tuviera el poder de suprimir
los paisajes que viste en este mundo
cuando yo todavía no era nadie,
y construiría un muro entre tus ojos
y el cielo estrellado para darle
a tu mirada una lección de sombras;
sí, te quiero encerrada, enceguecida,
convertida a la fe que en mis deseos
se expresa y en mis actos se revela,
te quiero sin memoria, sin pasiones
extrañas, sin más vida que mi vida,
te quiero, ya sabías que te quiero,
y es justo que cambiaras tu apellido
por mi apellido y que tu nombre fuera
un tributo a mi nombre: nada tuyo
me pertenece menos que yo mismo
cuando escucho en tu boca mis palabras
y descubro mis gestos en tus gestos,
aunque ninguno pueda distinguir
quién es la luz y quién es el reflejo
en la figura que formamos juntos,
mitad hombre, mitad mujer, moneda
de dos caras y un único valor,
ahora que la arrojo, no a la fuente
de los enamorados, sino al aire
de esta noche que llega a nuestros cuerpos
desde el mar, mientras gira la moneda
sobre sí misma y tiembla su destello
fugaz contra el destello permanente
de las estrellas, antes de caer
a tus pies y mostrar que la fortuna
no se opone a la ley de gravedad.


**


Nadie me nombra fuera de esta casa,
ninguna voz pregunta qué me pasa,
qué busco, qué rechazo o qué pretendo
cuando muevo mi mano y no comprendo
a quién saludo, ni por qué saludo,
y me veo a mí mismo como un mudo
que trata de inventar otro lenguaje
con gestos y con muecas y con ruidos
y lo único que logro son chillidos,
porque cada palabra es un ultraje.
Nadie me nombra fuera de esta casa;
no son muchos tampoco los que saben
que en los sentidos de mi nombre caben
todos los nombres que el silencio arrasa,
y si el mundo parece un espejismo,
¿como podría ahora ser yo mismo
quien se reconociera en estas cosas?,
y si siempre me escupen en la cara
¿como podría ser yo quien rogara
que los muertos descansen en sus fosas?
Nadie me nombra fuera de esta casa,
y sólo el tiempo acepta los motivos
de la lluvia que cae y de la brasa
que brilla sin saber que estamos vivos;
sólo el tiempo, supongo, me desea
como al mar, todavía, me desea,
como al cielo y a todas las estrellas,
no por quitarme nada que haya en mí
ni para responderme qué hago aquí,
sino para alejarse de mis huellas...,
y antes de abrir las últimas botellas,
decir con una voz que me traspasa:
nadie te nombra fuera de mi casa.


**


Cuando duermo en la cama de mi hija,
no quiero que me miren sus muñecas
con esos ojos de retinas secas,
abiertos día y noche, como pozos
donde siempre parecen flotar trozos
de un mundo sumergido en otro mundo,
y no quiero saber si es más profundo
mi sueño que sus sueños de criaturas
extrañas a la vida, con figuras
que evocan a personas recordadas
a medias y a lejanos seres, hadas,
brujas y elfos, venidos de una tierra
que en sí misma subsiste y se encierra
y late sola bajo un sol negado
a todos; no, no quiero ser el lado
visible de esas formas invisibles,
cuando duermo en la cama de mi hija,
y noto que las dudas son posibles,
que crecen y se nutren de mis huesos
como una efermedad que ni los besos
de un ángel curarían: ¿por qué vivo,
y por qué vive en mí un fugitivo,
un hombre que no puede ser el padre
de nadie?; no, no quiero que me ladre
el perro de peluche, ni que el oso
de plástico me empuje hacia ese foso
de las últimas cosas, donde siento
que termina otra vez el mismo cuento,
y ninguna visión, ninguna cara
viene a llenar el hueco de mi cara,
porque todo es neblina, todo es grumo,
todo se desvanece como el humo,
cuando duermo en la cama de mi hija.


CS(Sunchales,1965), vive en Córdoba. 
Ha publicado en poesía "Mudo" (2001/ Visor)
(2004, Alción)"Formas de ver el mar" (2006/ 
Recovecos) y los relatos: "Dos variaciones" (1997
/ Alción), "Diana y Nadia" (1999/ Alción) y "¿Agua?" 
(2006/ La Creciente).